Crimen Perfecto en el pueblo de los infieles El 9 de marzo de 2005, Ángel Palacios caminaba por la lilliputiense localidad bonaerense de Dennehy cuando alguien lo obligó a arrodillarse y poner sus manos en los bolsillos. Instantes después le disparó un balazo en la cabeza a sangre fría. A fines de 2007 casi todos los medios de comunicación de la Argentina brindaron una cobertura descomunal a Dennehy llamándolo “el pueblo de los infieles”, porque según los jueces del tribunal penal a cargo del juicio oral por ese crimen, Dennehy se caracteriza por sus “francachelas” sexuales, como en un mitológico bosque griego, en el que “faunos” y “ninfas” rurales concretan clandestina u ostensiblemente sus encuentros amorosos. El Suplemento entrevistó al Dr. Hugo López Carribero, abogado defensor del único e inocente acusado del asesinato y al periodista Jorge Garber, quien actualmente está escribiendo un libro sobre este crimen, ya que se trata de una historia fascinante.
fTal como lo hiciera Truman Capote a finales de la década del 50, el periodista de investigación Jorge Garber se enteró por los diarios del crimen ocurrido en el pueblo de los infieles a mediados de diciembre de 2007. La noticia tuvo también repercusión nacional a través de revistas, radios, Internet y televisión. La mayoría de los medios hicieron hincapié en el aspecto sexual revelado en la sentencia. Pero casi ninguno reparó en que este crimen aún continúa impune, o en la extraordinaria labor del abogado co-defensor Dr. Hugo López Carribero, quien demostró que su defendido, Clemente Oscar Villegas, alias “el chabón”, fue injustamente acusado, sin ninguna prueba en su contra, debido a la corrupción e ineptitud policial, forense y judicial. Admirador de Capote, de la investigación que llevó a cabo y de su magistral novela A sangre fría, Jorge Garber presintió que detrás del sensacionalismo de las noticias que escandalizaron al país se escondía una gran historia, porque sus colegas sólo reparaban en la infidelidad masiva de ese “casco urbano” (porque Dennehy es tan pequeño que no alcanza la categoría de pueblo). Pero la historia es mucho más sombría y peligrosa que las picarescas aventuras sexuales de sus habitantes. Por eso decidió comenzar una investigación muy seria para escribir un libro. Luego de entrevistar al Dr. Hugo López Carribero, co-defensor de Clemente Villegas, Garber se enteró con asombro que desde el principio había algo muy extraño en este crimen. En una noche silenciosa y tranquila del verano de 2005, en una comunidad minúscula, que nunca superó los 200 habitantes, donde todos se conocen íntimamente y las calles son de tierra y tan cortas que ni siquiera tienen nombre… se cometió un asesinato a sangre fría, y lo más curioso es que nadie vio ni escuchó nada que ayudara a identificar al asesino. Algo inconcebible, ya que todos los que salen o ingresan al pequeño caserío son detectados inmediatamente por los vecinos. El asesinato fue caratulado como “Homicidio con alevosía”, puesto que la víctima, Angel Palacios, de 27 años, no pudo defenderse ya que tenía las manos en los bolsillos cuando la bala de calibre 22 perforó su cabeza. Jorge Garber aclaró que los señores Jueces del Tribunal en lo Criminal Nº 3 del Departamento Judicial Mercedes, Dres. Alejandro Caride, Eduardo D. Costía y Ricardo J. Marfía, el 10 de diciembre de 2007 en su sentencia del juicio oral, develaron al mundo todas estas irregularidades. Pero que los medios de comunicación sólo destacaron que para muchos de sus habitantes, Dennehy “era como un mitológico bosque griego en el que varios “faunos” y varias “ninfas” rurales concretaban clandestina u ostensiblemente sus encuentros amorosos, algunos fugaces y otros, más duraderos”. El Suplemento encontró a Jorge Garber cuando retiraba copias del voluminoso expediente de la investigación judicial y policial de los tribunales de Mercedes. Allí el periodista destacó textualmente algunos de los párrafos del veredicto firmado por los jueces: “…Un hermano del acusado, Néstor Fabián Palacios sólo dijo más de lo mismo, pues pintó el ámbito “Dennehyano” con pinceladas que exhibieron al villorio rural más acorde con una “casa de citas” que con un solar de nuestras pampas, acogedor de esforzados agricultores y ganaderos, tal como los describiera y 'radiografiara' antaño Ezequiel Martínez Estrada. Así, el testigo nombrado expresó que: '...mi hermano (el occiso)... tuvo problemas con Villegas porque él iba a la casa de las mujeres éstas (Lorena Valbuzzi, Ana Alcántara, etcétera, etcétera)... la mujer del 'Chabón' (Villegas) Lorena- tenía varios novios... iban mi hermano (Angel Enrique Palacios) y también Pedro Villegas...’ El mencionado Pedro Gregorio Villegas, tío del muerto, en la audiencia sólo añadió otro toque de pincel al cuadro del escenario pueblerino que se trata -por lo visto proclive a los 'amores piratas'- diciendo: ‘...yo a Palacios lo tenía trabajando con mi sobrino (el acusado)... eran muy amigos, tenían buenas relaciones... que yo sepa de alguna infidelidad... comentarios hay muchos ...yo, no vi nada’. Nada nuevo bajo el sol y seguimos en tinieblas sobre ¿quién mató a Palacios? Sandra Mariana Villegas, prima del finado, en la misma línea que el anterior dijo: '...del hecho no sé nada... sólo los comentarios en el pueblo... sino lo hubiese dicho... rumores de polleras, pero nada grave, nada concreto como para matar a una persona... ella (Lorena Valbuzzi) salía con varias personas, entre ellas el muerto...' Concluyó su testimonio con un tajante: '... (Lorena Valbuzzi)...con medio pueblo salía...'. Garber destacó especialmente que esta sentencia hay que leerla una y otra vez porque no tiene desperdicio, ya que los jueces apelaron a la ironía más descarnada, describiendo la escasez de valores morales de nuestra época: “Pero el broche de oro a la desfachatez y estulticia lo brindó la codiciada prenda Lorena Marcela Valbuzzi quien, lejos de presentarse y hablar sinceramente, no solamente por ser una de las pocas habitantes y vecina del pueblito en cuestión sino porque aparecía como la 'testigo estelar y de oro' pues es -nada menos- que la “acosada” mujer de Clemente Oscar Villegas y, para muchos, la piedra del escándalo, compareció ante las partes y el Tribunal, exhibiendo una teatral ajenidad y desorientación respecto de todo lo grave que ocurrió como si se tratara de un lejano maorí neozelandés convocado a un juicio penal en nuestro Departamento Judicial”. (Estas negritas fueron destacadas por Jorge Garber, el resto es original del fallo). “La mencionada Valbuzzi, al deponer y ser preguntada acerca de si tuvo una relación sentimental con Palacios, con un caradurismo -cada vez más frecuente en testigos de esta “postmodernidad” que ya ni siquiera transpiran cuando dicen la verdad a medias, la ocultan o en definitiva, y es lo mismo, mienten, expresó: “… ¡no..., no llegó hasta eso!...no había inconvenientes entre mi pareja (la víctima) y Palacios...”. Un testimonio que posteriormente se demostró como falso, porque sus infidelidades fueron comprobadas. Pero más allá de las aventuras sexuales e infidelidades de algunos de los miembros de la comunidad de Dennehy, algo que después de todo es normal y habitual en el mundo entero, lo más grave de este caso penal es que uno de los jueces planteó la total y absoluta falta de pruebas en la acusación. De tal gravedad fue el proceder de las autoridades a cargo de la investigación para incriminar al inocente Villegas, que unos de los jueces destacó que “…aparece a mis ya veteranos ojos como un verdadero “Manual sobre lo que no debe ser y hacerse en una Investigación Penal Preparatoria seria”. A través de su experiencia periodística, Jorge Garber destacó que Clemente Villegas fue muy afortunado al tener como defensor al experimentado penalista Dr. Hugo López Carribero junto a su colega, el Dr. Carlos Gómez Ibarlucea, porque si hubiera tenido a otros defensores probablemente ahora estaría en la cárcel, purgando de por vida un crimen que no cometió. Y para reafirmar este punto, Jorge Garber destacó este párrafo del veredicto de los jueces: “En nuestro caso concreto, el siempre tan exhaustivo como mesurado, señor Fiscal de Juicio, Dr. Luis Pisoni si bien es cierto que manifestó, al alegar, que sostenía y fundaba su acusación contra el encartado Villegas, no lo es menos que -con encomiable y digna sinceridad- también expresó que lo hacía aún sabiendo que “...no abundan las pruebas...”. Luego de ello, el respetable señor Co-Defensor Particular de Villegas, Dr. López Carribero, al concedérsele la palabra en igual oportunidad ritual previa al fin del debate (art. 368 del CPP), manifestó “...no sólo no abundan sino que no están las pruebas contra nuestro ahijado procesal...”. Jorge Garber ya empezó la investigación para su libro. Y viajará a Dennehy a fin de conocer ese lugar tan especial y entrevistar a sus habitantes. Mientras tanto, adelantó que ya pudo descubrir aspectos que harán que su libro sea sumamente interesante, ya que en la causa judicial de más de 1200 fojas encontró todo tipo de irregularidades, que van desde inadmisibles “orrores” de ortografía, nombres y apellidos de testigos y acusados escritos de todas las formas imaginables, hasta hechos procesales de mucha gravedad. Destaca, entre otras cosa, las actas donde varios policías aparecen como “testigos” de las declaraciones de testigos, ocultando su condición policial y presentándose como simples “empleados”. Asimismo, un funcionario policial se hizo pasar por fiscal, hay una declaración de un testigo que afirma que vio a dos personas sacando bolsos de una vivienda antes de ser allanada, una de la cuales es empleado municipal, una psicóloga y una asistente social que violaron el secreto profesional para acusar a Clemente Villegas, y muchos otros vicios procesales que realmente asustan en un estado de derecho. Clemente Oscar Villegas, de 32 años, estuvo a punto de pasar toda su vida preso debido a que a algunos funcionarios se les ocurrió inculparlo injustamente, quizás con el único propósito de justificar su sueldo y demostrar algún grado de profesionalismo. Jorge Garber afirma que fuentes oficiales aseguran que actualmente los 42 hombres en edad reproductiva de Dennehy son sospechosos del crimen que aún está sin resolver, agregando con una sonrisa ¿En esa comunidad machista a nadie se le ocurrió que el crimen lo podría haber cometido una mujer? El periodista sabe que en ese peculiar casco urbano, ubicado a unos 320 km de la Ciudad de Buenos Aires, todavía nadie rompió la muralla de silencio, porque seguramente en las circunstancias en que se cometió el crimen, alguien tiene que haber visto u oído algo más de lo que contó. Antes de despedirse, Jorge Garber dijo como al pasar, que: “un testigo afirmó que luego del asesinato de Palacios, varios habitantes de Dennehy, en la oscuridad de la noche, fueron hasta un canal de agua cercano a arrojar sus armas de fuego. Esto se supo cuando en un período de sequía, el nivel del agua bajó y unos chicos que fueron a pescar encontraron un revólver en el barro”. Debido a los hábitos sexuales de sus habitantes, muchos creen que Jorge Garber se divertirá bastante cuando visite Dennehy. Pero el periodista y escritor sabe, como Truman Capote cuando visitó Kansas, que su investigación puede resultar muy peligrosa. Porque alguien cometió un crimen perfecto en el pueblo de los infieles. Y todavía camina tranquilamente por sus calles. © |