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¿Qué es poesía? Dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía eres tú. Gustavo Adolfo Bécquer Leyendo esta famosa y hermosa cuartilla de uno de los poetas más grandes de la lengua española, el lector tiene que detenerse a pensar: “es hermosa pero, ¿es cierto? Definitivamente ¡NO! Si fuéramos a tomar las palabras de Bécquer literalmente, en una de estas noches de bohemia, donde nos reunimos presuntos poetas a leer nuestras obras, va a aparecer alguien poniendo en el escenario una muchacha preciosa, (preferentemente en “topless”) y va a declarar, ¡“este es mi poema”! Todavía no llegamos allí, pero estamos en camino. La haraganería, la incompetencia y el snobismo de los supuestos expertos han descartado todo el “oficio” en las artes. Mi querida academia de Bellas Artes de Buenos Aires, de la que me gradué bajo la tutela de Castagnino, Spillimbergo, Pacenza, Mendizábal, Martocq y Gramajo Gutierrez, es ahora un lugar en donde le dicen al estudiante: “pinte lo que sienta”. Conozco a quien tira bolas de pintura contra una tela y las deja chorrear, a ver qué sale. Y los snobs aplauden. Ocurre en todas las artes, menos en música, porque, claro, no se puede poner a un analfabeto, que nunca vio una nota, sentado delante de un piano de cola tan largo que no se ve el otro extremo, en el escenario del Colón, y decirle “tocanos un concierto”. Pero sí ocurre en la poesía. Al comienzo del siglo veinte don Miguel de Unamuno, (quien no era realmente un poeta sino un filósofo) escribió poemas como “Fe y Duda” y “El Cristo de Velázquez”, maravillosos en profundidad. El era un viejo cascarrabias e independiente y, para probarlo, quiero intercalar una anécdota que lo define. Estando exiliado en Francia, por la persecución del generalísimo Franco y su falange (los asesinos de Federico García Lorca), Unamuno enseñaba en la Universidad de La Sorbona. Un día tuvo una disertación sobre Shakespeare, a la cual acudió la crema intelectual de Francia, (Unamuno ya era un filósofo de fama mundial, sobrepasando a Kierkegaard y Kafka). Al comienzo de su discurso dijo Shakespeare, como se lee en castellano. Hubo un murmullo muy quedo de la audiencia, ante tan mala pronunciación. Cuando repitió la supuesta “gafe”, el murmullo fue más grande; y cuando lo hizo por tercera vez la audiencia se movió en sus asientos y el murmullo se hizo mayor. Don Miguel se detuvo y dijo: “como mi distinguido público conoce tan bien el idioma inglés, voy a continuar mi conferencia en ese lenguaje”. Y el 80% de la audiencia se quedó en ayunas. Unamuno, independiente como era, desechó la métrica clásica e incorporó su propia rima irregular. Así lo hicieron Neruda y Borges. Y después el diluvio. en tierra lejana tengo yo una hermana siempre en primavera mi llegada espera tras una ventana. y a la golondrina que en sus rejas trina dice con dulzura por aquella espina que arrancaste a cristo dime si le has visto cruzar la llanura el ave su queja lanza temerosa y en la tarde rosa bajo el sol se aleja ------------------------ acaso yo, errante, pase vacilante bajo tu ventana y sin conocerme mi pálida hermana preguntes al verme venir tan lejano dime peregrino ¿has visto a mi hermano por ese camino? Todos los aspirantes a poetas se dedicaron a escribir sin métrica y sin rima y los llamaron poemas, sin detenerse a pensar que las obras de aquellos genios tenían algo en común. Todos ellos, sin importar la falta de rima ni la métrica no ortodoxa, tenían ritmo. Que es una forma de métrica. Si un poema no tiene métrica ni rima pero tampoco tiene ritmo, deja de ser un poema para convertirse en prosa. Aunque se los trate de disfrazar en frases cortas y columnas largas, sigue siendo prosa. Prosa lírica, prosa poética, pero prosa al fin. Todo arte tiene su artesanía. Toda obra creativa requiere oficio. Aunque los snobs aplaudan un accidente, no hay obra de arte permanente sin conocimiento del oficio. Sin embargo, no es necesario ser esclavo de la cuartilla o el soneto. Si existe la inspiración, la inteligencia y el deseo de trabajar, es posible crear ritmos y métricas diferentes, como Don Francisco Villaespesa en su poema “La Hermana”: (sólo el principio y el final, porque es muy largo) ¡Que maravilla! Tiene un profundo sentimiento romántico, una rima perfecta y una métrica que es única. Pero lo más importante, como se comprende al leerlo despacio y con reverencia, es el increíble ritmo. Parece como un canto sin notas. ¡Cuanta belleza!, pero también ¡cuánto oficio! No hay caminos cortos ni atajos en la creación de una obra de arte. Para aquellos poetas en embrión, aprendices de críticos y futuros jurados, que se han enrolado en las filas del snobismo, les digo que si un poema tiene contenido, el hecho de que tenga también métrica y rima es un mérito adicional y no un demérito. Y para los que con persistencia y valentía reman, a veces infructuosamente, contra la corriente de la opinión de moda, para mantener viva la poesía clásica, quiero recordarles las palabras del inefable Esopo en su fábula “El oso, la mona y el cerdo”: Guarde para su regalo esta sentencia el autor si el sabio no aprueba es malo, si el necio aplaude es peor.
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