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Escrito por Walter Kaderabek
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domingo, 01 de junio de 2003 |
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Virtudes y miserias bajo el agua La ciudad de Santa Fe está bajo el agua. Su población sin comida, sin electricidad, sin abrigos ni comunicación con el resto del país. Cuando parecía que sólo hablábamos de una segunda vuelta entre Kirchner y Menem, el agua dijo presente. Afloró entonces la solidaridad que los argentinos tenemos, siempre que se producen desgracias de este tipo. Las imágenes de la televisión, elocuentes, dejaron el “pescado podrido” de la puja por el poder, para mostrar gente padeciendo pero también gente colaborando, estrechando su mano de ayuda. Localidades que orillan el Río Salado como Recreo, Nelson, Candioti, Llambi Campbell, Iriondo, Progreso, Esperanza, Santo Domingo y otras tantas, sufrieron anegamientos totales. Hubo pérdidas por 200 millones de dólares según el Comité de Emergencias. Se perdió la totalidad de los cultivos de maíz y soja, además de paralizar la industria lechera. ¿Razones de esta CATASTROFE NACIONAL? ¿La naturaleza misma? ¿El calentamiento global? ¿La falta de obras de infraestructura? Lo cierto es que nuestra gente padece, llora las víctimas y empieza a preguntarse como hará el gobierno que viene para conducir a un país con tantos problemas y tantas ventajas desaprovechadas. Varios países acercaron (acercan) su ayuda a través de las embajadas o de instituciones vinculadas social y culturalmente a la Argentina. Figuras del deporte y el espectáculo ofrecieron su colaboración con shows benéficos. Las miserias humanas, como la integridad de las personas, suelen aparecer en situaciones límite; se vieron bolsas de ayuda selladas con leyendas políticas de la campaña presidencial. Casi un insulto a la sociedad en su conjunto. Las últimas cifras oficiales revelan que hay unos 37 mil evacuados y casi igual cantidad de auto evacuados. Gran parte de ellos se alojan en 111 escuelas públicas y privadas. Dieciocho mil personas deberán vivir en carpas o centros de emergencia por seis meses. Desde la Secretaría de Promoción Comunitaria de Santa Fe se intenta liberar las escuelas para reiniciar el ciclo lectivo. Los edificios deben ser desinfectados, pintados y arreglados para albergar a los alumnos. Los santafecinos que perdieron todo, tras largos años de trabajo para construir sus casas, necesitarán de una ayuda prolongada. Cuando el agua se vaya, la crisis persistirá. Porque suele suceder que las cámaras de televisión se retiran junto con el agua y es en ese momento que los funcionarios olvidan con más impunidad. Ø
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