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Escrito por Fernando Garriga
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domingo, 01 de junio de 2003 |
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El ex presidente Duhalde terminó su presidencia como la empezó: imitando al famoso pato criollo “un paso, una cag...” ya que benefició con sendos indultos a dos asesinos como Gorriarán Merlo y Mohamed Seineldín. Y dijo que tomó la decisión “con convicción”. Reconoció que tuvo presiones de organismos de derechos humanos en el caso del líder del MTP. La pregunta que cabe hacernos es: ¿en dónde quedaron los derechos humanos de todas aquellas personas que murieron tanto en los levantamientos carapintadas como en los ataques guerrilleros? ¿O acaso estas personas no eran argentinas? ¿Qué se les dice a los familiares que perdieron a sus seres queridos o a aquellos como el comisario Re que perdió sus dos piernas y debe movilizarse en silla de ruedas? ¿Hasta cuándo esta casta de políticos cobardes seguirá desoyendo al verdadero pueblo, en lugar de escuchar a grupos corporativos que nada tienen que ver con el bien general? En otro párrafo de su alocución el ex presidente dijo: “entiendo que hablar de guerrilleros en Argentina o de militares insubordinados es parte de una pasado que tenemos que sepultar”. Lo que habría que hacerle entender es que el pasado no se sepulta, porque sepultándolo no se aprende de los errores y la verdadera pacificación del país no se realiza con indultos sino haciendo cumplir las leyes, o sea que el que mata debe ir preso y no por tener contactos políticos quedar libre graciosamente. Finalmente quiso explicar lo inexplicable diciendo que los que vendieron el país andan libres. O sea que según este criterio hay que soltar a todos los presos: (violadores, degenerados, ladrones, etc.) porque los que vendieron el país están libres. No es así como funciona un país que se precie, si queremos algún día ser una nación respetable, uno de los bastiones es que la justicia sea para todos y que los que asesinan, roban, estafan, violan estén presos. Mientras no sea así y haya gente con coronita, Argentina seguirá a la deriva. Ø
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