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-¿Viste? No sé qué ponerme, si la pollera negra de corte romano o la otra lisita. Lo que seguro no falta son los brillitos californianos con lunitas y estrellas, así les resulto inolvidable, porque esos brillitos se pegan por todos lados. El otro día, en el Viejo Correo, un milonguero salió con brillitos en toda la frente, eso le pasa por ser tan sopeti. Lucas está mejor, pensé. Salir y milonguear me hace tan bien que soy otra mina Adelgacé como diez kilos. Cuando regreso de orillar las pistas, de sacarle lustre a mis zapatos, de acomodar mis pies para que la música los lleve al movimiento del otro -que no sé ni quién es en realidad-, sino más bien, otro borgeano, que frente a mí y pegado, baila para él mismo su propio tango mistongo y vital. Es tan importante milonguear para mi corazón y para mis emociones, ¿cómo te explico? Me lleva siempre a meterme dentro mío y sacar lo mejor, lo más positivo, sin el melodrama que cantan los versos de esta realidad. ¿Cómo estuvo anoche? ¡Pero ni te imaginás! ¡No faltó nadie! Que pena que no viniste, me senté en la mesa de los pares sueltos, o sea todas las minas solaris, frente a nosotras: los milongueros, mirando y fumando. Estaban los canyengues, y los de salón, los que te bailan hasta dixieland y jazz, hasta ese gordito. No se si te acordás, el que después del último compás, te dice: -¡No por Dios, no por Dios, que no termine! y al final de la tanda y como en secreto, te regala un caramelo. ¡Ay!, ¡¿viste, qué amor?! Estaba el que siempre va de negro y después de la segunda tanda te manda: -Me encanta estar en tus brazos y sentir tu cuerpo apilado al mío. Claro después de ese comentario ya andás mirando para otro lado cuando te cabecea. También estaba el pibito Cabeza de Huevo que siempre te pisa y hace los pasos gigantes. No hay vuelta, se le nota que es de Academia en vez de ser de la Pista. Los de la mesa con champagne y los de la mesa de las cervezas Quilmes. Por supu no faltó Chaicovski con sus pausas de Carne Trémula de Almodóvar. En fin, lunes con los viejos milongueros en lo de Celia, martes Porteño y Bailarín, miércoles La Nacional, jueves Niño Bien, viernes Viejo Correo y luego Salón Canning, sábados el Tasso y luego El Beso y el domingo La Viruta. ¿Qué? ¿Lucas? Te dije, todo bien; es el hermano más hinchón que conozco, ya no nos peleamos como antes, o sea, ya no nos vemos como antes, cuando él duerme yo milongueo, en tangueriles abrazos. ¿Sabés? Nunca pensé que el tango iba lograr tantas cosas buenas para convertir nuestra fraterna filiación en una pista pa´que bailen los chochamus. Ø
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