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“No nos une el amor, sino el espanto Será por eso que la quiero tanto” Jorge Luis Borges, Poema “Buenos Aires” En su decidido afán por implementar una forma ética de hacer política, el candidato más votado en la ciudad de Buenos Aires, Ricardo López Murphy, integró su equipo con el movimiento Unión por Todos, que lidera Patricia Bullrich, y apoya una fórmula explosiva: Bullrich - Manfroni, que es sinónimo de capacidad de gestión y lucha contra la corrupción. Para bien de todos los porteños, parecen levantarse nuevos aires para Buenos Aires. Con chicos revolviendo basura en busca de papeles y cartones, calles en estado lamentable, inseguridad por doquier y a toda hora, indigentes sin techo pululando por plazas y paseos públicos, Buenos Aires ha llegado a un estado de degradación realmente doloroso. Ha perdido su brillo, ese porte de “Reina del Plata”, esa condición de “Faro de la Cultura” que iluminó a sucesivas generaciones y que la hizo puerto de recalada internacional y orgullo del mundo hispano parlante. Muy atrás quedó ese profundo valor de ciudad emblemática, ubicada entre las diez o quince primeras ciudades del mundo. Ante la inminencia de las próximas elecciones por la Jefatura de Gobierno de la ciudad capital de los argentinos (el 24 de agosto próximo), el poder del dinero está tratando -con aparente éxito- de instalar como alternativas de gobierno a los dos responsables más representativos del por qué Buenos Aires está como está. El sospechoso dinero de Macri y el dinero de los contribuyentes que maneja Ibarra, trabajan en la construcción mediática de la polarización electoral, tratando de reeditar las elecciones nacionales. Ibarra, que cuenta con el contradictorio e incomprensible apoyo de Kirchner; y Macri que no puede despegarse de su infraestructura grossista y menemista. ¿Por qué digo “sospechoso” dinero de Macri? ¿Por qué digo el contradictorio apoyo de Kirchner? Vayamos por partes: La telaraña “macrista” - Aristóteles Sócrates Onassis decía, con conocimiento de causa, que “No existe fortuna cuantiosa en el mundo que admita y salga indemne de una seria investigación”. - La forma en que hizo diferencias de caja la “patria contratista”, ya es harto conocida: un grupo de empresas que se asocia para presentarse a una licitación pública, cada una por separado, pero acordando previamente quién cotizará más bajo para ganar, pero licitando todas a un valor sensiblemente superior al verdadero costo de la obra. (Digamos por ejemplo, dos o tres veces). Quien hace la obra tiene su ganancia lógica, y el “excedente” se reparte entre los miembros del “club de empresas” y algún o algunos gobernantes corruptos de turno que participaron del “armado” de la licitación, y que utilizarán ese dinero mal habido para engrosar su propio bolsillo, y para financiar futuras campañas electorales. Obviamente, el “excedente” proviene de pagar (léase los ciudadanos) una obra pública dos o tres veces más caro su valor. Con lo que cuesta hacer dos rutas, se hace una sola. Si bien ahora el grupo Macri está tratando supuestamente de “desaparecer” de la ciudad vendiendo sus participaciones en la misma, sabemos que en los últimos tiempos la presencia de los negocios de la familia Macri en Buenos Aires, se ha dado en todos los flancos posibles: A) 40% de la emisión de facturas de Rentas y de Alumbrado, Barrido y Limpieza, y también el control fotográfico de vehículos. B) Participación en la empresa Sistemas Catastrales (junto a Techint y Siemens), para la fiscalización de las obras en construcción en la ciudad. C) 100% del cobro de impuestos a través de la empresa SEPSA- Pago Fácil (100% de Macri) D) - Licitación por reservorios acuíferos y licitación por obra de la Casa Cuna, a cargo de la empresa IECSA (100% de Macri) Carlos Grosso, aquél que dijo en un rapto de sinceramiento al asumir como integrante del equipo del efímero presidente Rodríguez Saa “Me eligieron por mi inteligencia, no por mi prontuario”, fue en su momento funcionario de SOCMA, la empresa de los Macri. Grosso es nombrado intendente de Buenos Aires por Menem. De más está decir de los negociados del ex Consejo Deliberante porteño y de lo que fue la gestión Grosso. Baste citar una tristemente célebre sesión del Consejo que en la madrugada de un 28 de diciembre (Día de los Santos Inocentes), aprobó la construcción de numerosos edificios de gran porte en Belgrano, haciendo caso omiso a las precisas reglamentaciones en contra, emanadas del Código de Planeamiento Urbano. Otro de los funcionarios de Grosso de esa época, a cargo de la Subsecretaría de Mantenimiento de Servicios, era Luis Schiavi. ¿Quién es hoy Luis Schiavi? Pues el Jefe de Campaña y principal operador político de Mauricio Macri. También supo Macri tener en un momento, como asesor, a Pedro García, que fue asesor de comunicaciones de Grosso y de otro poderoso personaje: José Luis Manzano, aquél de “Yo robo para la Corona” También son de la partida los grossistas Eduardo Rollano, Jorge Argüello y Rodrigo Herrera Bravo. Los consultores contratados por Macri se esforzarán en los próximos días en mostrar a través de los avisos publicitarios de TV a un “Mauricio Pueblo”, saludando a ancianos, besando niños, palmeando obreros en el hombro, con el objeto de disipar esa impronta de nene rico de la high society. Macri = Grosso = Menem. Los muchachos vienen por más. Ibarra “el que se acordó de hacer algo” Quien hoy pasee por Buenos Aires se encontrará con una ciudad en febril actividad. El tránsito es caótico, no sólo por los piqueteros sino también porque Ibarra se acordó que gobernar la ciudad implica, entre otras cosas, arreglar las calles, asfaltar, limpiar las plazas, etc. (Entre paréntesis, y como prueba palmaria del no gobierno de Ibarra, son impresionantes los cuadros de zoonosis, enfermedades producidas por parásitos como el toxocara canis, que se encuentra en las heces de los perros. Un estudio reciente determinó que el 80% de las plazas de Buenos Aires están contaminadas, y las afecciones visuales producidas por el toxocara, se dan de manera alarmante) El tema es que después de años sin hacer nada, Ibarra se acordó de limpiar y arreglar la ciudad. Un taxista porteño, de esos que se las saben todas, me dijo hace unos días: Esto se llama “asfalto reelectoral” Como no hizo nada, nadie quiere a Ibarra. Nadie piensa en votarlo. ¿Cómo revertir la situación? Todo comenzó con una de las tantas “encuestruchas” de opinión, sagazmente pergeñada para instalar la polarización del electorado entre Macri e Ibarra. Artemio López, de la consultora Equis, quien tradicionalmente trabajaba contratado por el Frepaso, irrumpió con una “encuesta” en donde sólo había dos candidatos para acceder al gobierno de la ciudad: Macri...e Ibarra, y muy lejos, el pelotón de los otros candidatos. La operación “polarización electoral” ya estaba en marcha. Otra fase de la operación fue el frustrado intento de adelantamiento de las elecciones, que de haberse concretado, hubiera beneficiado a la dupla Ibarra - Macri. Pero no pudo ser. Presentaciones judiciales de Patricia Bullrich y posteriormente del Justicialismo, impidieron la maniobra que, entre otras cosas, era un atentado a la gobernabilidad, pues sería imposible que el electorado conociera las propuestas de los diferentes candidatos en tiempo tan exiguo y con un control económico de los medios tan evidente como el que ejercen Macri e Ibarra. Pero Ibarra, este adalid de la inacción, este defensor de un Código de Convivencia que sólo acentuó la no-convivencia en la ciudad, este maestro de la no gestión, este responsable máximo de que Buenos Aires esté como esté, recibió sucesivos “regalos” preelectorales provenientes del gobierno central. En primer lugar, sale del escenario un probable competidor: el oportunista ex menemista Daniel Scioli, quien en una actitud de falta de respeto por quienes lo habían elegido para ser candidato a Jefe de Gobierno, declina su cargo y se va de la ciudad para integrar la fórmula presidencial. Y una vez llegado Kirchner al poder, salen del escenario porteño otros dos candidatos a Jefe de Gobierno: el hermano del DT de la selección nacional, Rafael Bielsa, y alguien que en este momento tendrá seguramente un problema existencial: Gustavo Béliz. ¿Por qué un problema existencial? Dada la vinculación expresa de Kirchner con Ibarra (quien le “facilitó” a su candidato a Vice Jefe de Gobierno, Daniel Filmus, para que se hiciera cargo del Ministerio de Educación), el dilema es cómo va a proceder Béliz, ya que es autor de un contundente informe sobre la no-gestión de Ibarra (“Una Ciudad al Borde del Colapso”), con no menos de diez denuncias de severo tenor, donde explicita claramente el modus operandi de la administración Ibarra, caracterizado por la violación de la Constitución y sus normas inferiores, la evasión sistemática y deliberada de la licitación pública para compras y contrataciones, el pago por servicios no realizados, la tercerización ilegal, la falta de controles, las compras directas por montos superiores a los permitidos, el pago de sobreprecios, y un pormenorizado detalle de contratos absolutamente irregulares. En este marco, surge la incógnita de si será posible que sin los cuantiosos recursos económicos de que disponen Ibarra y Macri, pueda romper la bipolaridad mediática quien a juicio de quien escribe estas líneas, representa la única alternativa de honestidad, transparencia y capacidad para administrar con eficiencia una ciudad tan venida a menos. Me refiero a Patricia Bullrich, quien ha sabido conformar excelentes equipos técnicos integrados por gente ajena a la política tradicional y sus componendas. Baste citar entre muchos a Francisco Von Wuthenau, candidato a Diputado Nacional, ex rector fundador de la prestigiosa Universidad de San Andrés, Luis Agostinetti, especialista en Presupuesto, Jorge San Martino, primer candidato a Legislador de la ciudad y especialista en Políticas Sociales, y a Carlos Manfroni, catedrático especialista en Anticorrupción, candidato a Vice Jefe de Gobierno. Ni Ibarra ni Macri (uno por su no-gestión, el otro porque no es su estilo), pueden “ganar la calle”. Ninguno puede darse el maravilloso lujo de estar en contacto con los vecinos, cara a cara. Por eso los porteños serán sometidos en estos dos meses de campaña, a una furibunda presencia mediática de ambos. En tanto, Bullrich y su equipo, coherentes con su prédica de transparentar la política, sin recursos económicos, van creciendo en las encuestas, tomando contacto directo con la gente y sus problemas, manejándose con el “boca a boca”, recorriendo la ciudad y sus barrios. Las operaciones de prensa contra Bullrich, las encuestas truchas y la difamación gratuita, no hacen más que demostrar el temor de la vieja política, de las corporaciones mafiosas, de que alguien con las agallas de Bullrich, que enarbola la bandera de la anticorrupción, una vez en el gobierno proceda en consecuencia. Porque ella ya demostró su capacidad de gestión como funcionaria, y también su coraje al enfrentarse a “los gordos” del sindicalismo. Otro dato de la realidad que inquieta a los operadores de Ibarra y Macri, es que Unión por Todos, el movimiento de “la Piba”, se ha aliado electoralmente con Ricardo López Murphy, precisamente quien salió primero en Buenos Aires en las presidenciales recientes. La coalición “Unión para Recrear Buenos Aires” parece ser entonces el “patito feo” de estas elecciones. Esta campaña desproporcionada en recursos económicos, evidenciará la lucha entre el enorme poder de la prensa y el para nada desdeñable poder del contacto con la gente. Infatigable, imbuida de una convicción y una mística que contagian, la “piba” recorre su ciudad, la ciudad de Buenos Aires que nació un 11 de junio. Si la gente logra hacer caso omiso a los cantos de sirena de los que quieren la ciudad para hacer sus negocios, no cabe duda que conducida por una mujer del temple patriótico de Patricia Bullrich, Buenos Aires volverá a ser la majestuosa ciudad que alguna vez supo ser, y a partir de la ciudad capital, con transparencia y eficacia, se instrumentará el cambio que el país necesita. Ø
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