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En plan de cambiar la situación que vive nuestra Argentina 2003, tenemos que ver cómo disminuir los hechos de violencia que se producen en casi todos los ámbitos. Leer un diario argentino es adentrarse en una galería interminable de casos: violación seguida de muerte, gatillo fácil, secuestros express simultáneos, asesinato como consecuencia de una discusión callejera, etc. La cantidad de niños mendigando o “trabajando” (es decir, siendo explotados) en la vía pública se ha multiplicado en los últimos 15 años. Los medios audiovisuales no dan abasto con sus coberturas. Los expedientes judiciales aumentan desbordando la capacidad edilicia disponible. Es verdad que más del 90% del planeta se sumerge en una crisis con conflictos similares a los del país. Pero no es menos cierto que los problemas de nuestra sociedad, con acción social del Estado, inclusión de sectores empobrecidos y acceso a una educación adecuada, pueden resolverse llevándolo a un nivel mucho más bajo. Nuestros problemas sociales, en su mayoría, son consecuencia de la falta de atención e iniciativa de la dirigencia que gobernó en los últimos 20 años. El primer aspecto para trabajar es evitar que los niños y jóvenes sigan siendo arrastrados al delito, a vicios como la droga y el alcohol, alejándose, al mismo tiempo, de la escuela, la universidad y las entidades como clubes deportivos y sociedades de fomento. Esta canilla por la que crece la cantidad de recurso humano dedicado al delito y la delincuencia debe cerrarse con otras opciones de vida. El segundo aspecto, es subir el nivel de preparación de los hombres de las fuerzas policiales y de seguridad (a través de campañas de formación), y a la vez, otorgarles sueldos dignos y facilidades sociales, para que su atención se centre en la labor específica que les concierne. El tercero tiene que ver con las leyes. Se ha planteado la necesidad de bajar los años de edad para la penalización de delitos, aunque también debe buscarse quiénes “dirigen el delito” con la impunidad como sostén. Tal vez las primeras medidas del gobierno de Kirchner (cambios en la cúpula militar por ejemplo) indiquen la decisión de empezar a cortar el hilo por el trazo más grueso, con las dificultades y conflictos de intereses que esto acarrea. Si es así, seguro habrá que disponerse a presenciar una intensa pelea por el control real del esqueleto social del país. Tarea en la que el nuevo presidente se juega su futuro y el de todos. Ø
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