|
Las semillas me las había regalado Alicia. Hasta recuerdo el resto de aquel día. Yo tendría unos siete años, estábamos en un baldío sentadas sobre unas piedras que habían sido una casa, todavía blancas en medio del yuyal verde y oloroso. También estaban los hermanos García, el más grande bien petiso, y el menor, grandote. Alicia tenía un tío que no tenía hijos y que quizá por eso siempre le estaba regalando cosas extrañas: polvos para estornudar, un globo que hacía un ruido feo, frasquitos con un líquido de olor asqueroso que duraba días, ese tipo de cosas. Me acuerdo que las semillas eran chiquitas, negras y alargadas, y cuando me las dio me dijo que las tirara en la casa de alguien a quien tuviera rabia o que fuera muy malo, porque crecían rápido y salía una planta que, aunque la cortaran, seguiría creciendo y mataría el pasto y las flores y tenía un olor peor que el de la ruda y arruinaba cualquier jardín o cualquier casa y, además, traía mala suerte. Me acuerdo que las guardé en un pedazo de diario y que enseguida me fui a casa a saborear el arma secreta que había conseguido. En el camino pasé por lo de los Robledo y les tiré dos porque eran unos malditos. Aunque tenía muchas, quería administrarlas bien para que me duraran toda la vida. Las pasé a una cajita que escondí debajo del techo de chapa de un galponcito en donde mi papá guardaba las herramientas. A pesar de que no era fácil sacar la cajita de entre la viga y el zinc, fui, antes de acostarme, cuatro veces a buscar semillas para castigar a gente mala. Las últimas de ese día las tiré en el cantero de mi mamá, entre las flores que ella cuidaba. Al día siguiente caminé varias cuadras para tirarle semillas a mi maestra de segundo grado por haberme retado frente a mis compañeros. A la misma Alicia le tiré en el pasto cerca de su dormitorio, creo que porque me robó una pulsera. Después me arrepentía e iba a ver si las plantas salían. A veces quería verlas, a veces no. Por supuesto nunca creció nada o nunca vi nada. Ahora que tengo mi jardín y mis chicos, que también usarán algún “arma” en sustitución de las semillas, me he preguntado qué serían aquellos gérmenes negritos. Pero sobre todo he pensado en el simbolismo de las misteriosas semillas que al darme la capacidad de hacer daño, me hicieron creer que yo era una mala persona que no perdonaba ni a mis amiguitos ni a mis padres. Sin embargo, hoy en día, si tuviera un arma secreta, algo fácil como arrojar una semilla sin que nadie se diera cuenta, a cuántos habría castigado con una planta justiciera. Siempre que salimos en familia a pasear en auto manejo yo. Hoy le pedí a mi marido que lo hiciera él. Le dije que quería ver mi antiguo barrio. Poco han cambiado las calles, hay algunas casas nuevas y habitaciones agregadas. La casa de mi infancia está igual, aunque pintada con colores demasiado extravagantes. Las casas de mis amiguitos siguen casi igual, como también las de mis antiguos vecinos. Varios ya no viven, de muchos otros no sé qué ha sido de sus vidas. Para mi tranquilidad no vi ninguna planta maldita, ni me hubiera gustado verla. Ø
|