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Lo que está pasando en agosto en Buenos Aires, quizás pueda llegar a entenderse en parte, después de la ciclópea tarea de analizar -por ejemplo- las obras completas de Perón, un enjundioso trabajo realizado por el intelectual argentino Jorge Máximo Avilés. Como toda ideología, la doctrina peronista puede ser aplicada o entendida parcialmente, interpretada de acuerdo al cristal con que se mire, o simplemente referenciada a los fines políticos más que nada para usar la pátina del nombre “peronismo” o “justicialismo”, aunque luego, en los hechos concretos, las actitudes de los gobernantes y/o las medidas que implementen estén absolutamente alejadas de dicha doctrina. Es que a lo largo de la historia reciente del país, bajo el paraguas protector del término “peronismo”, se han refugiado personas y personajes de las más variadas ideologías. Y no es necesario ser demasiado memorioso para ratificar esta afirmación. Pero lo que está pasando en agosto en Buenos Aires supera la capacidad de asombro de cualquiera. Con singular sentido de la oportunidad, varias voluntades confluyeron para “peronizar” las elecciones porteñas. Estamos nuevamente frente a elecciones que se presentan en la forma de una interna peronista. Todo empezó con una falsa encuesta presentada por una consultora que años atrás trabajó para el Frepaso y luego para la Alianza. El objetivo fue cumplido, y el dinero invertido rindió sus frutos: la consigna era instalar la "polarización del electorado", y reflotar al actual Jefe de Gobierno Aníbal Ibarra, habida cuenta de la bajísima intencionalidad de voto que tenía como candidato a la reelección, fruto del deplorable estado en que se encuentra Buenos Aires. Y nuevamente, la “opinión publicada” comenzó su sutil tarea de manipular a la opinión pública. Y desde entonces, con el dinero de los contribuyentes, comenzó a instalarse la puja "Macri o Ibarra". Con el dinero del Estado y con el sospechoso dinero del contratista del Estado, la ciudad apareció de pronto empapelada de los candidatos de esta aviesamente buscada "Polarización del Electorado" La segunda fase, para consolidación de la polarización mediática, fue “peronizarla”. Por un lado, el menemismo redivivo, con lo más granado del grossismo, forman parte sustancial de la trama conductiva del partido de Macri. Por el otro lado, el imprevisible Kirchner, al margen de su función de Jefe de Gobierno pero con el peso que le da la investidura, continúa su tendencia a apoyar a candidatos por afuera del aparato partidario, y a falta de otro candidato, incomprensiblemente decide apoyar a Ibarra. Obviamente esta nueva alianza le vino como anillo al dedo al ex fiscal porteño, ya que pudo recuperar posiciones al oxigenarse “de rebote” su imagen con la expectativa positiva que Kirchner tiene en la gente en sus primeros meses como presidente de los argentinos. Y para ponerle un poco de color local y liturgia sumatoria, al igual que en las bochornosas elecciones tucumanas, plagadas de lemas y sublemas, los candidatos de esta fraguada polarización, aparecerán uno en cuatro, otro en tres listas, con distintos candidatos a legisladores en cada una de ellas. La pregunta cae de maduro: ¿Con cuál de los cuatro o tres planes de gobierno gobernarán Macri o Ibarra en caso de ser uno de ellos elegido Jefe de Gobierno?. La respuesta también es obvia: “Lo importante es ganar... Después veremos...” Está claro que si algo debe cambiar en Buenos Aires y en Argentina, es la cultura cívica, el profundo compromiso que la gente debe tener con lo político. Si existe una actividad humana que merece la máxima consideración por su implicancia en el bienestar de las personas, por ser el instrumento más adecuado para la mejora en la calidad de vida de una sociedad, ese instrumento es la Política. Sin embargo, por haber sido tan bastardeado en estos años su rol transformador, la gente asocia política a mala palabra, a corrupción, a algo rastrero y espurio. Una cosa es la política como ciencia y como arte, y otra es el uso y abuso que se hace de ella para el bien personal o de las corporaciones a las que pertenecen los políticos deshonestos que ocupan tranquilamente el espacio que la gente decente rehúsa ocupar. Buenos Aires tiene un electorado atípico, que siempre ha sido independiente en sus decisiones. La gran incógnita es saber si se dejará influenciar por la parafernalia publicitaria y la abrumadora presencia en todos los ámbitos (TV, radio, vía pública, medios gráficos), de Ibarra y Macri, que gracias a los recursos del Estado el primero, y a los recursos extras de los contratistas del Estado el segundo, se pueden dar “el lujo” de copar mediáticamente la ciudad. Si los vecinos de Buenos Aires tienen la memoria y la actitud de no dejarse influenciar por la opinión publicada, por las noticias pagas, por las encuestas prefabricadas que han instalado esta polarización fraguada, y pudieran investigar y cotejar los proyectos y planes de Gobierno de al menos algunos de los otros 23 candidatos a Jefe de Gobierno, y obren en consecuencia, recién lo sabremos el 24 de agosto. Día de las elecciones. Dicen que las encuestas truchas y las noticias inventadas se rompen con la realidad de los votos. La pregunta es si candidatos como Patricia Bullrich podrán estropearles el juego a los candidatos de la “polarización”. La clave está en el debate de ideas y proyectos, y es improbable que el mismo se realice, porque no le conviene ni a Macri ni a Ibarra. Ninguno de los dos tiene los quilates políticos, el coraje y la capacidad de esta mujer. Patricia tiene la honestidad que no pueden exhibir las huestes grossistas de Macri (sospechosamente, en el Web Site de Macri, donde figuran los valores de “Compromiso con el Cambio”, no figuran ni transparencia, ni honestidad). La Sra. Bullrich tiene la capacidad de gestión que no ha mostrado Ibarra en sus años a cargo de la Ciudad. Casualmente era Perón quien repetía dos frases: “Los pueblos sin memoria están condenados a repetir los mismos errores”, y “Los pueblos tiene los gobiernos que se merecen”. Macri sería el lobo dirigiendo al rebaño: tuvo el contrato de la basura, tiene las multas fotográficas, la cadena de recaudación de impuestos (Pago Fácil), la impresión de Boletas de ABL y Rentas, la fiscalización de las obras en construcción de la ciudad, una línea de colectivos, la licitación de reservorios acuosos, la licitación de la obra de Casa Cuna... Ibarra es ineptitud, sobrevivir en vez de sobresalir, es este Código de Convivencia que desquició la ciudad, son las calles y veredas en el estado en que están, son los 80 colegios públicos de gestión privada que desaparecieron en Buenos Aires, es la “cultura espectáculo” en vez de la cultura como eje de la transformación social, es el cambiar las cosas para que nada cambie, es el que no combatió la corrupción, es el que no hizo nada de lo que prometió que iba a hacer. López Murphy, que ganó en la capital, entre los 25 candidatos, se decidió apoyar a Bullrich por sus valores humanos positivos: es muy inteligente, con muchas agallas, ha demostrado capacidad para administrar... y es mujer. ¿Habrá llegado la hora de ponerle a la Ciudad la sensibilidad y la dedicación que sólo las mujeres saben ofrecer? El 98 % de las personas que integran la Coalición Unión para Recrear Buenos Aires no son políticos. Es gente común, profesionales, amas de casa, empleados, comerciantes, vecinos que están hartos de tantos negociados por un lado, e ineficiencia por el otro, y decidieron transparentar la política, y desplazar a los mediocres y corruptos. El Plan de Gobierno fue hecho gratuitamente por 200 profesionales, pensado con, para y por los vecinos. En pocos días más sabremos si el electorado porteño se habrá dejado influenciar por la impresionante presencia mediática de esta moneda con dos caras opuestas: Macri e Ibarra. Dos caras, insisto, pero una misma moneda... Ø
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