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“Inmigrantes indocumentados contribuyen más a la sociedad Americana de lo que toman de ella”. No lo digo yo, lo dijo Bloomberg, el Alcalde de New York durante un reciente reportaje para la radio WABC (770-AM). También agregó: “ya están aquí (refiriéndose a los inmigrantes), no se van a ir, por lo tanto hagamos de ellos ciudadanos legales para que paguen los impuestos y se adapten mejor”. Sin duda, comentarios sensatos aunque minoritarios y simplistas en la política contemporánea. La línea del gobierno actual ha sido otra: confundir inmigrante con terrorista e inmigración con inseguridad. Pero la realidad es que mientras haya trabajadores del otro lado de la frontera, y trabajos de este lado, la inmigración no se puede frenar, y no importa el precio que ello cueste a los inmigrantes. Uno de los más terribles episodios de inmigración ilegal ocurrió recientemente cuando las autoridades de inmigración encontraron un trailer con cerca de cien ilegales encerrados. 17 ya habían muerto y dos fallecieron en el hospital. Entre los pérdidas, un niño de cinco años que murió en el lugar que se escondía jugando a las escondidas. Si los gritos silenciosos de estos inmigrantes esperanzados en la grandeza americana no despiertan la conciencia del gobierno, ¿qué podrá despertarla? ¿El dinero? Tal vez… El presidente Bush ganó votos de inmigrantes durante su campaña electoral prometiendo una reforma del proceso de inmigración. Por otra parte, su colega Fox también había usado su resolución de llegar a un pacto de solución inmigratoria en Estados Unidos ( lo que ellos llaman la “Enchilada Grande”) para dar estado legal a miles de inmigrantes que viven y trabajan en Estados Unidos y tantos otros que arriesgan su vida cruzando la frontera, causando alrededor de 300 muertes anuales. Pero no son las muertes las que empujan a un acuerdo. La reforma inmigratoria había sido largamente olvidada hasta el pasado mes de Marzo en que la presidencia comentó que ese pacto dependía del apoyo que México diera frente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. México hizo caso omiso, tal vez considerando que el petróleo no justificaba las muertes. Pero no era la última vez que México iba a oír hablar del petróleo y las leyes de inmigración al mismo tiempo. Aunque nuevamente las conversaciones se reanudaron entre representantes de ambos lados de la frontera en Marzo, un nuevo escollo aparece en el camino. Recientemente, en Mayo, El Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Diputados, pasó una resolución “no-obligatoria” llamada "sense of Congress" requiriendo a México que abra Pemex a inversión extranjera. Pemex es la compañía petrolera mexicana, propiedad total del estado y que tiene monopolio sobre toda la explotación petrolera de México. Aunque se la considera corrupta e ineficaz, es el gran orgullo de México por ser la empresa más grande, el empleador mas importante y el contribuyente esencial. Fox ya dijo que Pemex no ha estado ni estará a la venta, pero el Congreso parece serio en utilizar el tema de reforma inmigratoria como presión sobre la apertura de Pemex a capitales extranjeros. Quienes propiciamos un cambio noble de las leyes en favor de los inmigrantes, entendemos que ese cambio depende fundamentalmente de las conversaciones y acuerdos entre Estados Unidos y el gobierno mexicano. Apartados de este tironeo político, los inmigrantes siguen esperando el acuerdo de leyes que puede tornar su trabajo, dedicación y vida, en legalidad, derechos y libertad. Ø
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