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Este verano pude realizar dos de mis sueños más queridos. Cumplí con dos peregrinaciones que tenía pendientes. Una de ellas fue visitar la ciudad de Toulouse, en el sur de Francia, donde en 1890 nació quien es para mí el más grande artista que la Argentina diera al mundo: Carlos Gardel. Allí visité el lugar en donde nació, el hospital Saint Joseph de La Grave, a orillas del río Garona, cruzando el puente Saint Pierre y fácilmente reconocible desde lejos por su enorme cúpula. Una placa muy simple da testimonio de la llegada del Zorzal Criollo al mundo. Otra indica la casa en la que vivó hasta casi los tres años, en 4 Rue du Canon d'Arcole. Muy cerca, en el parque Compans Caffarelli, un pequeño monumento honra su memoria, con su perfil en una enorme moneda de bronce. Allí van a rendir tributo los peregrinos. Y una de las pinturas que decoran la galería que bordea la Place du Capitol (la plaza principal de Toulouse) muestra su imagen junto a otros tulusianos célebres. Todo este reconocimiento es responsabilidad de la Asociación Carlos Gardel de Toulouse, fundada en 1982 por Mario Pérez, un arquitecto argentino residente en la misma, que desgraciadamente falleció hace pocos años. La misma noche que llegué me dirigí a la dirección de la sede que figura en la Internet: 23 Place des Carmes. Es el humilde domicilio de su presidente honorario, el señor José Félix., frutero retirado y concejal de la ciudad por 22 años. Nació en Valencia, España, en 1920 y llegó a Toulouse cuando tenía cuatro años. Durante la ocupación nazi en Francia, fue deportado a Austria, donde lo forzaron a picar piedras hasta el fin de la guerra. Es difícil decir quién estaba más emocionado en ese momento. Si él por la visita o yo, por estar frente a un gardeliano dueño de un inagotable caudal de historias sobre el Morocho del Abasto. En él caben los misterios sobre quién fue el padre de Gardel; sus visitas a Toulouse, siempre con Berta, su madre; su encuentro en París con Charles Chaplin; lo que le dijo Enrico Caruso después de que lo oyó cantar. Desglosarlas me llevaría varios números de El Suplemento. Lo ideal sería conversarlas en un café o cebando mate, amargo y bien caliente, como le gustaba a Carlitos. En estos días, el tránsito en el Boulevard de Strasbourg es un caos. Una nueva línea de subterráneos está en plena construcción. Para José Félix es otra oportunidad para honrar al más grande. Gracias a sus oficios, la estación del parque Compans Caffarelli se llamará Carlos Gardel. Una excelente manera de que más tulusianos descubran su orgullo tanguero. ¿Mi otro destino como peregrino? Liverpool. Yeah, yeah, yeah. Para más información, visite www.univ-tlse2.fr/amlat/Cultoulouse/gardel
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