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Sobre el final del partido SANTOS-BOCA, que coronaba al club argentino como Pentacampeón de América, todo era fiesta. Alegría desbordante e incomparable como la que otorga el fútbol a quienes se sienten atraídos por esta pasión de magnitudes planetarias. La televisión mostraba a 70 mil rostros brasileros decepcionados por la actuación del equipo (su equipo) que hiciera famoso el legendario Pelé, la hinchada de Boca en un rincón gritando “campeón” (esa palabra que tanto gusta a los simpatizantes de la azul y oro), autos embanderados, bocinas y fuegos artificiales en Buenos Aires y en las principales ciudades de nuestro país. Volvía la COPA LIBERTADORES DE AMÉRICA a la Argentina. Otra vez de la mano de un equipo conducido por Carlos Bianchi. Justamente, el hombre que junto a un equipo de trabajo excepcional edificó el ciclo más exitoso de la historia boquense y de casi todo el fútbol argentino, deseaba seguir dando el ejemplo. Espontáneamente. Sencillamente. Con gestos que para su persona son naturales pero que frente al comportamiento que suele verse en muchos ámbitos, es poco habitual; saludando a cada uno de los integrantes del plantel con la misma efusividad y agradecimiento. Para hacer sentir a todos campeones. Porque cabe señalar que el técnico llevó 25 jugadores siendo que iba a utilizar a lo sumo 16. con la idea de que se sientan y sean partícipes de la gesta copera. Ante la prensa, desestimando la posibilidad que da el éxito de autorizar a los protagonistas a manifestarse con grandilocuencia o exitismo. Los méritos futbolísticos son indiscutidos. Obvios diría; en esta copa versión 2003 el Boca de Bianchi ganó de local y de visitante reiteradamente. Frente al Santos (entre los 180 minutos de juego) sacó 4 goles de diferencia. En la semifinal jugada con América de Cali cerró (en la suma de los dos partidos) con un 6-0 aplastante. Pero sobre todo demostró que alguna veces las segundas partes son muy buenas. Los records de su carrera se repiten hasta el cansancio en todos los programas de tv y suplementos deportivos. Atrás quedan las excelentes campañas de: “Toto” Lorenzo, Osvaldo Zubeldía o DT campeones del mundo con seleccionados como Bilardo y Menotti. No porque dejen de ser significativas para el fútbol, sino porque lo del virrey es sencillamente espectacular. Por cierto, su figura como referente social crece día a día. Con una credibilidad que envidian dirigentes, periodistas y figuras famosas de televisión. Se ha comentado muchas veces la trayectoria del virrey en Velez y Boca. Pero se ha dejado de lado su inicio como Director Técnico, desarrollando campañas en varios clubes franceses; Stade Reims (1984-1988), Niza (1989-1990) y París FC, de la tercera división de Francia (1990-1991). Los mismos dirigentes que lo vinieron a buscar a Buenos Aires en su etapa de jugador en la década de 1970, volvieron a contratarlo luego como DT. Es que seguramente ellos intuían las dotes de Bianchi como DT. Pero antes que nada, sabían de la calidad de persona y disciplina profesional con que se iban a encontrar. Estoy seguro que la mayoría de los técnicos no prohíben a sus dirigidos HACER UNA RABONA, UNA GAMBETA, UN DOBLE CAÑO o UN SOMBRERITO. Pero demandan equilibrio y orden en el equipo. Carlos Bianchi no es la excepción por más que sea el mejor en lo suyo, por varios puntos. Lo que realmente diferencia al Virrey de Liniers, La Boca y Buenos Aires, es su poder de síntesis para transmitir y su capacidad de liderazgo frente a grupos. Cuenta con otra virtud que algunas personas tienen para bien de ellos y quienes le rodean, es un individuo íntegro. Por eso en su camino del fútbol y de la vida, tiene la cualidad de sostener con orgullo LA INTEGRIDAD HUMANA COMO BANDERA. Ø
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