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El realismo mágico en Argentina Imprimir E-Mail
Escrito por Luis Alberto Lecuna   
lunes, 01 de septiembre de 2003

Analizar lo que pasa en Argentina es una tarea tan impactante como lo es la lectura de los autores más representativos de la literatura fantástica. La diferencia entre uno y otro “realismo mágico”, es que el de Borges, García Márquez, Rulfo y Carpentier son ficcionales y nos inunda de placer, y el de nuestro país es crudamente cierto y por eso nos estruja el alma, porque el resultado se ve en la decadencia del país, en los elevados niveles de pobreza extrema, en la desnutrición infantil, en la falta de capacitación de nuestros jóvenes, en la pérdida del patrimonio nacional tanto físico (inmensas extensiones de nuestro territorio que son vendidas a precio de remate, además de no tener ya ni gas, ni petróleo, ni telecomunicaciones, ni electricidad propios), como intelectual (el cerebro gris argentino que se sigue yendo del país continuamente y de a centenares)
Con sarcasmo borgesiano, la filóloga Edurne Olano dijo con el fin de quitarle mérito a los autores que produjeron el “boom” de la literatura latinoamericana, que “No es demasiado mérito para los latinos escribir cuentos y novelas fantásticas, ya que simplemente hay que ser cronista de la realidad de sus pueblos, sin necesidad de cambiar demasiado ni tramas ni personajes”.
Quien por propia decisión o por necesidad está ahora viviendo lejos de su tierra natal, y ve o lee o escucha lo que sucede en su Argentina, sin dudas no terminará de entender, a la distancia, si realmente existe una divisoria de aguas entre la literatura fantástica y la historia nacional.
¿Se puede predecir el imprevisible final de un cuento de Bioy Casares o Borges?
Imposible.
¿Es creíble el universo de palabras inventadas, animales fabulosos y mitologías extraviadas surgidas de las plumas más conspicuas de nuestras letras sudamericanas?
Sólo si entramos en el juego que la ficción nos propone.
Y si hablamos de credibilidad y predecibilidad... ¿Puede ser confiable un país signado desde hace más de medio siglo por un heterogéneo movimiento justicialista de base conservadora y populista, pero que ha contenido al más amplio espectro ideológico desde López Rega y Cámpora, hasta esta década menemista que cambió la letra de la marchita: “por ese turco-argentino / que se supo destrozar / a la gran masa del pueblo / entregándose al Capital”?
Le propongo un juego, a usted que tiene la paciencia de leerme en EL SUPLEMENTO hace ya más de un par de años: que asuma el papel de escritor latinoamericano, simplemente haciendo una reseña de la actualidad y sus protagonistas, y sin necesidad de hacer demasiadas interpretaciones, ya que la historia se cuenta sola. Construyamos pues, a los personajes de esta nueva novela...
Por un lado, tenemos a un ex deportista motonáutico proactivo que ingresó sorpresivamente al ruedo de la vieja política argentina de la mano de Carlos Saúl, quien para remozar su gobierno entreguista decidió con sutil astucia incorporar a “ricos y famosos” sin antecedentes, como este motonauta y el corredor de fórmula uno vinculado a las actividades agropecuarias.
Nuestro primer personaje y coprotagonista de este capítulo de la novela, está vinculado a las empresas de servicios públicos privatizadas o viceversa: las empresas privatizadas tienen en él un nexo con el poder que les puede ser de utilidad a sus intereses.
Pero este personaje no está en la cocina del poder. No ha sido tenido en cuenta en los ámbitos de decisión, salvo por los votos que podía arrastrar para las elecciones desde su imagen de “peronista moderado”. Es un joven con sentido de la oportunidad, que prontamente aprende las mañas y agachadas de la vieja política: surgido del menemismo, habiendo luego ganado las internas porteñas para ser candidato a Jefe de Gobierno, les hace un desplante a quienes lo votaron y acepta la propuesta duhaldista de ser candidato a vicepresidente.
La vida de nuestro personaje no será una vida fácil, porque estará signada por las mutilaciones. El Río de la Plata, y su pasión por la motonáutica le cortaron un brazo. Al presidente (el protagonista del libro), y su pasión por la política, le cortarán las piernas en los primeros capítulos de nuestra novela.
Y ya que hablamos del actor principal... Kirchner llegó sorprendente y sorpresivamente a ocupar este rol, como de descarte, después que Duhalde (ahora protagonista tras bambalinas) fracasara en su intento de poner al personaje cordobés y de convencer al automovilista santafecino. Impulsivo y caótico como el viento sur, en un mundo en el que está manejando unánimemente otro libreto, este personaje nuestro se esforzará en demostrar lo contrario: que la izquierda y la derecha sí existen, y su decisiones harán que entremos en el túnel del tiempo, generando una polémica que nos distraerá del objetivo de crecer, desarrollar el país, de implementar un plan estratégico en salud, educación, cultura, acción social, que le dé sentido a la novela.
Para darle cierta complejidad a la obra, podemos ponerle a ambos personajes, valores positivos y aspectos ideológicos que deambulen por zonas grises, como para despertar la intriga y la incertidumbre en el lector, preguntándose a cada instante: ¿-Y qué quiso hacer con esta medida?
Ahora vayamos a la trama oculta: algo que el lector desprevenido no tenga presente, que no esté en la cuenta de quien está acostumbrado a lecturas parciales de la realidad.
Por ejemplo, imaginemos para nuestra ficción literaria, una serie de supuestos, a saber:
Que los ingleses (que inventaron el concepto de “izquierda” y “derecha”, en función de la ubicación de los funcionarios en la cámara de los Lores), previo a ello, y hasta nuestros días, dieron en su coherente historia de corsarios, una enseñanza no aprendida por los argentinos: “Lo más importante, la razón de ser y existir de nuestro imperio, es la defensa a ultranza de nuestros intereses estratégicos, como sea, y al costo que sea, ahora y por siempre”
Que lo de “izquierdas y derechas” es algo obsoleto y perimido, y que los parámetros actuales no son saber si uno es de derecha, izquierda, centro o sus variantes, sino si uno está del lado de la transparencia, la honestidad, la justicia social, el bienestar común, el respeto por la Ley y la Constitución, el cuidado del planeta, la lucha contra la corrupción... o en la vereda de enfrente.
Si ponemos a nuestros dos personajes en esta trama, veremos que surgirá (más allá de los dolorosos fantasmas reavivados), un impresionante juego de intereses, ya que el propósito de quienes tienen una visión global del mundo y proceden en consecuencia, es precisamente, la defensa de sus intereses, lo cual implica que cada referente de nuestra novela tiene su propia lista de aliados y enemigos. La tienen el Fondo Monetario Internacional, la tienen los diferentes grupos que conforman el poder mundial, la tienen los tenedores de los otrora suculentos bonos que daban intereses superlativos para lo que era la realidad del mundo, la tienen los empresarios extranjeros y locales que siempre tuvieron claro que su interés supranacional es “hacer caja”, y desde luego, lo tienen Néstor (Kirchner) y Daniel (Scioli).
También nos convendría para dar consistencia a nuestra trama, hacer un curso acelerado de Historia Argentina, para ver cómo se transformó el viejo refrán parafraseado, que antes hablaba de “dos veces” y ahora de “varias veces”: “El argentino es el único animal que se tropieza varias veces con la misma piedra”.
También podríamos tener a mano “El Príncipe” de Nicolo Machiavelli, ya que es lectura obligada para todo político que se precie de tal. Los tratados de ética y justicia pasan lamentablemente a segundo plano, porque Machiavelo habla del poder. Convengamos entonces en que nuestros dos personajes están al tanto de las enseñanzas de Don Nicolás.
Desde Machiavelli a la fecha, en una interpretación muy en boga en los últimos siglos, parece ser entonces que la política se ocupa del poder y los intereses, y no tiene nada que ver con la ética, la moral, la justicia, las derechas y las izquierdas. Simple y crudamente es una actividad pragmática signada por los intereses, la lucha por el poder y el conocimiento de técnicas para acceder a él.
Si Maquiavelo aconseja: “Más vale ser impetuoso que precavido”, Kirchner le sacará a Scioli de un plumazo todo indicio de construcción de poder desde el poder. Lo disciplinará. No más dinero de la Secretaría de Turismo para que desvíe en el armado de su imagen de cara a las presidenciales 2007, no más presencia mediática del motonauta, no más once funcionarios designados por Scioli, no más equipo de Scioli en el gobierno.
Otra cosa interesante a tener en cuenta en la composición de los personajes, es que sus acciones puedan ser interpretadas de manera diferente por los lectores, de modo tal de darle mayor dramatismo a la trama y al desenlace de la novela. Por ejemplo:
Cuando el presidente tome un decisión determinada, unos lectores podrán pensar que “es un peligroso indicio de autoritarismo stalinista de alguien que pretende una conducción hegemónica” y otros que “ejerció con determinación patriótica y capacidad de gestión, el poder que la Constitución le confiere”. Unos dirán: “Los montoneros que quedaron llegaron al poder y están tomando venganza” y otros dirán: “Al fin se hacen las cosas como corresponden, conforme a Derecho”.
Cuando el vicepresidente realice una acción cualquiera, un grupo de lectores pensará que “su actitud moderada y vínculos con el poder económico le ponen la cuota de racionalidad que este gobierno necesita”, y otros pensarán “este personaje es un títere de los lobbistas y grupos de poder económico que hundieron a la nación”.
La idea es que cada acción tenga varias lecturas, en función de los invisibles hilos que participan de la trama. Pero no todo es confundir al lector. En algún momento habrá que darle claves para que entienda la historia de una novela como ésta, de final abierto...
Además, los buenos libros dejan moralejas, enseñanzas de vida, ayudan a crecer, modifican la visión del lector. Decía apropiadamente el pedagogo Pedro Emilio Rojas: “Un buen libro es aquél que después de su lectura nos hace sentir que hemos crecido por dentro”. Y quizás la mejor enseñanza es que no debemos someternos mansamente a los dictados de los medios de comunicación, y ser lo suficientemente inteligentes como para pensar por nosotros mismos, de modo que la opinión pública sea tal, y no algo ferozmente condicionado por la opinión publicada. Que debemos aprender a leer entrelíneas. Que antes de sacar una conclusión o de tener una opinión apresurada, hay que pasarla previamente por el tamiz de la fina observación. De saber qué intereses son defendidos o atacados ante tal o cual decisión que se toma. Y por sobre todas las cosas, de entender cuándo una medida defiende o cercena los intereses del pueblo y la nación, porque de eso se trata ser soberanos.
Como el primer Alfonsín (que luego cayó en una oprobiosa pendiente carente de principios y ética y haría revolver de indignación a Alem en su tumba), nuestro personaje presidencial abrió de golpe muchos flancos, quizás demasiados: Fuerzas Armadas, Justicia, Corrupción en el PAMI...
Cada decisión que toma genera amigos y enemigos. En algún lugar, en alguna oficina, gente que defiende intereses opuestos a los que defiende Kirchner, ya le ha bajado el pulgar. El tiempo transcurrido y las decisiones tomadas desde que asumió la primera magistratura han sido para ellos más que suficiente. No es alocado pensar que ya se está operando, confluyendo desde distintos ámbitos (“El enemigo de mi enemigo es mi amigo”) la caída de Kirchner.
En otro lugar, gente que defiende intereses acordes con las medidas de Kirchner, salta de júbilo convencida de que al fin se están haciendo las cosas como deben hacerse, y está decidida a apoyar a ultranza a este nuevo líder, que firma un millonario acuerdo de complementación económica con la república bolivariana de Venezuela, recibe a Castro, y los “pone a parir” a los empresarios españoles con intereses en Argentina.
Una manera interesante de congraciarse o despegarse afectivamente de cada protagonista, es saber quiénes son sus enemigos. Por lo pronto, los enemigos del protagonista de nuestra novela son además del recientemente incorporado Scioli con sus amigos como el lobbista menemista Victorica, el propio Menem, Luis Barrionuevo, José Luis Manzano, Coti Nosiglia, Mauricio Macri y buena parte de la Patria Contratista que se enriqueció a expensas del Estado, Julio Ramos y Ambito Financiero, buena parte del establishment local, varios CEO del sistema financiero, y desde luego, los dueños de intereses que antes eran argentinos, que lo miran con recelo.
¿Cómo sigue la novela? Pues usted, lector es el escritor de la misma... Imagine, piense, deduzca, y no se olvide que en Argentina la década menemista hizo estragos y muchas de sus consecuencias empiezan ahora a salir a la luz. Y son datos que comprometen seriamente el futuro. Mientras los jóvenes capacitados siguen yéndose al primer mundo en busca de proyectos de vida estables, casi un millón y medio de jóvenes de 15 a 25 años (de los que se quedan) ni estudian ni trabajan, mientras los índices de alcoholismo juvenil y la inseguridad en las calles crecen estrepitosamente.
Una novela de final abierto, que sin patriotismo, lucha sin cuartel contra la corrupción, sentido de pertenencia e identidad y sin defensa a ultranza de nuestros intereses nacionales, pueden llevar a presuponer que estamos ante un libro de trágico desenlace. Ojalá no sea así. Pero esto no lo soluciona nuestra imaginación de escritores. Lo solucionan todos y cada uno de los argentinos comprometiéndose, participando, apoyando o rechazando. Porque el silencio no es neutro. Porque no comprometerse es dejar el camino expedito a los que destruyen y quieren seguir destruyendo el país, pensando sólo en sus intereses.
Un dato interesante: en la trama, lentamente, comienzan a aparecer los representantes de la “nueva política”, que afortunadamente existen en Argentina aunque sean deliberadamente ignorados por los medios de comunicación. Se trata de unos seres extraños para la “vieja política” porque pretenden acceder al poder desde el llano, construyéndolo de abajo hacia arriba, paso a paso, sin acuerdos espurios con empresarios ni dueños de medios gráficos y audiovisuales, y tienen la peregrina idea de llevar adelante políticas de transformación nacional signadas por la ética, el respeto de la ley, la honestidad y la capacidad de gestión. Pero esta parte de la novela ya llegará algún día a escribirse, y el libro será lógicamente distinto. Tiempo al tiempo. Ya escribiremos esta parte de nuestra novela fantástica. Ø

 
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