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El Juego Sucio De Los Subsidios |
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Escrito por Walter Kaderabek
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miércoles, 01 de octubre de 2003 |
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Conferencia Ministerial de la OMC Representantes de 146 países se reunieron en Cancún para impulsar y determinar el rumbo de las negociaciones relacionadas con reducciones arancelarias, subsidios y acceso controlado o irrestricto a los diferentes mercados. La cita llevaba un nombre no poco pretenciosoÑ RONDA DEL DESARROLLO. Desde su creación, en 1996, la OMC intenta fijar reglas en el comercio internacional, aunque sus logros son magros y casi no han vinculado su acción a alcanzar una disminución de la pobreza en el planeta. La atención, para esta cita de Cancún, estaba puesta sobre la tensión existente entre un grupo de países ricos y otro grupo, más numeroso por cierto, de naciones pobres y sin poder de influencia financiera trascendente. Cada país, cada bloque, mostró sus deseos. La UE, por ejemplo, buscando conseguir una protección para vinos y quesos que llevan el nombre de algunas regiones, una exigencia a la que se oponen EE.UU. y Australia. Brasil y China pretenden mantener barreras proteccionistas altas para sus propios agricultores y fabricantes. Estados Unidos busca que los países en desarrollo disminuyan sus pedidos por un total desmantelamiento de los subsidios agrícolas en Europa, EE.UU. y Japón. Cabe recordar que las potencias manejan más del 50% del mercado mundial gracias a que aplican 320 mil millones de dólares en subsidios cada año, y también grandes aranceles que limitan el ingreso de productos de los países llamados subdesarrollados. Se estima que una eliminación del proteccionismo agrícola de EE.UU., la UE y el resto de las potencias sacaría del estado de pobreza y/o miseria a más de 140 millones de personas en todo el globo. Previo a esta Conferencia Ministerial, el único avance que se observaba era el de un acceso mayor de países pobres a algunos medicamentos (se trata de un mecanismo para que aquellos que carecen de capacidad para producir determinados productos medicinales genéricos los importen). Hubo reiteradas protestas de los llamados “globalifóbicos”. Pero no se avanzó en ningún rubro. Las potencias quisieron imponer una agenda aparte del tema de los subsidios y el proteccionismo a sus productores. La firmeza de la mayoría de las naciones pobres o empobrecidas determinó el estancamiento y finalmente fracaso del encuentro. Parece que los líderes mundiales fueron a Cancún a tomar sol en piscinas y playas. Pretendían hacer “la plancha” esperando más sumisión. El brasileño Celso Amorín, figura central de la ronda como coordinador del grupo antiproteccionista dijo; “No nos vamos con resultados concretos pero logramos el respeto de todo el mundo al G-22. Nuestro reclamo no es ideológico, la agricultura es un tema importante para los países en desarrollo”. Si la OMC no se dispone a solucionar con rapidez y dinamismo las diferencias actuales que enfrentan a un grupo reducido de potencias ricas (o enriquecidas) con otro muchos más numeroso de países pobres (o empobrecidos), la organización corre el riesgo de transitar el sendero penoso que ya vimos en el ejemplo de la ONU respecto de la unilateralidad estadounidense y británica en el conflicto de Irak.
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