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Todavía faltan tres años para el próximo mundial, pero ya empezó la agonía de otro prolongado proceso eliminatorio. Creo que a la Argentina le sobra talento para clasificar tranquila. Eso no quita que me ponga nervioso cada vez que la cámara le hace un primer plano al Piojo López haciendo precalentamiento, y que me ofenda que lo chiflen a Verón cada vez que toca la pelota. Eso es cosa de grasas. Lo de Bielsa es más difícil de explicar. En un país donde muchos presidentes elegidos por el pueblo no terminan sus mandatos, al director técnico de la selección se lo premia con otros cuatro años de trabajo, después de fracasar. Bielsa es raro. Decente, leal, audaz. Pero raro. Lo comprobé después del partido que Argentina jugó contra México en febrero de este año, en Los Angeles. En la conferencia de prensa posterior, se sentó, juntos los pies y juntas las palmas de las manos, ubicadas entre las rodillas, también juntas. Todo el tiempo se balanceaba incesantemente de atrás para adelante, mientras hablaba palabras huecas y extrañas, procurando explicar algo tan sencillo como el fútbol. Muy raro. Parecía autista. Durante los diez minutos que duró la conferencia, nunca miró a los que le hablaban, ni a los ojos ni a nada. La mirada perdida. Me da risa imaginar las cosas que puede decirles a los jugadores en el entretiempo, mientras hamaca su cuerpo y mira a la pared: "las vicisitudes resultadistas inmanentes son aleatorias, Kili". "La relación exponencial entre la consecución de la pelota y las situaciones para convertir pertenece al mundo de lo tangible, Nicolás". “Los avances llevados a cabo por la derecha evolucionan en expresiones de centro, lo que no va en desmedro de las manifestaciones izquierdistas, Nelson”. También da risa imaginarse lo que pensarán los jugadores al escuchar esas frases repletas de indescifrable sabiduría. No es fácil estar en los botines de los convocados. Cualquier futbolista argentino que se precie anhela ponerse la albiceleste y servirla con orgullo e hidalguía. Por eso ninguno se atrevería a sugerirle al director técnico que se haga ver por un especialista. Que lo que él padece, con terapia se cura. Bielsa me hace extrañar a Bilardo y a Basile, no porque éstos ganaron algo (¡miento!) ni porque jugaran mejor, sino porque me parecen tipos sencillos y normales, con los que uno podría sentarse a tomar un café y ver a las minas pasar. Ø
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