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En menos de un semestre, Lula Da Silva (Brasil) y Néstor Kirchner (Argentina) se han reunido cuatro veces. Buena señal, puede decirse. El reciente encuentro que se produjo en Argentina, tiene como hecho substancial la firma del documento llamado “Consenso de Buenos Aires” En él ambos presidentes se comprometen a impulsar el crecimiento de sus economías y una distribución más equitativa de la riqueza. Dentro de los 20 puntos hay un tema que cobra importancia en el futuro de las relaciones internacionales de la región: se trata de la posición frente a los acreedores externos. Una manifestación que explica que tanto Brasil como Argentina van a cumplir con sus compromisos, pero no al costo de perjudicar el desarrollo social y económico de sus poblaciones. En su acuerdo con el FMI, nuestro país sostuvo la “Cláusula Social” como condición. Ahora, este punto del “Consenso de Buenos Aires” parece mantenerlo. También estará, dentro de los puntos analizados, la situación de las exportaciones agrícolas entre las naciones del MERCOSUR, Estados Unidos y la Unión Europea. El antecedente del fracaso de la cumbre de la OMC da más argumentos para poner énfasis en dicha cuestión. En Miami, la Conferencia de ministros del ALCA es el momento propicio para defender criterios regionales y describir por qué motivos los tiempos de una integración deben ser respetados tanto como la armonía de las ciudades y pueblos en busca de su desarrollo. Un último punto hace referencia a las diferencias comerciales entre Argentina y Brasil por el volumen de sus producciones. Está latente la iniciativa de crear un Parlamento del MERCOSUR y es por eso que varios legisladores brasileños acompañaron a Lula en su visita a Buenos Aires. Todo el gobierno brasilero está dedicado intensamente a impulsar la regionalización de empresas nacionales (grandes o PyMEs), facilitar visas de residencia (para empresarios argentinos), facilitar la participación de empresas de Argentina en licitaciones nacionales (eliminando las burocracias) y promover una sustitución de importaciones en escala regional. Ni más ni menos. El “Consenso de Buenos Aires” parece nacer como contraposición del Consenso de Washington y también un punto de partida para las futuras conferencias de ministros del ALCA. “¿Queremos un ALCA equilibrado o un ALCA a cualquier precio? Un ALCA equilibrado que no nos amarre, que respete nuestro tejido social y que permita nuestro desarrollo, sin duda que ayudará” sostiene el Canciller Celso Amorín. En el gobierno brasilero, como en toda burocracia de gran magnitud, hay opiniones más cercanas y afines con Estados Unidos y otras no tanto. Puede suponerse que tanto Lula como Amorín (su hombre cercano y referente en el ámbito internacional) tendrán en sus manos las definiciones más trascendentes que se tomen en los próximos años. En tal sentido, Néstor Kirchner y el canciller Rafael Bielsa, transmiten una sintonía de criterios que a grandes rasgos se observa armoniosa. Después de un tiempo prudencial en el poder, Lula Da Silva necesita dar señales claras de generar contextos propicios para desarrollar la región. Su perfil de líder en el Cono Sur así lo requiere. Kirchner, por su parte, procura agregarle a sus acciones, retóricas en temas como caso Amia, re-negociación con empresas de servicios públicos o movimientos de la cúpula militar, una capacidad de acción en el área comercial y política de la región, más convincente. Ø
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