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¿inALCAnzable? Imprimir E-Mail
Escrito por Luis Alberto Lecuna   
lunes, 01 de diciembre de 2003
Los esfuerzos por crear y poner en funcionamiento la llamada Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) generan una encendida oposición en América Latina. ¿Progreso para nuestros pueblos o profundización de la dependencia?

Como todos sabemos, hay varias maneras de leer un texto. Una cosa es leerlo y digerir tal cual lo que dice, y otra cosa es tratar de comprender e interpretar lo que pretende decir su mensaje subyacente, aunque no esté escrito. Es decir, lo que hay detrás del texto. Eso es justamente, leer entre líneas. Hurgar lo implícito que está escondido tras lo explícito.
Bueno es reconocer que muchas veces es muy fácil (por lo evidente del caso), leer "entre líneas" y/o detectar una "fe de erratas". Pero otras veces no lo es tanto, especialmente cuando lo que está en juego es el futuro y la calidad de vida de millones de personas.
La “fe de erratas” generalmente obedece a errores de tipeo que obligan a agregar al volumen impreso, una hoja aclarando: “Donde dice tal cosa, debería decir esto otro”. Claro, esto sin llegar al extremo de un famoso volumen de poemas del diplomático, abogado y escritor mexicano Alfonso Reyes Ochoa, que provocó oportunamente un mordaz comentario del peruano Ventura García Calderón: "El amigo Reyes acaba de publicar un libro de erratas acompañado de algunos versos...” Y esta cita no es casual: todo lo escrito sobre la importancia de la conformación del ALCA, está sujeto a interpretaciones, consideraciones y erratas que bien pueden exceder en volumen a los textos oficiales.
Para los lectores de EL SUPLEMENTO que desde hace años tienen la paciencia y generosidad de seguir al autor de estos artículos, le resultará familiar un tema recurrente en ellos. Me refiero a esta casi obsesiva intención de ver todo lo que pasa a la luz de “la defensa de nuestros intereses nacionales estratégicos”
Desde la retórica oficial, el ALCA asegura la “libre circulación sin aranceles ni trabas aduaneras, de capital y mercaderías desde Tierra del Fuego hasta Alaska”. Pero una interpretación de esto sería que por ende, no existirán medidas de protección de las industrias y productos de los países emergentes, cuyas economías son absolutamente endebles comparadas con la de EE.UU.
Desde la dialéctica de sus mentores, el ALCA es sinónimo de libertad: libertad de comercio y libertad de circulación de bienes, pero la entrelínea y la fe de erratas nos recuerdan que esto es una verdad a medias, porque no implica -por ejemplo- libertad de circulación de trabajadores por los países signatarios. Al contrario: las barreras migratorias son cada vez más estrictas en Estados Unidos.
Donde dice: “El ALCA es un gran mercado que se abastecerá a sí mismo”, también debería decir: “A EE.UU. le interesa porque se evitará la competencia de productos de Asia o Europa”.
Por eso las preguntas del millón son: ¿El ALCA asegurará la defensa de nuestros intereses estratégicos, nuestra soberanía e identidades nacionales y el cuidado del medio ambiente? La integración que plantea el ALCA ¿por qué no es explícita también en cuanto a lo social, a lo cultural, y sobre el bienestar de nuestros pueblos? ¿Por qué en países como el nuestro son afectos a la implementación del ALCA los políticos y empresarios que se enriquecieron con las políticas neoliberales mientras, a la vez, se incrementaban la exclusión social, el desempleo, la indigencia y la inseguridad hasta límites nunca vistos?
“Igualdad de trato para todas las empresas en un ámbito de libre mercado sujeto al libre juego de la oferta y la demanda”, es lo mismo que decir a los seres marinos: “El océano es de todos ustedes” Y como bien sabemos, desde que el mundo es mundo, el pez grande se come al chico... O es como decir a los animales de la selva: “La jungla es para todos”. Y ya sabemos lo que es la Ley de la selva...
Dicho de otro modo, en un ámbito de pretendida igualdad pero con distintas potencialidades, la precarización del trabajo estará a la orden del día bajo la amenaza de irse el capital inversor a otro lugar más favorable. Además, los grandes grupos económicos literalmente destruirán a las PyMEs. En el caso de Argentina, devastada en este sentido por la “impronta Menem”, un millón y medio de personas más quedarían sin trabajo, al caerse las PyMEs que sobrevivieron al menemato.
¿Cuál sería una alternativa soberana a la imposición del ALCA tal cual se pretende hacerlo funcionar? Por ejemplo, un ALCA con libertades en amplio sentido, que garantice que todos seamos ciudadanos de primera y estén dadas las seguridades para que nuestros países no sólo sean proveedores de materia prima sin valor agregado, sino que también puedan desarrollar sus industrias de base, y elaborar productos elaborados.
Las corporaciones y empresas que digitan los destinos del gran país del Norte, desde luego no tienen en cuenta los conceptos de los Jefes de Estado de Europa, cuando decían en Maastrich que “La Unión Europea, antes que un acuerdo comercial, es un tratado de integración global, esencialmente sociocultural”.
Otra pregunta cuya respuesta me encantaría conocer, es qué postura tomarían los próceres que pensaron la “Patria Grande” americana, con respecto al ALCA y al MERCOSUR. ¿Cuál sería la visión de San Martín, Artigas, Bolívar y O'Higgins? ¿Pensarían individualmente, defendiendo exclusivamente los intereses de sus respectivos países, u obrarían en sus decisiones en función de la integración latinoamericana?
Porque seamos sinceros: una es la integración americana que pensó el presidente Monroe, y otra la que pensó Bolívar.
Y siguen las preguntas: ¿cuáles son los capítulos del tratado del ALCA en donde se contemplan el freno a la destrucción de la capa de ozono, a la agresión ecológica con el uso abusivo de los recursos naturales, y donde se tenga como idea rectora el que todas las políticas apunten a implementar medidas que garanticen una existencia humana digna para todos los habitantes de los treinta y cuatro países que conformarían el ALCA?
Hasta la misma Iglesia Católica se opone a “este” ALCA sin integración sociocultural y sin igualdad de oportunidades, alertando que su concreción implicaría mayor nivel de pobreza, mayor desigualdad sociales y mayor desequilibrio económico.
Las políticas neoliberales implementadas en la mayoría de los países latinoamericanos han incrementado la desigualdad social. Mientras las clases acomodadas se solazaban de tener en las góndolas de los supermercados todo tipo de productos extranjeros, las empresas nacionales elaboradoras de alimentos iban desapareciendo, y con ello, aumentaba el desempleo y la indigencia a los límites alarmantes que hoy conocemos.
Este ALCA no significa integración continental en equidad cultural, social, política y económica. Y como está planteado, para nuestros países equivale a explotación intensiva de sus recursos naturales y depredación del medio ambiente para brindar materia prima y mano de obra barata para el Norte industrializado.
Para nuestros países, la alternativa al ALCA es -desde luego- un MERCOSUR que funcione.
Que alguien me convenza de lo contrario: mientras el MERCOSUR fue gestado a punto de partida de los intereses regionales de países como Brasil y Argentina, el ALCA se gestó como idea a partir de las necesidades de expansión comercial de EE.UU.
El tema es cuánto está dispuesto a ceder EE.UU. ante las exigencias de los países latinoamericanos, para la implementar un tratado que es vital para un país que está sometido a una severísima competencia, a la disminución del poder adquisitivo de su dólar frente a monedas como el euro, a una deuda externa colosal, y a una balanza comercial fuertemente negativa frente a los bloques que conforman Eurasia.
¿Y qué tan libre sería el comercio? ¿No se trataría acaso una libertad unidireccional? Por lo pronto, la idea es que EE.UU. mantendrá los aranceles a importaciones de productos donde no es competitivo y continuará con subsidios a su agricultura. El 85% de los productos argentinos estarán abiertos al “libre comercio”. Lástima que en el 15% restante están los más importantes, como buena parte de nuestros productos agrícolas y el acero.
Para la Argentina, que es uno de los cinco mayores productores mundiales de alimentos, ¿qué beneficio le da que estén fuera del “libre comercio”, productos en los que somos líderes y competitivos como con la miel, el limón, la soja, el girasol, los distintos tipos de aceite, las manzanas y las peras?
Además, las corporaciones estadounidenses también tendrán bajo la manga, y a su disposición, algunas cartas claves como la legislación antidumping y estrictas restricciones en materia de "sanidad" para reducir importaciones de ganado y sus derivados cárnicos.
Una encuesta realizada a fines del mes pasado en universidades argentinas, ha dado una abrumadora mayoría de opiniones en contra de un ALCA como el que se viene proponiendo.
Se me ocurre aventurar que serán algunos objetivos estratégicos para potenciar el ALCA:
A) Lograr minar de mil maneras el afectio societatis entre los países que conforman el MERCOSUR, y sus socios potenciales.
B) Intentar derivar a otros ámbitos de discusión como la Organización Mundial del Comercio (OMC), los puntos en que EE.UU. no cederá, como es el caso de los subsidios agrícolas.
C) Se seguirá haciendo caso omiso a decisiones como las de la Ronda Uruguay cuyo Acta Final ww.sice.oas.org/trade/ronda_ur/30.asp dice entre otras cosas: “se prestará especial consideración a los intereses exportadores de los países menos adelantados”
D) Implementar la parábola de la “rana hervida”, que cita Peter Senge en “La Quinta Disciplina”: si quieres hervir una rana, y la pones en el agua hirviendo, lo más seguro es que la rana salte y se aleje apresuradamente. En cambio, si la pones en el agua fría, la rana retozará, pero al encender el fuego a mínimo, el agua se irá entibiando, y cuando se quiera acordar, la rana ya estará cocinada.
Mientras no se trate de un verdadero acuerdo de integración social, cultural, comercial, como lo es el Mercado Común Europeo, el ALCA será “inALCAnzable”... Y si se llega a él -como pretenden ciertas corporaciones norteamericanas-, lo definitivamente inalcanzable será un futuro promisorio para los países al sur del Río Grande. Ø

 
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