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En unos pocos días me sorprendieron varios hechos que se suman a otros que se vienen observando desde hace ya varios años en nuestro país. Hechos en los que algunos de los protagonistas tienden a comportarse con mezquindad, con soberbia y una “habilidad” asombrosa para esconderse. Eludiendo responsabilidades frente a los demás. El primer caso: Se generó un conflicto entre las empresas recolectoras de residuos en el conourbano bonaerense, sus empleados y los gobiernos municipales. Las empresas concesionarias del servicio decidieron aumentar el precio a los municipios como consecuencia de la elevación sufrida en su estructura de costos por, entre otras razones, la devaluación. Dicha actitud no fue planteada en su debido momento a los intendentes y estos rechazaron tal acción porque terminaba redundando en el bolsillo del vecino con un aumento de los impuestos. Por ello, se inició un paro general y cada gobierno local buscó seguir recolectando basura y barriendo las calles utilizando personal municipal. Lo cierto es que durante los días del conflicto ningún gerente de esas firmas dio la cara ante la población y las autoridades. Brillaron por su ausencia. Como si no tuvieran ninguna culpa en esta cuestión. Otro caso, en un ámbito muy distinto, fue el de Carlos Tevez. El futbolista de Boca se encontró con el llamado para integrar la selección sub 20 que viajaba al mundial de la categoría. Lo más lógico era esperar que, una vez evaluado su estado de salud por el cuerpo médico de Boca y el Seleccionado, la dirigencia de Boca facilitara la llegada de Tevez al predio de la AFA. O, por el contrario, explique las los argumentos por los que no cede al jugador. Pero no; como los gerentes arriba mencionados, la dirigencia de Boca también brilló por su ausencia. Se escondió. Expuso al jugador a decidir y hablar ante los medios de prensa. En una tremenda soledad. Generando una polémica que moría rápido en una actitud clara de los hombres que lideran (o creen liderar) Boca Juniors. Nada de eso. Por supuesto, no faltó la palabra de Julio Grondona. Individuo al que la ola del “QUE SE VAYAN TODOS” no lo alcanzó, lamentablemente para los que quieren de verdad al fútbol. Grondona habla de la AFA como si fuera su finca. Y en verdad no es tan distinto si vemos cómo los otros dirigentes de los clubes lo siguen como ganado, como tiernas y obedientes ovejitas. Me pregunto en dónde está el supuesto liderazgo de Mauricio Macri en esa institución si cuando las papas queman él no aparece. Tampoco Digón, Salvestrini y cía. El tercer caso es el de un juez: Adolfo Vázquez, integrante durante muchos años de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Al prestar testimonio ante la Comisión de juicio político de la Cámara de Diputados de la Nación se mostró más que molesto ante las preguntas de los periodistas. En una situación tan trascendente para toda la ciudadanía argentina, para nuestra sociedad, el susodicho parecía hablar a desgano, con poca paciencia y en un tono hostil. Tanto tiempo tuvo Vázquez para hacer uso de sus privilegios como integrante de la Corte y ahora que se le reclama rinda cuentas de su labor el individuo parece apurado por ir a almorzar o hacer quien sabe que cosa. ¡Una horrorosa vergüenza! Nos hemos acostumbrado a ver cómo desde la empresas que brindan servicios públicos (sí, ¡públicos!), las dirigencias y las autoridades de cualquier sector se niegan a dar la cara. Rechazan rendir cuentas. Porque cada vez que un referente se dispone a declarar ante medios, en realidad está haciendo parte de su trabajo, que es describir qué hace y por qué. Es decir, devolver un poco de claridad respecto de su propia permanencia en un cargo. Si se habla de “el país que viene”, entonces deberíamos plantearnos si en ese país que empieza a modificar cosas importantes no es imperioso obligar a los referentes a tomarse todo el tiempo necesario para explicar sus tareas. Pues tarde o temprano, los resultados de ello nos alcanzarán a todos. Ø
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