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En los años 20, los varones comienzan a sentir que tienen, y pueden, estar más cómodos para moverse y trabajar: se empieza a usar corbata en vez de moño, debido a la influencia del cine. Con el llamado “star system” (Hollywood, 1925), comienza una nueva etapa en el medio audiovisual: su articulación con la moda es cada vez mayor. Entonces, ellos sienten que pueden ser como los actores por los cuales las mujeres suspiramos y soñamos. Se dijeron: para conquistar chicas hay que estar a la moda. Muchos directores de cine provienen de la industria textil, así que no es loco que enfatizando el vestido, el lenguaje fílmico llegue con más fuerza. El corpiño toma la delantera, los corsés ajustados y las largas faldas que martirizaban a nuestras tías solteronas hasta 1925, se tiran por la ventana y comienza una verdadera revolución: se adopta el sostén, como el atuendo más sensual, práctico y sorpresivo en el momento de mostrar la osamenta. Las féminas comienzan a lucir la desnudez de sus brazos y llevaron las polleras hasta las rodillas. Imaginen que esta moda provocó otra industria: la de la depilación. En este preciso instante los varones miran para otro lado porque este tema es cosa de mujeres. Las primeras depilaciones, dicen, no fueron químicas sino con finas hojas de afeitar, importadas de Francia. ¡Qué dolor! Presas de una aventura que no tendrá fin, hacia 1930 se pone de moda el traje sastre y la falda larga se usará sólo en acontecimientos sociales de alta alcurnia. Como en los piringundines milongueriles, en todo el planeta occidental, las percantas salieron a lucir sus piernas. El corpiño nace en 1914. La estadounidense Mary Jacobs patentó el sostén -o corpiño- que reemplazaría para siempre al incómodo corsé con ballenitas. Chica piola como pocas, lo patenta pero no lo inventa. Parece que el invento le perteneció a un caballero. Para 1920 los flecos acompañan al corpiño. Entonces comienza la Era de La Silueta. La mujer se hace completamente lisa, predominando un look unisex o “andrógino” que no marca el pecho ni la cintura por medio de los corsés alisadores. Se elimina la falda larga y con los diseños de Chanel, las mujeres comienzan a vestir prendas unisex, como el jersey. Estos “años locos” desatan la fiebre de vivir al máximo como respuesta a la polémica Ley Seca, que prohibía el consumo de alcohol en EE.UU. Fue la época del Charleston, los músicos de jazz y el pelo corto para las mujeres. Pero en el tango acunado por el romanticismo de “A media Luz” (1925, de Donato Lenzi) “Amurado” (1925, por P. Laurenz-De Grandis), la emoción contenida en “Canaro en París” (1925, de Scarpino) y por dos joyas “Caminito” (1926, de Filiberto) y “Bandoneón arrabalero” (1928, Letra de Pascual Contursi y música de Deambrogio (Bachicha) también sigue su avance. Dos orquestas nuevas, dirigidas respectivamente por Juan Carlos Cobián y Osvaldo Fresedo marcan una división de aguas en la música y los arreglos tangueros. La Cumparsita, del uruguayo Gerardo Mattos Rodríguez, arrasa con todos los temas conocidos y se difunde no sólo en el Río de la Plata sino también en Europa. Entre el champán, los flecos y los corpiños, el afán femenino y feroz, premia a la mujer de encanto y al varón de amor. Ø
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