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Cuando empecé esta nota se me cruzaron un montón de títulos trillados para ésta: que ya no es el virrey sino el rey; que para cuándo la selección, o el último emperador. Pero me di cuenta de que ninguno de ellos graficaba exactamente lo más importante de este súper técnico: su condición humana. En el periodismo, salvo algunos chupamedias del trinomio Grondona-Bilardo-Avila, todos reconocen este importante detalle en este porteño nacido un 26 de abril de 1949. Quizás esta cualidad es la que lo tuvo siempre lejos de la selección, tanto como jugador como técnico. Como futbolista fue uno de los máximos artilleros de nuestra historia con 206 goles jugando en Argentina, y 392 en total, sumando sus años en Francia. Como técnico es el más exitoso de la historia, siendo el más ganador a nivel mundial de intercontinentales y libertadores con 3 y 4 trofeos respectivamente. Sumados sus pasos por Vélez y Boca lleva ganados 15 títulos. Y con todo esto jamás le llegó un ofrecimiento. Trapos sucios se lavan en la A.F.A, tantos que quizás un tipo como él, jamás aceptaría. Muchos intentan explicar sus logros desde el lado de la suerte, tratando de menospreciar su capacidad, ¿pero se puede explicar desde la suerte esta seguidilla de diez años con quince logros? Pero para desentrañar esto, es bueno hacernos ciertas preguntas, como por ejemplo: ¿por qué sus dirigidos siempre le responden? Y la primera respuesta es por respeto. Les va siempre con la verdad a sus dirigidos y siempre va a poner al que esté mejor. También se ha ganado el respeto de sus rivales y es porque sus equipos no gozan a un rival por más que estén goleándolo. Alguna vez se lo escuchó retar a sus jugadores en un partido ganado por 6 a 2 cuando empezaron a tirar tacos y florearse. Otros técnicos como Menotti dicen acerca de Bianchi lo siguiente: “Honra la profesión; su estilo es simple, no le pide nada raro al jugador, no se vende, no aparece en TV y no hace payasadas”. Pero el hecho de que sea “simple para explicar” no significa falta de conocimiento. Bianchi es un obsesivo de la táctica y analiza muchos videos, pero no martiriza a sus jugadores mostrándoles las 200 horas de video. Los mira y analiza con algún colaborador pero al jugador le indica un par de puntos que deberán respetar y algún que otro defecto del contrario para explotarlo. Pero eso sí, concentración total todos los minutos que dure el partido, éste no está definido hasta el pitazo final. Además, no trata de inventar nada; para él ya está todo inventado. Lo que sí impone es que hay que aprovechar al máximo todas las posibilidades. Bianchi jamás pondría a Balbo de marcador de punta, ni a Riquelme de número cinco y mucho menos decir que juega con tres defensores atrás (cuando en realidad lo está haciendo con cinco, porque dos de los medio campistas son defensores natos) como hacen algunos de los “estudiosos” del fútbol, que más que estudiosos, parecen letrados en el verso. Por ser como es hay muchos que siempre están a la espera de un fracaso suyo para destrozarlo, Y así fue cuando no le fue bien en Roma. Decían cosas como que “sólo tenía chapa para dirigir un club de barrio como Vélez”. Pero Bianchi, sin proponérselo, les tapó la boca a todos, justamente dirigiendo a Boca y de la manera que mejor sabe hacerlo: ganando títulos con la humildad que lo caracteriza y trabajando como el que más, sabiendo que ése es el mejor ejemplo para sus dirigidos. Hace poco -y para ir cerrando- las autoridades de la ciudad de Buenos Aires lo nombraron Ciudadano Ilustre de la Ciudad. Este es un premio merecido para este ex-gran jugador y director técnico que, ante todo, es un gran tipo. Ø
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