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El precio de la carne y una lucha “bien alimentada” Como en el caso Shell por el precio de la nafta, el presidente Nestor Kirchner instó a la ciudadanía a comprar menos carne si aumentan los valores para su consumo. El tema ocupa la agenda de medios de prensa con permanencia, siendo la carne un producto muy importante en la vida cotidiana de millones de argentinos.
En estos días, José Mattievich (empresario frigorífico y presidente de Matievich S.A.) firmó una nota de opinión en el suplemento rural de un diario de Buenos Aires. Señala allí varios puntos a resolver para dar solución a este problema. Por ejemplo: 1. Promover la rotación como manera de proteger la tierra. 2. Controlar el comercio de media res, que origina puchero caro en los barrios pudientes y lomo barato donde la gente no lo puede comprar. 3. Suspender ya mismo la prohibición de matar animales de menos de 300 kilos. 4. Instrumentar un plan de mediano plazo para promover la cría de ganado y llegar a un objetivo de 70 millones de cabezas. 5. Legislar para equiparar la calidad del consumo interno con el externo, que es la única manera de transformar a la Argentina en un proveedor de productos con alto valor agregado. Matievich sostiene que “la salida sólo se puede pensar si sacrificamos algo todos: los frigoríficos, los ganaderos y también los consumidores. La salida es conseguir con políticas activas, que crezca el número de vacas, sobre todo de vientres. La Argentina no crece en vientres reproductores porque el espacio para que crezca lo ocupa la agricultura, sobre todo la soja, que aún con retenciones es más rentable”. Y agrega: “Para que se roten los cultivos, el gobierno debe considerar a la tierra como un bien público aunque tenga dueños privados. La falta de rotación agota la tierra. Hasta el Grupo Aapresid, que promueve la siembra directa, cree que hay que proponer arrendamientos de no menos de cinco años, para que el arrendatario no agote el manto de humus en pos del beneficio inmediato”. La perspectiva de este empresario debe ser escuchada por el Presidente y por sus colaboradores. Pero también hay un Congreso Nacional que tiene que estar a la altura de las cincunstancias y las urgencias del país. Esto no ocurre hace muchos años, tanto en el ámbito nacional como en los congresos provinciales y en no pocos concejos deliberantes locales. El problema está en las mayorías de las cámaras de representantes, que no son capaces de marcar un camino independiente de otros sectores, incluyendo los ejecutivos, la oposición y las corporaciones nacionales y locales. La cultura del trabajo debe llegar como “siembra directa” a la conciencia de diputados, senadores, legisladores y concejales. Para eso fueron elegidos. ¡Es el verbo legislar el que deben aprender a conjugar! Tenemos una dirigencia política y una idiosincrasia que hacen imposible la supervivencia de presidentes que no tengan profunda vocación de poder. Es por eso que si Néstor Kirchner actúa rigiéndose sólo por las formalidades institucionales de su cargo dura dos días en el gobierno. El lo sabe. Si, por otra parte, actúa siguiendo sólo sus deseos y convicciones personales, la telaraña del “establishment” de cada sector lo atrapará en un tiempo menor a su período actual de gobierno. Ojalá lo tenga claro. Tenemos en la Argentina del 2006 una sociedad que no reconoce término medio. En materia de control y poder te parecés a De la Rúa o te parecés a Menem. Si un presidente aparece como frágil frente a las presiones será “un De la Rúa más”; en cambio, cualquier actitud que genere protagonismo público, será visto como una muestra de fortaleza del mandatario de turno. ¡Porque no estamos en Chile! Reconozcamos que el país trasandino está por lo menos dos escalones más arriba que el nuestro en cuanto a la madurez de sus instituciones y la relación de sus dirigentes con la comunidad. Tenemos en la Argentina del 2006 una sociedad que debe educar su consumo por tres razones: 1- por salud y calidad de vida; 2- por ejercer y hacer valer su poder de compra en el mercado local; 3- por la necesidad de considerar el futuro escenario de consumo mundial (esto incluye uso de combustibles, alimentos y agua potable). Hay algo de carnívoros en todos nosotros, los argentinos. Pero hay mucho más de caníbales entre nuestros dirigentes. Ambas características deberán modificarse. Ø |