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José de San Martín y Martín Miguel de Güemes |
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Escrito por María Cristina Fernández
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domingo, 01 de febrero de 2004 |
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Febrero: mes aniversario del nacimiento de dos próceres a los que la patria les debe su independencia Evocar a San Martín y a Güemes, es evocar el largo camino hacia la libertad y la independencia iniciado en mayo de 1810. José Francisco de San Martín nació en Yapeyú, Corrientes, el 25 de febrero de 1778. Martín Miguel Juan de Mata Güemes nació en Salta el 8 de febrero de 1785. Ambos ingresaron al ejército siendo aún niños: Güemes a los 14 años y San Martín a los 12. Se destacaron desde cadetes y realizaron una brillante carrera militar, obteniendo cada ascenso por mérito propio. Se conocieron en 1813, en Buenos Aires, luego del regreso de San Martín. Entonces nació la amistad que el tiempo consolidaría. En esa época, la vida de los pueblos alternaba entre una paz tensa y las batallas. Era tiempo de valientes, de heroicas entregas que no podemos relegar al olvido porque en ellas se cimentó nuestro destino. Tiempos de sacrificio, de amor inclaudicable, de temple de hombres que movilizaron a los pueblos en defensa de la Libertad ansiada. Y detrás de todo hombre hay una mujer, una familia. San Martín se casó a los 34 años, en 1812, con Remedios Escalada, de 15 años. Tuvieron una sola hija, Mercedes Tomasa. Güemes se casó en 1815, cuando gobernaba la Intendencia de Salta, a los 30 años, con María del Carmen Puch, de 18 años. Tuvieron 3 hijos: Martín del Milagro, Luis e Ignacio. Las esposas y los hijos de ambos vivieron a la sombra, acompañando a sus hombres desde la distancia. Remeditos falleció de tisis a los 25 años, sin ver a su esposo por última vez. Martín Güemes murió en el monte, lejos de su Carmencita, que murió de pena 10 meses después que él. El proceso iniciado en 1810 culminó en 1825, cuando fue eliminado el último foco realista, encabezado por Pedro de Olañeta. Olañeta fue un enemigo acérrimo de Güemes. Bajo sus órdenes actuó el autor de la emboscada del 7 de junio de 1821 durante la cual fue herido Güemes. Durante su agonía se intentó comprar a Güemes en dos oportunidades y pese al cruel sufrimiento que durante 10 días lo mantuvo inmóvil en un catre, a la intemperie, su último acto de lucidez fue para pedir a su gente que le jurara que lucharían hasta librar al país de la opresión. A los 36 años se convirtió en el único general argentino caído en acción de guerra externa. Cuando San Martín proclamó la Independencia de Perú quedó sin apoyo y bajo presión constante. Al salir de Lima dejó en su reemplazo a uno de sus oficiales, que fue vencido, motivando a los peruanos a solicitar el auxilio de Bolívar y Sucre. Ellos completaron la labor iniciada por San Martín y Güemes, sin el largo desgaste que sus ejércitos habían sufrido. En consecuencia, la liberación del Perú provino de otros rumbos, el Alto Perú se constituyó en estado independiente; Salta perdió su salida al Pacífico por Atacama y también perdió Tarija. La salud de San Martín (como la de Güemes) era precaria. San Martín padecía asma bronquial, úlceras, tifus, fiebres repentinas, reumatismo y gota, enfermedades que lo llevaron al borde de la muerte en varias oportunidades. Al cruzar los Andes soportó estoicamente el apunamiento, la fiebre y los ataques de nervios que afectaban sus úlceras. Su cuerpo, apenas respondía y a duras penas se mantenía sobre la montura. Durante el segundo cruce de la Cordillera, fue transportado en andas por una caravana de 60 granaderos. Güemes padecía de paludismo, problemas respiratorios y hemofilia. Aún así, el accionar de los dos próceres fue conjunto: mientras San Martín libertaba Chile y avanzaba hacia el Perú, Güemes detenía el avance de poderosos ejércitos realistas que intentaban llegar a Buenos Aires y recuperar el poder. Al San Martín enfermo pero heroico le rinden tributo y honores 3 países que mucho le deben: Argentina, Chile y Perú. Tras 26 años de exilio voluntario, cargado de achaques y sumido en olvidos, ingratitudes y hasta agravios, José de San Martín cerró sus ojos a los 72 años, en Francia. Treinta años después sus restos fueron trasladados a la Catedral de Buenos Aires. En los símbolos salteños, el pueblo mantiene viva la memoria del Gral. Martín Miguel de Güemes, de quien este 8 de febrero se recuerda el 219º Aniversario de su nacimiento. Puede decirse que el poncho y la bandera de Salta sintetizan la epopeya encabezada por el prócer. En ellos la Patria recuerda a sus héroes mártires. La bandera de la provincia de Salta tiene los colores gauchos. El rojo recuerda a los caídos en la larga lucha; el negro, el luto. Al centro, parte del escudo de la Provincia, rodeado por 23 espuelas doradas que representan a los departamentos. La espuela central, plateada, representa a la capital y recuerda una condecoración ideada por Belgrano para los patriotas salto-jujeños que defendieron la integridad territorial durante 11 años. El celeste representa la nobleza, el dorado la riqueza de nuestro suelo. Ø
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