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40 Años no es nada Imprimir E-Mail
Escrito por Lucio Arce   
lunes, 01 de marzo de 2004

El 7 de febrero de 1964, The Beatles aterrizaban en New York para iniciar la segunda conquista británica de América y cambiar el mundo para siempre.

Para 1960 el rock and roll norteamericano se encontraba en un saludable estado de coma. Elvis regresaba manso y tranquilo de Alemania después de dos años de servicio militar. En el '57, temeroso del infierno, Little Richard decidía dedicarse a la religión. En el '58, la carrera de Jerry Lee Lewis terminaba abrupta y prematuramente tras su casamiento con una prima de 14 años. En el '59, Buddy Holly fallecía trágicamente al estrellarse la avioneta en que viajaba. Ese mismo año, Chuck Berry iba preso por abusar de una menor.
Los padres de una de las expresiones culturales más originales y audaces que ha dado este país habían sido reemplazados por pulcras y blancas versiones a cargo de artistas como Fabian, Bobby Vee y Pat Boone.
Por suerte, muchos de sus discos (junto con otros de blues) habían logrado cruzar el Atlántico, llegando a manos de adolescentes británicos que los escuchaban con verdadera devoción. Eran jóvenes que habían nacido al amparo de los bombardeos nazis, parte de una clase media criada bajo la austera luz de la Europa de la posguerra.
Algunos, después de escuchar cantar a Elvis y a Chuck Berry tocar la guitarra, decidieron inmediatamente cuál sería el rumbo de sus vidas. Uno de ellos se llamaba John Lennon, y pensó que una buena alternativa a trabajar en el puerto de Liverpool era crear una banda de skiffle, una forma primitiva del rock, popular en la Inglaterra de los '50. Además, era una buena forma de conseguir chicas.
El 6 de julio de 1957, su grupo -The Quarrymen- se presentó en la kermés de Saint Peter's Church, en el suburbio liverpulense de Woolton. Lennon tenía 16 años. En la audiencia había otro joven que también tocaba la guitarra, pero no tenía grupo. Se llamaba Paul Mc Cartney, tenía 15 años y aunque notó que él tocaba mejor que John, quedó muy impresionado por su actitud.
Al terminar la función, un amigo en común los presentó. Paul felicitó a John y le contó que él también tocaba. Enseguida apareció una guitarra y Paul se lució con su versión de “Twenty Flight Rock”, con todos los acordes. Lennon no lo dudó: “¿querés tocar con nosotros?”. Disimulando su emoción, Mc Cartney dijo que lo iba a pensar. Se sumó a los Quarrymen al día siguiente.
Al poco tiempo le contó a Lennon que él conocía a otro que tocaba la guitarra mejor que ellos dos, aunque sólo tenía 14 años. Se llamaba George Harrison y el padre era colectivero. Cuando fueron hasta su casa para escucharlo, George no podía creer que uno de 16 y otro de 17 le prestaran atención. Procurando sosegar sus nervios, les mostró su versión de “Raunchy”. John miró a Paul. Paul miró a John. Los dos miraron a George: “¿querés tocar con nosotros?”. En ese momento, a ninguno de los tres se le ocurrió pensar que iban a cambiar el mundo.
La búsqueda de un baterista (que tuviera batería) resultó por demás difícil. Hubo 3 viajes a Hamburgo, en donde tocaban en cabarutes seis días a la semana, seis horas cada noche sin parar. Cuando regresaron a Liverpool, a nadie se le escapó la diferencia. The Beatles estaban listos. Su manager, Brian Epstein llevó su demo por todas las disqueras de Londres. La última los aceptó. Con el primer contrato despacharon al baterista Pete Best (según Lennon, no era un Beatle) y llamaron a Ringo Starr, que sí lo era. Ya corría 1963. Pronto, el impacto que habían tenido en Liverpool se propagó por todo el Reino Unido.
Durante la primera semana de febrero de 1964, “I want to hold your hand” llegó al número uno en los Estados Unidos. El 7 de ese mes, The Beatles aterrizaron en New York. La juventud norteamericana, que todavía no empezaba a comprender el asesinato del que tenía que ser el líder de la década, John Kennedy, los recibió como a los mesías de una nueva cultura. El 9 debutaron en el Ed Sullivan Show para una audiencia de más de 73 millones. Durante la transmisión, el promedio de crímenes fue uno de los más bajos de la historia. Ese mes, el 60% de los discos (los de vinilo) vendidos en el país, eran de The Beatles.
Además de “I want to hold your hand”, traían “She loves you”, “All my loving”, “I saw her standing there” y muchas más. Simples canciones de amor interpretadas con una energía nueva y original. Fueron la inspiración de miles de jóvenes para tomar una guitarra y recomenzar el ciclo de tocar y cantar para ganarse la vida y conseguir chicas. Sin proponérselo, marcaron una nueva dirección para su generación y muchas que vinieron después. Todavía están en la radio, la televisión, las tapas de las revistas y en las listas de ventas de decenas de países. Y eso que en 1970 dejaron de ser una banda.
En un mundo en el que la próxima revolución se podrá ver en pay per view, con morteros y misiles en vivo, es bueno saber que una vez, cuatro muchachos armados con guitarras y canciones de amor, cambiaron el mundo. Ø

 
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