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Escrito por Silvia Dopacio
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lunes, 01 de marzo de 2004 |
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Una amiga me decía: -Parece que en la milonga conseguí lo que me fascinó desde la más temprana infancia: ir de los brazo de un varón a los de otro, sin que la gente comente. ¡Toda una Marilyn Tanguera! La comprendo. Es que al bailar, cada uno se mete dentro de sí, se ensimisma y siente y olvida las cosas malas que suceden afuera de ese cuadrado de baldosa que es la milonga de Buenos Aires. Es tan conmovedor un abrazo tanguero, es tan solidario, santo, milonguita, desesperado, bohemio, nostálgico, triste y sensual. Es maravilloso bailar en brazos de un varón milonguero, suave y firme a la vez. La sensibilidad es sorprendente, parece que vieran con todo el cuerpo en general y se expresan discretos pero con un gran caudal de emoción. Y eso es bueno. La emoción hace que seamos mejores personas. Entre 1860 y el 1900 había barrios que hicieron la génesis de las milongas actuales, un tanto prostibularios pero mágicos. El Parque (para las clases altas): actualmente la zona de Plaza Lavalle y Tribunales. La Boca y el Junín (para las clases populares): actual Miserere. El hueco de Lorea (para las clases altas): actual plaza del mismo nombre y plaza del Congreso. La calle del Pecado o del Aroma: Av. 9 de Julio, entre Av. Belgrano y Moreno, ex Ministerio de Obras Públicas. Los fondines de la calle Entre Ríos: actual palacio del Congreso. El almacén o alpargatería de Machado: Solís y Estados Unidos. También estaban las Academias de fin del siglo XIX que comienzan a funcionar en Bs.As. por la década de 1870. En las muy famosas de la calle EE.UU. y otra en la esquina de Pozos e Independencia, se podían encontrar a las más famosas bailarinas: la Parda Refucilo, Pepa, la Chata, Lola la Petisa, la Mondonguito, la China Venicia y María la Tero. Los cabarets, cafés, casas de bailes y otros piringundines daban el color necesario para que Buenos Aires creciera linda y loca. Discépolo supo definir al Tango como “el canto triste que se baila tal cual” Aún la metáfora de la vida cotidiana nuestra, porteños y rioplatenses, que laburamos de rey en este embate que es la vida y la emoción urbana. Silvia Dopacio, ahora La Mondonguito, desde Buenos Aires. Ø
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