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Leyendas Argentinas Hace muchos años, Neuquén (que significa poderoso, audaz) y Limay (que quiere decir muy claro, límpido) no eran ríos, sino dos jóvenes nobles, hijos de caciques que tenían sus dominios, respectivamente, en el norte y en el sur de la actual provincia de Neuquén. Eran muy amigos y siempre iban a cazar juntos. Un día, mientras cazaban, encontraron a la orilla de un lago a una hermosa joven. Le preguntaron cómo se llamaba y les respondió que su nombre era Raihué (flor nueva). Los dos jóvenes se quedaron pensando en la hermosa Raihué, y como se confesaron sus sentimientos, ya no podían ser amigos, porque cada uno de ellos temía que la joven aceptara al otro por esposo. Al verlos distanciados, las dos familias se reunieron y fueron a consultar a una maga. La “machi” les aconsejó que los muchachos se sometieran a una prueba para que el destino decidiera cuál de ellos era digno de casarse con Raihué. La prueba consistía en preguntar a la joven qué era lo que más deseaba y tratar de conseguírselo por difícil que fuese. El que lo lograse, tendría derecho a pedirla por esposa. El mayor deseo de Raihué era muy original: quería tener nada más y nada menos que un caracol para escuchar el ruido del mar. Por lo tanto, los dos muchachos tendrían que allegarse hasta el mar en busca del deseo. El primero en regresar con el regalo le declararía sus sentimientos a Raihué. Al verlos tan apurados por llegar allí, los dioses los convirtieron en ríos. Sin acordarse de lo amigos que habían sido, corrían distanciados, uno por el norte, el otro por el sur. Como pasaba el tiempo la joven creyó que ya no volverían. Se sintió culpable por haberles exigido una prueba tan difícil y, enferma de pena, volvió al lago en donde los había visto por primera vez. Allí levantó los brazos rogando a Nguenechen (dios de los mapuches) que aceptara su vida a cambio de la de ellos. Mientras oraba, se fue convirtiendo en una hermosa flor nueva de color rojo. Al enterarse Neuquén y Limay de que Raihué había muerto para salvarlos, olvidaron su rivalidad y llenos de tristeza se acercaron el uno al otro para abrazarse como hermanos. Este abrazo fraternal fue el origen del Río Negro. Ø
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