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Por la memoria de un hijo |
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Escrito por Ariel Caradonna
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sábado, 18 de marzo de 2006 |
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Cuando la sociedad Argentina tomó conocimiento del secuestro y crimen del joven Axel Blumberg, ocurrido el mes pasado, pensó que era una desgracia más que le tocaba vivir a una familia por la muerte de un ser querido a cargo de una delincuencia demencial. Nadie pensó en lo que este trágico hecho iba a provocar. A las pocas horas de haberse cometido, los medios de información fueron tras el padre de Axel que era, por haber tratado con raptores y policías, el que mejor podía informar. Allí acusó públicamente al Fiscal del caso y a toda la policía que había intervenido. Muchas cosas no le cerraban: “hice todo como me indicaron y como resultado me entregaron a mi hijo muerto”. Su lenguaje claro y desgarrador conmovió a la opinión pública. A partir de allí el caso fue un tema Nacional y no fue porque Axel era un muchacho rubio y de ojos celestes perteneciente a una clase pudiente como algunos entienden. Fue por la actitud que asumió el padre; porque en el momento más dramático de su vida no salió a pedir mano dura insensata o políticas de gatillo fácil para calmar su ira y su dolor. Con una tremenda fuerza interior escribió un petitorio bien pensado para -de una vez por todas- empezar a hacer algo para cambiar las cosas. Le pidió a la gente que por la memoria de su único hijo y por todas las muertes que la delincuencia provocó, lo acompañaran a presentarlo en el Congreso de la Nación. Fijó día y hora. Cuando un periodista le preguntó si pensaba que mucha gente lo iba a acompañar, respondió: “por supuesto, si salieron miles a la calle por dinero (corralito), cómo no van a salir por la seguridad de sus hijos”. Y no se equivocó: 150.000 personas acudieron a la cita. ¡150,000! Además, en todo el país, miles de personas se juntaron en distintos sitios con velas encendidas apoyando el petitorio y millones lo siguieron por televisión. La respuesta de la población fue clara y terminante. El Pueblo dijo BASTA. Hubo un momento mientras Blumberg leía su discurso en que la multitud comenzó a insultar a toda la dirigencia política que estaba dentro del Congreso. Este hombre, que hasta hace pocos días la sociedad no conocía, sacó a relucir sus condiciones y enérgicamente puso control a la situación diciendo con energía: “Tenemos que aprovechar esta imponente presencia humana de unión y, pacíficamente, tenemos que exigirle a toda la dirigencia política que trabaje por el bien y la seguridad del país haciendo respetar las leyes”. Toda esta simultánea e imprevista sucesión de reclamos y clamor a nivel nacional, descolocó a los políticos. Nuestros gobernantes, que están más preocupados por peleas internas y ya están pensando en la reelección más que en trabajar honestamente por el país, tomaron por primera vez conciencia de que el tema seguridad es gravísimo y si no se ocupan, la gente los va a echar a todos. Hoy, por primera vez, se tiene la sensación de que se quiere hacer algo. La banda que mató a Axel fue apresada en sólo una semana. En la primera sesión que tuvo el Congreso después del reclamo popular, se aprobaron alguna de las propuestas del petitorio. Los medios de información están sacando a la luz hechos delictivos gravísimos que en su momento no se informaron como realmente fueron o bien ni siquiera se dieron a saber. La gente está corroborando lo que venía sospechando de hace tiempo y es que en todos los cuerpos, malos policías se pasaron al otro bando para delinquir. La socióloga Alejandra Vallespir en su libro “La policía que supimos conseguir” resume esto a lo siguiente: “la estructura que se usa para combatir el delito, se usa para cometerlo. Los de Robos y Hurtos, roban y hurtan. Los de Narcotráfico, trafican drogas. Los de Robo de Automotores, roban automotores y los de Defraudaciones y Estafas, estafan”. Ahora podemos agregar que el cuerpo Antisecuestro, secuestra. Lo terrible de todo esto es que la crisis terminal que amenaza a la policía no ha sido por pasividad, sino por la directa intervención del poder político representado en por el presidente, por gobernadores, ministros e intendentes. Por fortuna, al Sr. Blumberg no lo motivan apetencias políticas. Es un simple padre que juró -por la memoria de su hijo- trabajar para que el martirio que vivió su Axel no lo sufran otros. Sabe que el camino será duro y difícil, porque el enemigo es fuerte y tiene poder, pero este hombre tiene mucha percepción y sentido común, algo que hoy escasea. Justamente cuando le dijeron que el Jefe de Seguridad sería León C. Arslanian, manifestó su disconformismo diciendo que un profesional que defendió a un estafador como Alderete (estafó a millones en el PAMI) no está a la altura del cargo. No obstante le dijo, personalmente, que no iba a entorpecer su trabajo pero que iba a controlar su gestión muy de cerca. Sorprende la fuerza de este hombre y al mismo tiempo contagia. Miles de voluntarios hacen circular su petitorio por todo el país. Ya se han logrado 3.000.000 de firmas y se calcula que serán más de 4 millones. En los partidos de la Pcia de Bs. As., en donde la delincuencia es feroz porque hay “zonas liberadas”, el reclamo de la gente es cada vez más fuerte y su sola presencia convoca a miles de vecinos. Sus propuestas son múltiples y factibles: propone, entre otras cosas, que a los comisarios y fiscales los elijan los vecinos según los antecedentes. Propone también crear un jurado al estilo Norteamericano y copiar y adaptar los sistemas que funcionan en otros países del mundo. Sostiene que si todos nos proponemos controlar y exigir a los responsables, el resultado tiene que ser bueno. Estas son algunas de las muchas propuestas que tiene. Algunas se aprobarán, tal vez otras no, pero lo más rescatable de todo esto es que mientras existan ciudadanos como el Ing. Juan Carlos Blumberg, la luz de la esperanza para combatir la impunidad, no se apagará jamás. Ø
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