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El 25 de mayo, La plaza volvió a la gente... y viceversa |
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Escrito por Walter Kaderabek
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miércoles, 30 de junio de 2004 |
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Amaneció, como hace 194 años, con cielo cubierto y una llovizna persistente. Sostenida. La agenda marcaba lo habitual en cada 25 de mayo: Tedeum, recibimiento a delegaciones extranjeras en nuestro país, etc. Kirchner cumplía su primer año de gestión y, si bien no dudó en participar de las actividades previstas, siguió gambeteando parte del protocolo en la medida que pudo. Pero lo distinto de este nuevo aniversario de la Revolución de Mayo pasó por el festival que oficialmente se anunciaba en la plaza. Un cronograma que empezaba a las doce con un regalo para los más chicos: Piñón Fijo. Luego una larga lista de artistas populares como Víctor Heredia, Teresa Parodi, Lito Vitale junto a Lucho González y Bernardo Baraj, Maximiliano Guerra, Adriana Varela, la murga Falta y Resto y otras figuras. La gente respondió desde temprano y armó, entre la lluvia, una megareunión de artesanos, vendedores ambulantes, grupos de jóvenes con guitarra y ánimo de fogón incluido; familias completas en ronda de mate y turistas “sorprendidos” por la fecha patria. La convocatoria tuvo importante respuesta durante las más de seis horas en que se desarrolló el festival. Uno a veces suele participar de actos y eventos sin prestar atención al murmullo cercano y las cosas que suceden alrededor. En esta ocasión mi sensación era que, después de mucho tiempo, la ciudadanía presente volvió a sentirse partícipe y representada por la idea madre del encuentro: ofrecer diversidad en la propuesta. Sin banderas sectoriales y con una importante expectativa por verse a sí mismos aplaudiendo o coreando en el lugar mismo donde “empezó la historia”. Las edades y los gustos se mezclaron. Hay quienes vieron un acto político encubierto en la elección de las figuras que participaron; quizá así sea y no esté tan mal. Por lo menos ahora “el miedo a la plaza llena”, no parece manifestarse como antes. ¡Ya es un avance! También las heridas ayudan a tener memoria y templar el alma. Tras las canciones del español Luis Eduardo Aute, la presentación de Silvio Rodríguez multiplicó lágrimas entre los presentes. Había que verlos. El trovador cubano, finísimo con su guitarra, y más profundo aún con su voz y sus canciones, encendió definitivamente la llama de la conciencia colectiva. Porque, además, me pareció que en cada emoción de los que allí coreaban las creaciones del cubano, estaban los desaparecidos de toda índole. Aquellos que pisó la dictadura y los otros a los que les fue saqueada la fe, la esperanza. Muchos, perdieron la sonrisa en numerosos 25 de mayo vividos. Esos también desaparecieron porque bajaron sus brazos, tras varias décadas de sufrir desengaños. Mutiladas las convicciones, apenas si permanecieron al costado de la historia desde 1983. Fue atinado hacer que el cierre, con el imprevisible Charly García y su versión del Himno Nacional, fuera antes de las 19 hs. De esta forma, la plaza fue despidiendo a los asistentes sin sufrir daños ni corridas. Un 25 de mayo más “dulce” que lo que veníamos viendo últimamente y que tampoco hace olvidar las amarguras recientes. No confundirse. Pero, ciertamente, la jornada que hoy describo fue nuestra. Así lo sentí. Ø
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