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Leyenda araucana: La Carupotro y La Rere |
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Escrito por Oscar I. Márquez
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viernes, 25 de noviembre de 2005 |
La nieve empezaba a derretirse. Los pájaros festejaban jubilosos la llegada de los días tibios. Se confundían, alegres, los cantos del huilque, de la loica y de la tenca.
La Rere, loca de contenta, anunciaba a grandes voces que sus pichones acababan de nacer. Todos andaban revoloteando felices por tanta maravilla, cuando la Rere escuchó un llanto muy triste. ¿Cómo era posible que alguien se lamentara ante tanta belleza y alegría? Sin embargo, quien así lo hacía, tenía sus motivos. Era la Ñuque (madre) Carupotro. Para ella no había llegado la primavera; sus pichones no habían nacido ni podrían nacer, porque los huevecitos se habían helado en el nido. -¡Pero cómo puede ser! ¿Qué le ha ocurrido, vecina? -preguntaba asombrada la Rere, a quien nunca le había pasado tal cosa. -Un error de cálculo, vecina -decía lloriqueando la Ñuque- un error. Me adelanté a poner, de apurona nomás… -¡No puede ser! ¡No puede ser! -repetía la Rere. -Le digo que sí. Me engañaron unos días templados que hubo... Yo creí que ya era tiempo y puse los huevos; pero volvieron las heladas y las nieves, y ya ve: ¡se enfriaron los pobrecitos! La Ñuque renovaba los lamentos y el llanto. -Bueno, no se ponga así, vecina. Tal vez el año próximo. -¡Es que siempre me equivoco! Sí, en verdad era para lamentarlo. La Rere también estaba apenada y pensaba, pensaba, buscando una solución para su amiga. ¡Si al menos su compañero, el Chau Carupotro, ayudara a la pobre! Si se quedara en el nido, manteniendo el calor, mientras la Ñuque salía en busca de alimentos. ¡Pero qué se iba a poder contar con él, si apenas sentía que el aire se templaba un poco, ya salía a andar por ahí, sin preocuparse de nada! ¡Como para que la Ñuque no estuviera afligida! Pero como para nadie todo ha de ser penas, a la Rere se le ocurrió una idea. Algo que ni a la misma Ñuque se le ocurrió pensar: le regaló una frazada. Una frazada maravillosa para que tapara los huevecitos y así nunca más se le enfriaran. ¡Y al fin pudo ver nacer a sus pichones! Eran tan lindos como la primavera. Era otra vez el tiempo de los días tibios y tal el contento de la Carupotro, que enloquecía cantando. Con la frazadita puesta, segura de que sus hijos nacerían, ya nunca más estuvo triste. Desde entonces también creció la amistad entre las vecinas, pues la Ñuque, en agradecimiento, cuida y vigila el nido de las dos, mientras la Rere pica que te pica horadando los troncos de los árboles. Ñuque: fringilla diuca o carupotro (o caripotro); se llama así por saber relinchar como un potrillo. Rere: pájaro carpintero, conocido en la región por Picus Magallánicus. Huilche: zorzal. Loica: pecho colorado. Tenca: calandria Ø |