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Leyendas Argentinas Había una vez una ciudad a orillas de un río color ámbar. Había sido recién fundada. Corría febrero de 1536, pero los hombres que la habitaban tenían miedo y hambre; sólo esperaban el momento de poder irse de allí. Los indios querandíes, afuera de la empalizada que rodeaba el caserío, acechaban día y noche. Ya nada quedaba para llevarse a la boca. Desesperada, una mujer llamada Maldonado, abandonó el poblado y comenzó a andar a la deriva, cruzando la llanura. Al llegar a un arroyo escuchó unos extraños aullidos. Pronto divisó a un hermoso puma que estaba dando luz a sus crías. Compadecida del pobre animal, la mujer la ayudó y en un instante, dos lustrosos cachorros brillaban al sol. Cuando llegaron los indios en busca de agua, tomaron prisionera a la mujer y por largo tiempo, nada se supo de ella. Cierto día, un oficial español que comandaba una partida contra los indios rescató a la cristiana, pero en lugar de apiadarse de ella, la condenaron a muerte por haber huido de la ciudad. La ataron a un árbol que crecía a orillas de un arroyo, el mismo en donde la habían apresado los indios, y allí la abandonaron. Pronto comenzaron a rodearla las alimañas, y cuando todo parecía perdido, apareció el animal al que ella había ayudado y la defendió fieramente. Al regresar al lugar, los españoles quedaron maravillados: la Maldonado estaba viva y, a sus pies, retozaba el felino con sus dos cachorros. Sorprendidos por el milagro le perdonaron la vida. Por esta leyenda, aquel arroyo que había sido testigo de tantas penurias, recibió el nombre de Maldonado. Aún corre el arroyo, pero entubado en cemento bajo la Av. Juan B. Justo, en Buenos Aires. Ø
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