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EN FIN, EL MAR Al fin en el marco del LALIFF tuvimos la oportunidad de ver la opera prima de Jorge Dyszel: “En fin, el mar”. Una historia que en Argentina puede resultar sofisticada, sin embargo, aquí, en los Estados Unidos, se transforma en embajadora de miles de historias relacionadas a la emigración cubana hacia los Estados Unidos, o mejor dicho, a la traumática decisión que representa el destierro, en especial cuando de Cuba se trata. Para un cubano, emigrar no es sólo dejar su patria, es oponerse a viva voz. No hay puntos intermedios. No hay lugar para arrepentimientos. No se dejan pedazos de una vida allí, por las dudas, como lo hicimos casi todos los inmigrantes, o por lo menos, los que tuvimos la opción de elegir. Tony es hijo de madre cubana y padre americano, vive en New York, en donde es operador financiero en Wall Street. Estando de vacaciones en Miami encuentra los restos de una balsa aún flotando en el mar. Un nombre estaba pintado en ella: Mariana; y un apellido, el de su madre. La angustia de una historia nunca contada comienza a atormentarlo. Decide ir a Cuba a investigar. Seguro de que la tal Mariana dejó su vida en el intento por llegar a la costa estadounidense, contacta a la familia, y para su sorpresa, descubre que Mariana, nadadora de ballet acuático, está viva y viuda. También se da cuenta de que la vida que tanto apreciaba dista de ser aquella que le traerá la felicidad. La historia es del propio Jorge Dyzsel y Audry Gutierrez Alea, la protagonista. Joel Núñez protagoniza a Tony y como personaje más resonante podemos mencionar a Enrique Pinti. El guión exigió multiescenarios: Miami, New York y La Habana. Aquí transcribimos la nota realizada a Jorge Dyzel: P: ¿Cuánto tiempo tomó el proyecto desde el nacimiento de la idea hasta su concreción? JD: El proyecto nace en 1996 pero la idea en firme nació el 1 ó 2 de enero del '99, cuando leímos una noticia en Clarín que hablaba de un ciudadano americano que había encontrado una balsa vacía. Este hombre nada hacia ella, se sube y cuando está montado en la balsa llega el helicóptero guardacosta que lo quiere arrestar mientras el hombre grita “I'm American, I'm American”. A partir de allí empezamos a jugar con el episodio, a pensar… y qué tal si ese americano es hijo de una cubana, y qué tal si ese “I'm American” lo trabajamos más desde el “Who am I?” el “¿Cuáles son mis raíces?” y qué tal si lo combinamos con el fenómeno migratorio en paralelo con la búsqueda de un futuro económico -más que politico- y lo hacemos desde una mirada argentina. Lentamente fuimos dibujando la historia. P: ¿Cómo fueron tus comienzos con el cine? JD: Básicamente mirando películas desde los cinco años. Veranos enteros con mi familia en Necochea en donde en el cine París pasaban tres películas, o dos en el Playa y el Ocean. Después, a los 10, a colarse en las prohibidas. Desde la primaria escribí mucho e incluso dirigía las pequeñas obras de teatro -cuando los maestros me dejaban- sabiendo siempre que iba a ser contador público (según la tradición y mi familia -todos inmigrantes- debía ser contador), y así fue. P: Entonces el presupuesto de la película debe haber salido bien. JD: Salió bien, sí. La película costó 650.000 dólares y cuando la gente la ve, no lo puede creer porque transcurre en gran cantidad de exteriores en Miami, La Habana y New York. Además trabajaron 750 personas en todo el proyecto. P: Volviendo al mandato familiar... JD: Cuanto más grande uno es, más se va amigando con el mandato familiar, reconciliándose con él, y empieza a pensar en ver cómo se puede hacer para cuadrar la carrera que terminó como funcionario de empresas grandes y canalizar el crecimiento y los ahorros en la actividad cinematográfica. P: “En fin, el mar” es tu ópera prima. ¿Qué hiciste antes en la actividad cinematográfica? JD: “En fin, el mar” no sólo es mi ópera prima; es mi única obra audiovisual. Antes sólo había echo el audiovisual del cumpleaños de 15 de mi hija, entonces, cuando ves que tu película funciona, te da ganas de seguir dirigiendo, pero cuidándose del espejismo que te da Hollywood, en donde todo parece posible pero la realidad es que se termina el último día del festival. Pero si uno despeja y mira la posibilidad, creo que vale la pena explotar el camino para hacer cine con un poco más de continuidad. P: ¿Qué te falta todavía respecto de “En fin, el mar”? JD: Falta un último paso para cerrar el ciclo: recuperar, la inversión, para devolver el capital a los inversores que confiaron en el proyecto, porque sabemos la verdad: uno, como director, podría perder parte del dinero invertido en el proyecto porque en él está puesta el alma, la pasión, el autorreconocimiento. No obstante yo no cometí imprudencias, no puse el dinero que no tenía. Admiro a la gente que lo hace pero a la vez me parece una locura. P: Hablanos de la protagonista de tu película. JD: En primer lugar es cubana; en segundo lugar es mi esposa, y es una mujer que vivió toda su vida rodeada de artistas, no sólo porque es la hija de Tomás Gutiérrez Alea sino porque también en su vida profesional hubo otros directores de cine, como Jorge Gianonni. Viviendo en Cuba estuvo siempre rodeada de artistas y talentos y creo que le debo a ella el empuje que me dio para animarme a llevar la idea a la pantalla. La verdad es que valió la pena. Escribir es más controlable, pero dirigir es más complicado. P: Hablemos entonces con la protagonista -Audry Gutiérrez Alea- ¿Cómo fue tu experiencia de “En fin, el mar”? A.G.A: Empezó todo de una forma casi lúdica. Aprendimos sobre la marcha. Incluso teníamos un director que postergaba todas las decisiones, hasta que un día le dije a Jorge que estaba segura que él podría dirigirla. Y ese día empezaron a darse las cosas. P: Hablanos de tu trayectoria artística. A.G.A: Vengo de familia de artistas: papá fue director de cine (Memorias del Subdesarrollo, Guantanamera, Los Sobrevivientes, La Muerte de un Burócrata, Fresa y Chocolate, La Ultima Cena, Las Doce Sillas), mamá hacía relaciones públicas para la TV cubana y yo estudié teatro en el país. Después, cuando mi papa falleció, decidí irme a vivir a la Argentina en donde mi mamá ya residía. Allí trabajé en cine independiente, en Vidas Privadas, Nada por Perder, otra por estrenar que se llama Clon, una coproducción italiana, El Elefante y las Bicicletas y Guantanamera. P: ¿Tus próximos proyectos son como actriz o ya involucran la formación del proyecto completo, como sucedió con “En fin, el mar”? A.G.A: En este trabajo es más lo que a uno le gustaría que lo que va a pasar. Ahora me estoy dedicando de lleno a escribir un nuevo guión basado en una historia personal, un drama. P: ¿Y los tuyos Jorge? JD: Seguir con mi consultora en el área financiera y comercial para vivir, porque mi vocación está en el cine pero también disfruto de mi profesión. No quiero dirigir comerciales para vivir, pero sí quiero desarrollar mis proyectos cinematográficos sin apuros ni apremios. Por ahora son tres y están en distintas instancias. Con “En fin, el mar” estamos muy contentos porque sin estar estrenada todavía en Argentina, la película ya se ha presentado en 15 festivales en 12 países. Como enfermo contador que soy te puedo decir que la vieron ya 22,500 personas en 64 funciones. Pero nosotros decidimos hacer el camino al revés: arrancamos promocionándola internacionalmente. De hecho ya obtuvimos su distribución aquí gracias al tipo de historia y a que la película gusta. A fines de Septiembre se estrena en los Estados Unidos, en 15 salas en Miami, y luego con toda la cobertura de prensa y crítica llegará a la Argentina para estrenarse en Enero del 2005 en la costa, en Capital y en Punta del Este. La vamos a lanzar allí, en donde está el ruido. Es curioso, porque sabemos que la gente se asombra porque pensamos estrenar en pleno verano, pero si uno mira las estadísticas, el 70% del mercado sigue estando, lo que baja es solamente un 30% de espectadores. P: Pero también la oferta de películas baja por esa razón, o sea que se mantiene la proporción. JD: Es así, y yo no necesito todo el mercado y si además no hay estrenos de Hollywood resonantes, la proporción juega a mi favor. De hecho estamos convencidos dada la repercusión que ha tenido en los festivales que la película va a gustar, y mucho. En definitiva es el público el que manda. Festivales Un nuevo festival de cine en Mar del Plata del 1º al 10 de diciembre del 2004 El intendente marplatense Daniel Katz, acompañado del director del nuevo festival, José L. Jacobo, presentaron el proyecto cuyo objetivo es que la temporada veraniega comience oficialmente el 1 de diciembre de 2004. Se trata del segundo festival de cine que albergará la ciudad que ostenta ya ser la casa del único festival de cine clase A de América Latina, evento que se organiza totalmente en Buenos Aires. Según sus presentadores, la idea responde a la necesidad de que Mar del Plata cuente con su propio proyecto cinematográfico y que los marplatenses finalmente se sientan parte y trabajen en él durante todo el año. Además, la fecha de realización está pensada de forma tal que se complementen con el encuentro de cine que organiza el INCAA en Pinamar entre el 11 y el 18 del mismo mes. Originalmente se habla de 150 películas entre cortos, documentales y largometrajes. Entre los largometrajes participantes que no hayan sido estrenados en Argentina y de no más de un año de producción, participarán competitivamente, y otras formarán parte de la sección infantil, homenajes y retrospectivas. Ø
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