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Escrito por Oscar I. Márquez   
miércoles, 08 de marzo de 2006

Leyendas Argentinas

En el monte, al caer la noche, se oye el canto triste del kakuy. Pocos son los que lo han visto, pero muchos escuchan su voz lastimera.
Cuentan que hace mucho tiempo vivían en el monte dos hermanos. Estaban solos y la selva los rodeaba. Todas las mañanas uno de los hermanos partía a buscar alimentos. Cazaba, recogía frutos silvestres, bayas de algarrobo, todo aquello que podía complacer a su hermana. Pero ella siempre rechazaba sus presentes. Dicen que cocinaba temprano y después volcaba las ollas para que él no pudiera comer. Cuando volvía le daba la espalda. Por eso dicen que él era bueno y ella mala.
Una vez, cuando vio que regresaba a la casa, ella derramó el agua de las tinajas y tiró la comida que había preparado. Entonces él tramó la venganza. Como sabía que su hermana era glotona le contó que había encontrado un panal de miel silvestre en lo alto de un árbol en medio del monte. Cuando le propuso que fueran juntos a buscar lechiguana, ella aceptó entusiasmada.
Al llegar al lugar señalado vieron un árbol altísimo que dominaba a todos los demás y parecía llegar hasta el cielo. Ella subió primero y él le prestó su poncho para que protegiera su rostro de las picaduras de las abejas. Ella subía ágilmente, pero él empezó a bajar silenciosamente mientras iba cortando las ramas con su cuchillo.
Cuando estuvo en la rama más alta, ella se volvió para hablar con su hermano, pero no lo encontró. Desesperada comprobó que no podía bajar y empezó a llamarlo: kakuy turay, ven, hermano mío. Pero nadie contestó.
Pasaron las horas y ella seguía agazapada en la copa del árbol, repitiendo su llamado que se convirtió en un lamento. Los días sucedieron a las noches y ella vio que sus pies, apoyados en la rama, se convertían en garras y sintió que su cuerpo se llenaba de plumas. Entonces una noche desplegó sus nuevas alas y voló hacia la luna llena que iluminaba el monte. A veces vuelve, porque sigue buscando a su hermano. Algunos dicen que su rostro se vislumbra en las tinajas que hacían los antiguos. La "llorona" tiene grandes ojos y cejas perfectas, boca pequeña y nariz de pájaro. En sus mejillas están marcadas las lágrimas que sigue derramando por su hermano. Ø

 
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