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La modernidad de las empresas Imprimir E-Mail
Escrito por Jorgelina Palavecino   
jueves, 30 de septiembre de 2004

Argentina después de la privatizaciones

¿Ud. recuerda la época dorada de las latitas unidas por un hilo? ¿Y los días gloriosos donde el cartero nos acercaba las palabras esperadas? Nos han pasado por encima algunos siglos y algunos avances tecnológicos. Nos ha pasado de todo, pero sobre todo, nos ha venido la modernidad.
Hoy nos comunicamos por e-mail, por teléfono, nos sacamos fotos con los celulares y hasta los usamos de linterna o para matar el tiempo con sus juegos. De este tipo de elementos oportunos que nos proveen los nuevos tiempos, debo reconocer que las mejores invenciones fueron el control remoto y el lavarropas. Pero no es esto lo que me preocupa.
De los sistemas o maquinarias que el hombre ha inventado para ahorrar tiempo, ninguno de ellos efectivamente ha logrado ahorrarle dinero, al menos de forma masiva. Usted puede ahorrarse las quince cuadras hasta la casa de un amigo para saber cómo se quita una mancha de aceite llamándolo por teléfono, lo que de ninguna manera ahorrará será dinero. Incluso si usted sólo levantó el tubo y ese mismo amigo, que no tiene contestador, ni siquiera estaba en casa para atenderlo. ¿Por qué? Porque Telefónica de Argentina le cobrará ambas cosas: la comunicación (en el caso de que Ud. hubiera tenido éxito) y la no comunicación también. No conforme con el primer intento (quizá nuestro amigo se estaba duchando), volvemos a llamarlo con la misma mala suerte de seguir sin respuesta suya. Usted se enterará de todas las veces que no pudo hablar con esta persona porque Telefónica tendrá la generosidad de detallárselo en su factura, siempre y cuando, previamente, se solicite el detalle de llamadas que, por supuesto, le cobrarán.
Puede ocurrir también que su factura, vaya uno a saber por qué razón, no llegue a su domicilio, en cuyo caso no podrá pagarla, lícita causa por la cual le interrumpirán el servicio y luego, una vez restablecido, es decir, una vez que haya “logrado” hacer el reclamo pertinente y le hayan refacturado para poder abonar la factura en cuestión, le cobrarán esa misma reconexión y los intereses por mora. Lógicamente, Ud. no ha tenido la culpa de esta “pérdida circunstancial de la boleta”, pero igual “chito la boca”, pague y después reclame, con un poco de paciencia a lo mejor se comunica con el servicio de Atención al Cliente, el clásico y conocido “112”, en donde una operadora poco amable lo atenderá sin ganas y sin eficiencia, lo hará esperar al son de una musiquita insoportable, le transferirá la llamada 200 veces, le dirá que como la comunicación se ha extendido más de veinte minutos debe cortar y llamar nuevamente o acercarse personalmente hasta una de las oficinas de la empresa. A esta altura ya está harto de discutir, de esperar y de dar explicaciones, así que en postura más que resignada se dirige hasta un rapipago y paga la suma.
Como Ud., señor cliente, debe saber, tan sólo por tener en su domicilio ese bonito aparato de teléfono (que también ha tenido la dicha de pagar... ¡y ahora se lo dan en cuotas!) reposando gratamente sobre algún mueble, suene o no suene, lo utilice o no, de todos modos Ud. paga el abono fijo y por adelantado de la línea y del mantenimiento de la misma más algunos impuestos al valor agregado y otros. Ahora bien, si un buen día, por otra razón que también desconocemos, le cortan la línea, de ninguna forma le descontarán los días proporcionales del abono fijo que correspondan exactamente a los días que Ud. se ha pasado con cara de nada mirando el tonto aparato o los días que Ud. ha caminado hasta la casa de un vecino solidario para notificar del problema al Servicio de Reparaciones (114), desde donde jamás enviaron personal técnico para verificar el inconveniente y solucionárselo.
Póngase en situación: en una casa viven dos personas mayores, jubilados ambos, que tienen, por ejemplo, dos hijos a los que suelen llamar entre una y dos veces por semana porque en general los llaman ellos todos los días. Estos viejitos tienen que -por desgracia- pagar una cuenta de $60 o $70 bimestrales, entre abono e impuestos porque imagínese que su consumo es ínfimo. Los hijos, ya cansados de acudir a Telefónica para tramitar el descuento que existe para personas jubiladas o pensionadas y cansados de no obtener resultados (siempre falta un papel o un requisito especial que cumplir) deciden ayudar un poco más a sus padres y colaboran con el 50% del valor de la cuenta. Los jubilados hablan siempre lo mismo y a veces menos de lo habitual, pero curiosamente la suma se incrementa cada bimestre. Vuelta los hijos a una sucursal de la empresa, obviaron comunicarse al 112 por una cuestión de sentido común y salud mental, a hacer el reclamo. Allí les dicen que la suma corresponde de acuerdo al consumo registrado. ¿Cómo puede ser?, se preguntan los hijos, si los padres tienen el teléfono casi de adorno. Cuestión, la única forma de comprobar el entredicho es revisando el detalle de llamadas. Ya los hijos empiezan a fantasear con la idea de que los padres están grandes y puede ser probable que no recuerden haber realizado tales comunicaciones o que dejen el tubo mal colgado o..., una cosa de locos... el detalle tiene 4 hojas, por lo cual les han cobrado $9, la primera se la entregan gratis (como todo, ¿no?) Ahí figura una lista interminable de números que ninguno de la familia reconoce, salvo los del domicilio de los hijos que son unos pocos, incluso figuran llamadas a larga distancia y a celulares. Que no, que sí, que no, que sí, las llamadas están registradas y hay que efectivamente pagarlas en término. ¿Quién hizo las llamadas?, todavía es una incógnita. Finalmente, y manteniendo el reclamo, se hizo un seguimiento de la línea y resultó que ésta estaba “pinchada”. Como “esto no es responsabilidad de Telefónica”, esa factura la tuvieron que pagar pese a todo, pero, oh, les enviaron recién llegada esa instancia un técnico que solucionara la “pinchadura”. Parece un cuento de terror, ¿no?
Le puede pasar que Ud. se encuentre abriendo la puerta de su casa, llegando del trabajo de doce horas diarias que le permite afrontar sus gastos a duras penas, y esté sonando el teléfono. Ud. atiende sin ganas de escuchar problemas ni recibir malas noticias. Efectivamente una muy amable operadora le informa que Telefónica ha realizado un análisis de su consumo de los últimos meses y para que Ud. tenga la posibilidad de hacer más llamadas locales en horario normal, el más costoso justamente, le brindan X cantidad de pulsos al mes con un X maravilloso descuento. Esto significa que Ud. podrá, de acuerdo a su consumo promedio en base al cual se le brinda esa cantidad de pulsos con el descuento, “hablar más pagando menos”. Ud. piensa “¡qué bueno, al fin me llaman para darme un Beneficio!”. Si Ud. es un cliente acostumbrado a lidiar con estos “engañapichanga” ya se habrá imaginado qué resulta de esto, ¿verdad? Se lo confirmo: lo que nunca le aclaró firmemente la amable operadora es que su consumo promedio es bimestral, por lo tanto Ud. paga un importe que varía en cada factura precisamente porque nadie habla-consume los mismo mes a mes, y, sin embargo, el “súper beneficio” que se le brinda es un paquete de pulsos mensuales que, sin saberlo, Ud. mismo está “comprando” por anticipado (por eso el descuento) y que pagará con un valor fijo. Es decir, si Ud. tenía un consumo bimestral de 250 pulsos (redondeando) y pagaba $12 + IVA, le cuento que ahora pagará mensualmente esos mismos $12 y dispondrá de 500 pulsos. Ud. nunca consumirá los 500 pulsos porque su consumo es de 250 más o menos y ¡en el bimestre!, pero pagará el doble. ¿Cuál es el beneficio?, ninguno. Esto hoy en día lo llaman Pack Urbano en Telefónica. La operadora tampoco fue explícita en informarle que dicho “beneficio” le llegará de forma anticipada en su próxima factura, por lo tanto Ud. pagará las llamadas realizadas al valor anterior más el proporcional de pulsos utilizados del paquete hasta el día de cierre de su facturación, más el bimestre siguiente. Saque la cuenta, si pensaba pagar X% menos, Ud. se encontrará con la hermosa sorpresa de tener que pagar más del doble de lo que habitualmente pagaba sin tener estos beneficios de la empresa. En criollo: una estafa encubierta. Lo mismo ocurre con los paquetes de llamadas de larga distancia. Le cobran un costo fijo por una cantidad de pulsos (los use o no)
Estos beneficios los puede habilitar cualquier persona que brinde su nombre, apellido y número de documento. No interesa que no sea el titular de la línea. Tenga cuidado, si Ud. tiene perro y sabe hablar, no lo deje atender el teléfono ni brindar información personal. Para dar de baja el servicio, Ud. se enfrentará con la buena gente del 112, donde le harán saber que todo ha sido un error de interpretación suyo, que seguramente se lo habían informado pero no prestó atención y bla bla, pague la boleta y luego se lo darán de baja con un poco de viento a favor.
Todo esto es una vergüenza. Las empresas están, desafortunadamente para los clientes, acostumbradas a manejarse con total y absoluta impunidad. Los entes reguladores nunca cumplen su función o sencillamente cobran sus comisiones por “liberar la zona”. En el caso de que alguna vez se investigue la causa de un reclamo y se falle a favor del cliente es sabido que la multa que le corresponda pagar a la empresa quedará en nada.
Telefónica es la empresa de telefonía más denunciada y más penalizada del país. Sin embargo, los abusos, atropellos y estafas no dejan de ser el pan nuestro de cada día. Ni siquiera los clientes tienen la opción de elegir la compañía telefónica que pudiera brindarles una calidad de servicio mejor: uno está comunicado por su intermedio o no. La otra cara de la moneda es Telecom., que parece ser más económica aunque no deja de ser igual de deshonesta. Telecom llama a los clientes de Telefónica (y de otras compañías), de parte de Telefónica misma o de esas otras empresas, para informarles que a partir de ese momento, a raíz de problemas técnicos, serán ellos los que momentáneamente les brindarán el servicio de larga distancia. Le solicitan los datos a la persona que atiende y lo suscriben a su propia empresa como cliente sin que la persona tenga la más pálida idea de su cambio de compañía. Después resulta que, en muchos casos, la misma llamada a larga distancia la facturan tanto Telefónica como Telecom y nadie entiende nada pero todo se paga igual.
Todo es tan incoherente y tan infame que uno preferiría volver al sistema de las latitas o a las señales de humo... las palomas mensajeras, ¡qué épocas aquellas!
Es un despropósito que uno tenga que soportar y sostener tanto maltrato. No es justo que una persona trabaje para mantener a su familia (un obrero, un taxista, una empleada pública, cualquiera) y tenga que destinar parte de su sueldo a una factura de teléfono y todo porque a Telefónica se le da la gana, y se le da piedra libre, para imponer sus reglas y sus costos.
No es justo que la empresa se valga del desconocimiento de la gente o de su confianza para hacer su propio y único negocio. No es justo que nadie respalde a los que no tienen recursos o tiempo o ingenio o persistencia para hacer valer sus derechos de ciudadanos. No es justo que uno sea presa de unos metros de cable y un pedazo de plástico y los tenga que pagar con un ojo de la cara.
Que Argentina es un país generoso, de eso no hay duda. Le da de comer a todos los monopolios que plantaron bandera en esta tierra. Le da de comer a todos los funcionarios y gobiernos que malvendieron nuestras empresas y hasta el metro cuadrado donde estamos parados. Todo es un impuesto que uno tiene la obligación de pagar, todo es un deber que uno tiene que cumplir, todo es una larga burocracia, todo en nuestra vida va con IVA incluído.
El dueño de Telefónica, hace pocos días, salió en televisión anunciando la nueva publicidad de Speedy, que cuesta millones de pesos. Las puteadas me las ahorro. Millones son los que no tienen trabajo, millones son los que tienen hambre, millones son los que no tendrán educación y todos esos millones serán los que forjarán el día que vendrá y son los que se mirarán las caras dentro de diez o veinte años y se sentirán profundamente desilusionados.
Todos los responsables estarán, para ese entonces, bajo tierra y, sobre ellos, en los parques de la gloria, de yapa crecerán flores, mientras la Chacarita se llenará de Nadies. Ø

 
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