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La negra, La Simone, La dama del tango Imprimir E-Mail
Escrito por Rodolfo Spadano   
lunes, 06 de marzo de 2006

Heroínas del tango

Fue la más bella de todas las cantantes de tango. Sus facciones parecían cinceladas por Miguel Angel Buonarotti. En ese óvalo de su cara estaban plantados unos enormes ojos verdes, tan profundos que alguien dijo: “quisiera tirarme y desaparecer en ese mar inconmensurable”. Usaba un lunar postizo en la mejilla izquierda. En fin, como dice Amado Nervo en un poema “Todo en ella encantaba, todo en ella atraía, era llena de gracia como el ave María”.
Tengo un video en donde entona su obra maestra “Cantando”. A veces no sé por qué lo pongo en mudo y aún sin voz, su presencia te derrite.
Sobre este tango hay una anécdota personal que tengo grabada en mi cerebro. Tenía yo seis años y, aunque con domicilio en Buenos Aires, por razones de salud de mi madre vivíamos con mis abuelos en Fisherton, el barrio de los ingleses en las afueras de Rosario. Mi tía Zulema, bellísima, tenia diez años más que yo y era mi amiga, confiaba en mí y me contaba cosas.
Salía con un mocito bueno, compadrón y bailarín, a quien mi abuela, muy religiosa, había apodado Satanás, por lo del baile. Tenían prohibido ir a bailar, pero mi tía se escapaba con alguna excusa. Una noche me levanté para ir al baño que estaba al fondo de la casona, y al pasar frente a uno de los dormitorios escuché un ruido, entreabrí la puerta y vi a mi abuelo golpeando con una correa a mi tía, en la espalda. Casi la mata. Por esa razón, cuando nos volvimos a Buenos aires, mi tía se vino a vivir con nosotros.
El muchacho, noble, se fue del pueblo para no crearle más problemas. Antes de irse le escribió una carta que mi tía me mostró. Escrita en tinta azul y corrida por las lágrimas, tenía una sola palabra: Adiós. Debajo estaba la letra completa de la obra maestra de Mercedes Simone: “Cantando”.
Cantando yo le di mi corazón mi amor / y desde que se fue yo canto mi dolor / cantando la encontré / cantando la perdí / porque no sé llorar cantando he de morir.
Mercedes nació el 31 de abril de 1904 en la ciudad de La Plata. Alrededor de los veintitrés años se presentó con éxito en Montevideo y, a su regreso, fue escuchada por Rosita Quiroga, quien la recomendó al director de la Víctor. Su primer disco fue “Estampa rea”.
Poco después fue llamada para actuar en la primer película sonora que se hubiera hecho. Sonora de verdad, porque en esta película el sonido estaba grabado en el celuloide.
Se llamó “Tango” y trabajaban las cuatro monstruos del tango del momento: La Simone, Azucena Maizani, Libertad Lamarque y Tita Merello.
Pero el cine no fue realmente su atracción principal. Con más de cuatrocientos discos grabados, su amor era el tango. Junto con su esposo Pablo Rodríguez, ex barbero, extraordinario músico, y aún más prolífico compositor, Mercedes realizó innumerable cantidad de giras. La producción de Pablo, era más abundante que la de la Negra, aunque sin la increíble calidad poética y musical de “La dama del tango”.
Abrió un boliche en Buenos Aires que llamó “Cantando” y que se convirtió en el Montmartre de Buenos Aires. Como en el piringundín que se juntaban en parís Tolouse-Lautrec, Utrillo y el mismo Carlitos, en el boliche de Mercedes se juntaban Rosita Quiroga, Azucena Maizani y otras queridas voces que, además, eran íntimas amigas.
Dicen que después de agotadoras sesiones de radio llegaban al boliche a las tres o cuatro de la mañana, y seguían cantando hasta que los rayos del sol bañaban las aguas del plata. Eran bohemios de verdad.
Un problema en las cuerdas vocales hizo que debiera operarse, perdiendo una gran parte de su maravillosa voz. Pero nadie cree que esa fuera la razón para su enclaustramiento. Aunque su voz perdió volumen, conservaba la calidad única que la hizo famosa. Ella dijo que estaba ya cansada de la vida de artista y decidió recluirse, recibiendo únicamente a sus antiguas amigas con quienes recordaban las cosas lindas que les había dado la vida.
El 29 de junio de 1990, en el salón dorado del teatro Colón, recibió el título nacional por excelencia: “Académica de Honor”.
Poco después, en su último reportaje, el periodista le preguntó si el tango estaba pasando por un bajón y ella contestó “Esto es sólo una pausa. Volverá porque es nuestra música nacional; por eso mismo no morirá nunca”.
Aparentemente, La Negra, además de ser una gran cantante, poeta y compositora, era también profeta.
Unos pocos meses más tarde, el 2 de octubre de 1990, falleció La Simone, La Negra, pero, sobre todo, La dama del tango.
Nota del autor: Este artículo no hubiera sido posible sin la inapreciable cooperación de Don León Lambpert. Ø

 
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