05 septiembre 2008

Menú principal
Inicio
Tapa del Mes
Calendario de Eventos
Cartas y más Cartas
Horóscopo
Humor
Nuestra Mesa
Suplegrama
Números Anteriores
En forma de revista
Información importante para argentinos en el exterior
Clasificados
Lista de Precios / Advertising Rates
Quienes Somos
Preguntas mas frecuentes
Contactar
Instituciones Argentinas
Edición España
Edición Argentina
Buscar
Anunciantes
Imágenes al azar
gustavo.jpg
Visitante Número:



Advertisement
Anécdotas: “Gauchito” Imprimir E-Mail
Escrito por Rodolfo Spadano   
viernes, 25 de noviembre de 2005
Corría 1948, acababa de cumplir 18 años y después de trabajar por dos años en la embajada de Holanda, en donde aprendí -entre otras cosas- que los holandeses son la gente más linda, honorable y práctica del mundo, comencé a trabajar como empleado en el matadero y frigorífico Lisandro de la Torre, en el barrio de Mataderos. El cambio de trabajo fue como vivir un sueño: de los $700 mensuales que ganaba en la embajada pasé a ganar $1.200 y eso, por supuesto, para un chico era una fortuna. Había un solo problema. Este monstruo industrial de 24 manzanas cuadradas tenía las oficinas administrativas en la planta baja de un edificio de cuatro pisos, y todo empleado nuevo debía pagar su derecho de piso trabajando durante 6 meses en la oficina de una de las playas. Playas eran los otros tres pisos; por ejemplo, el cuarto piso sería “Playa de faena” o matanza, y así con todos.
Se imaginan el cambio de pasar de un día para otro de las alfombras rojas en las que los zapatos se hundían hasta el tobillo, a un piso donde los zapatos chapaleaban en sangre.
Pero esa es una historia que les contaré otro día. Ahora les quiero hablar de uno de los personajes del matadero. Se llamaba Higinio González y era como lo hubiera soñado José Hernández si hubiese estado buscando un modelo para su Martín Fierro. Alto (aquí diríamos más de seis pies), la cara como esculpida en piedra y curtida por el viento; un gaucho de pura cepa. Tenía el cargo de gerente de distribución de Hacienda, pero a pesar de lo que decía el sellito de goma, él era como se definía a sí mismo: sólo un gaucho que sabe mucho de hacienda.
Pasaba prácticamente todo el día sobre la montura, decidiendo los movimientos de la hacienda, la embretada y la salida para la matanza. Pese a eso necesitaba una oficina, por un rato, antes de salir el sol, para firmar y sellar los papeles del día anterior. Para no hacerlo recorrer tanto terreno hasta el edificio principal, le construyeron una oficina entre los corrales. No sé si eso se podía llamar oficina: era una cuchita de madera y chapa, sin cimientos siquiera, con una mesita y un banquito en un rincón, un marco sin puerta y una ventana del otro lado.
Don Higinio tenía una mascota. Era un caballo percherón de alzada tan enorme que se hubiera necesitado una escalera para montarlo, aunque nunca nadie lo había hecho. Su pecho parecía el frente de un tanque de guerra y andaba suelto entre los corrales. Era muy mansito y todos lo acariciaban y le besaban el hocico.
Don Higinio lo había recogido deshidratado y casi moribundo después que la madre murió en el parto, y lo salvó a pura mamadera y cariño. Lo llamó “Gauchito”. Desde potrillo lo había acostumbrado a entrar a su oficina, en donde tenía un bol con terrones de azúcar, los que le daba mientras lo acariciaba. Con el correr del tiempo, creció tanto que no pasaba por el marco; por eso la rutina tuvo que cambiar: todas las mañanas, al clarear el sol, “Gauchito” metía su enorme cabeza y cuello por la abertura y Don Higinio se levantaba, llevaba el recipiente y le daba los terrones de azúcar, uno a uno, mientras lo acariciaba, y después “Gauchito” se iba a trotar entre los corrales mientras que Don Higinio continuaba sellando boletas.
Pero un día, cosa inaudita, Don Higinio se enfermó. Antes de la madrugada “Gauchito” fue a solicitar su acostumbrado desayuno de azúcar, y como no había nadie, trató de llegar al bol con los terrones que estaba en la mesita. Empujó con tanta fuerza que descalabró el marco y entró, pero después de comer encontró que no tenía espacio para darse vuelta. Otro caballo tal vez hubiera empezado a dar coses para romper el armazón que tenía encima, pero este era un animal muy manso y trató de salir por el único agujero que vio en la ventanita. Pero esta, por ser tan pequeña, no cedió y el caballo sólo pudo sacar la cabeza y el cuello. La fuerza de “Gauchito” era tal que continuó empujando hasta que arrancó la casilla de la tierra y se fue trotando con ella a cuestas.
Hay muchas versiones de lo que dijeron los arrieros cuando, en el claroscuro del amanecer, vieron venir una casilla trotando. “Cosa e' Mandinga” es la versión más común, pero cuando se dieron cuenta de lo que realmente pasaba, se encontraron con que el problema era más grande que Mandinga. No podían quitar la casilla entera porque estaba desencuadrada y tenían miedo de que algún clavo suelto lastimara al animal, en cuyo caso hubieran tenido que buscar un agujero en donde esconderse cuando viniera Higinio.
Al final, una docena de reseros experimentados pudieron solucionar el problema. Uno de cada lado pusieron sus lazos en la base del cuello del animal para tenerlo quieto, un tercero trajo una bolsa de azúcar y le daba terrones mientras lo acariciaba, y el resto se puso a desarmar la casilla parte por parte, hasta quitarla toda. “Gauchito” no tenía ni un rasguño, y Don Higinio ni lo hubiera sabido si no fuera porque le faltaba la oficina.
Esta es la historia de la oficina ambulante de don Higinio González, una historia que circuló por mucho tiempo en la zona de Mataderos. Ø
 
< Anterior   Siguiente >

Diez Euros
Dynamic LA
Dynamic LA
Dr. Eric Nepo

Dr. Eric Nepomnaschy

Seguros Latinos

 Seguros Latinos Boton

Surexpress
Surexpress
Berjos

Berjos

Andes Florist
Andes Florist
Encuestas
Beijing, ¿cuáles son sus sentimientos con respecto al estado del deporte de nuestro país?
 
Más Leídas
Anécdotas: “Gauchito” 
Notas del ambiente artístico - Octubre 2005 
Noticias de Nuestra Comunidad - Octubre 2005 
Leyenda araucana: La Carupotro y La Rere 
La Historia del Rock Nacional: Manal 

Otras
Policiales Insólitas - Octubre 2005 
Los diez discos más vendidos - Octubre 2005 
Culpas 
Curiosidades sobre Don Quijote de la Mancha 
Mix de Noticias - Octubre 2005 
Contrastes y Utopías 


© El Suplemento 2004 | arriba