Sin lugar a dudas, el festejo que realizó la Asociación Argentina de Los Angeles con motivo de su cumpleaños número 41, fue todo un éxito. Muchos socios y amigos allegados a esta institución estuvieron presentes dando un marco muy adecuado a esta celebración.
La Asociación Argentina de Los Angeles, entre otras cosas y con mucho orgullo, es la única institución argentina en los Estados Unidos que es propietaria de su inmueble. En este convivio se sirvió, como es costumbre, una exquisita cena, y no podía faltar la torta de cumpleaños bien regada con champán. Fue muy lindo recordar junto a varios socios fundadores y muchos más actuales este simbólico momento. Para mí, en lo personal, fue muy grato recordar cuando llegué a mediados de mayo de 1970 a la Asociación porque me dijeron que estaban formando un ballet folklórico argentino. Me acuerdo que me tomé dos autobuses para llegar a la Tercera y La Brea, que era donde funcionaba la Asociación. Cuando logré hablar con la persona que estaba encargada de la cuestión del ballet folklórico, le dije de mi interés por ser parte de dicho ballet. Me preguntó si había bailado antes. Con mucho orgullo le dije de mis andanzas dentro del mundo de la danza y ¿saben qué me contestó? Que no iba a ser posible, ya que teníamos estilos diferentes. Le contesté, “Si usted nunca me vio bailar, ¿cómo sabe que tenemos estilos distintos?” La verdad que me sentí algo ofendido. Bueno, pensé, aquí acabó la historia con la Asociación Argentina para mí. Pero aparecieron dos personas, Tito Bárcenas y Ricardo Reichert, y me dijeron, “No te preocupes, ¿por qué no bailás este próximo 22 de mayo aquí en la Asociación? A ver si sos bueno o no.” Eso era el año 1970 y hasta la fecha sigo ligado a la Asociación y hasta soy socio honorario. Si bailé bien o mal ese 22 de mayo de 1970, eso se lo tendrían que preguntar a Tito y Ricardo. La Asociación siguió creciendo. Llegó la época de los vuelos charter a Argentina y hubo buena entrada de dinero, y con eso se logró comprar en Burbank la primera propiedad, para luego pasar a la sede actual, que es de todos y de nadie, donde las puertas siempre están abiertas, no solamente a la colonia argentina, sino también a todos los hermanos latinoamericanos que necesitan hacer uso de sus instalaciones. Esta fiesta me trajo muchos recuerdos de amigos que ya no están, pero estoy muy seguro que desde alguna estrella nos miran con orgullo y siempre están con nosotros. La noche se engalanó también con la presencia de Lito Solanas que nos trajo el tema “Soy un Trovador.” Y lo es, porque este cantautor se las trae y es un placer escucharlo. Susan y Néstor bailaron una milonga, un vals y un tango. Cerró la tertulia la voz de ese gran amigo y cantor, Osvaldo Roval, decano de los cantores de tango aquí en Los Angeles. Cuando cantó, cerré los ojos y mentalmente me trasladé a un restaurant de Los Angeles que se llamaba “Las Pampas” en la Calle Octava, donde acompañado por un acordeonista llamado Juan Carlos Barbará, cantaba tangos. Allí lo escuché por primera vez y sigue cantando un montón, como de costumbre. Noche de festejos, nostalgias y recuerdos en nuestra querida Asociación Argentina de Los Angeles. Pienso que esa noche a alguno se le piantó un lagrimón rebelde y a mí... también. ¿Qué querés que te diga? © |