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Escrito por Oscar I. Márquez
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viernes, 31 de diciembre de 2004 |
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Leyendas, Mitos y Creencias Una larga sombra proyectan nuestras culpas", dicen algunos, porque parecen que los pecados que no se pagan en esta vida nos siguen a la otra. Había una vez una mujer muy hermosa, todavía joven, que había quedado viuda hacía tiempo. Tenía un solo hijo, al que amaba mucho, quizás demasiado. El hijo correspondía a estos sentimientos y ambos pecaron. Otros dicen que no fue así: que el pecado lo cometió con un sacerdote; lo cual agregan es mucho peor, porque al delito natural se agrega el sacrilegio. Al morir, Dios la castigó condenándola a seguir vagando por la tierra convertida en una mula. Ella es la Mulánima o Almamula, como le dicen en otras partes. Bajo la forma de un gran animal blanco, que echa fuego por la boca, corre despavorida por los callejones. Parece que las llamas del infierno la persiguen, o que las lleva adentro. Sin embargo es un animal hermoso y los llameantes ojos verdes parecen pedir compasión. Eso dicen los que la han visto. Que deben ser muy pocos, porque cuando se oye el ruido de las cadenas que arrastra y el loco golpear de sus cascos, la puertas se cierran y se reza despacito hasta que pasa y se aleja la Mulánima. Hay quien cuenta que, en la provincia de San Juan, alguien se acercó con un cuchillo y le hizo una herida en forma de cruz en la cabeza. Entonces su alma dejó de penar y ella encontró la paz. Ø
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