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A PESAR DE TODOS, MERCOSUR |
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Escrito por Walter Kaderabek
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domingo, 22 de enero de 2006 |
El Mercosur existe desde bastante antes de aquel día en que se constituyó formalmente. Existe desde mucho antes de que el presidente venezolano Hugo Chávez presentase la carta de defunción del ALCA en Mar del Plata. Existe desde antes de que Lula Da Silva propusiese en Brasil su proyecto de “Hambre Cero”. Existe desde antes del anuncio de Kirchner de la cancelación de la deuda argentina con el FMI (en línea con lo hecho por Brasilia).
Pero también es cierto que el Mercosur existe aún a pesar del intento de la aristocracia porteña de 1810-1820 por mantenerse al margen de la realidad latinoamericana. Existe a pesar de la disgregación del Virreinato del Río de La Plata, coartando la comunicación (economía, cultura y comercio) del eje Salta-Cuzco y sustituyéndola por la división anti-integración Buenos Aires-Lima. Existe, actualmente, a pesar de los acuerdos bilaterales de Uruguay o Chile con los Estados Unidos. Existe a pesar de que las grandes corporaciones de multimedios señalan que “peligra el Mercosur”, toda vez que hay alguna puja por el balance comercial entre Brasil y Argentina o alguna diferencia de criterios respecto de proyectos como las papeleras en el Río Uruguay. Porque definitivamente, el Mercosur, o como quieran llamarle, es un bloque con características sociales, culturales, económicas y geopolíticas que unen homogeneidades y diversidades de parámetros que lo vuelven incomparable frente a la experiencia vivida en otros bloques. Es preciso avanzar en la generación de ámbitos institucionales fuertes que comprometan a los gobiernos en el debate y la resolución de temas, a partir de un tratamiento con perspectiva regional, con independencia del pensamiento político partidario del jefe de Estado de turno. El consenso regional requiere de paciencia y flexibilidad. Con acierto, el presidente Kirchner comentó que, ante acuerdos como los planteados por Estados Unidos a Uruguay, “No podemos ser gendarmes de nadie”. Una posición madura, propia de un jefe de Estado de perfil conciliador que contrasta con lo que declaman a diario los medios gráficos en Argentina. Hace por lo menos 12 años que leo que hay “Crisis en el Mercosur”, según los diarios nacionales. Habría que profundizar sobre qué consideran “crisis” los medios masivos de prensa en nuestro país. Pareciera ser que el NAFTA o la CEE son moles de hierro frente a un Cono Sur de algodón. Esa mestiza debilidad ¿Cuáles serían los parámetros para medir fortaleza y debilidad de las regiones del Mercosur con respecto a los demás bloques comerciales del mundo? Podríamos decir que el desarrollo geopolítico militar del Cono Sur es incomparablemente inferior a todos los otros bloques en el mundo. También podríamos asegurar que la infraestructura productiva industrial es inferior desde el punto de vista competitivo. Además de destacar la problemática de la pobreza estructural y la exclusión social que está presente en toda la región. Pero, de la misma manera, nos encontramos con que el Mercosur, más Chile y Venezuela, contiene la décima economía mundial y el pulmón de oxígeno más grande del hemisferio (Brasil), un productor petrolero clave en la provisión de energía y combustible (Venezuela), un modelo de organización político institucional sólido (Chile) y la mayor reserva de agua potable del planeta (Argentina). Recursos naturales y humanos excepcionales que América Latina tiene y debe administrar sin supervisión externa alguna. Entonces la cuestión es saber a qué intereses responden los sepultureros del Mercosur, de la izquierda, del socialismo, de la integración o de cualquier aspecto que huela a “independencia” real de los centros de poder que hay en el hemisferio norte. Llega Michele Bachelet para darle a Chile un impulso importante a aquellas cuestiones sociales pendientes. Feminista, divorciada, luchadora por los derechos humanos, agnóstica y socialista. ¿Un dolor de panza para la Iglesia Católica en América Latina? Quizá para todas las iglesias y cultos religiosos. Llega Evo Morales para que Bolivia se mire a sí mismo y manifieste en la región el perfil aborigen que tiene cada pedazo de tierra de nuestro continente. Está jaqueado de problemas no menores, pero con un escenario político regional bastante afín, que puede ofrecerle apoyos claves en determinado contexto. El Cono Sur no es una fiesta, porque tampoco el mundo vive de fiesta, sino todo lo contrario. La diferencia está dada por la orientación compartida del horizonte político que ven los referentes de América Latina para el conjunto de países que la integran. Ø |