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El “karma” de una banda Los fines de año siempre llegan acompañados por muchos brindis, llenos de buenos augurios, promesas y proyectos. Para cuatro muchachos de Mataderos, el de 1988 sería uno de esos donde lo deseado con copa (o botella) en mano, superaría ampliamente toda expectativa. El entorno no era prometedor: dos mesas de ping pong, un mostrador del Club Social Larrazábal solitario y un baile de fin de año que no fue. Sin más ambiciones que pasar un buen rato entre amigos, Chizzo (Gustavo Nápoli - guitarra y voz), Tete (Gabriel Iglesias - bajo y coros), Tanque (Jorge Iglesias – batería) y Locura (Raúl Dillelo – guitarra), decidieron espontáneamente subir al precario escenario para improvisar covers de Creedence, Vox Dei y Manal. Nunca imaginaron que 22 años después, seguirían compartiéndolos, por lo menos, la mayoría de ellos.
Los caminos que convergieron en aquella noche de año nuevo, fueron similares pero transitados por separado. Por su lado, Chizzo dio sus primeros pasos en la música tocando con amigos del colegio secundario y posteriormente de la nocturna. Así fue conociendo gente hasta dar con un demo de la banda de un tal Raúl de Mataderos (Locura). Enseguida fueron presentados y armaron Cólera, una banda que se disolvería cuando Chizzo tuvo que cumplir con el servicio militar, obligatorio en esa época. Tete y Tanque, hermanos, empezaron tocando con amigos del barrio sin formar nunca una banda en sí. En uno de estos encuentros, conocerían a Locura, quien vivía en la misma zona, aunque no llegarían a concretar una relación estrecha, ya que para ese entonces, Tete comenzaría a frecuentar otros amigos de Parque Patricios, y Tanque ya sería parte de Nepal, una banda de heavy metal, alejándose del barrio que los vio dar sus primeros pasos musicales. Con Chizzo habiendo terminado la colimba, Locura convocaría a Tete con el proyecto de armar una banda, y así comenzarían la búsqueda de un baterista, ya que Tanque, comprometido con Nepal, no era una opción. Es ahí que llega la última noche de 1988, y sólo por pasarla bien, La Renga, sin aún serlo, entonaría sus primeros acordes sobre un (precario) escenario. La experiencia dejó buenas sensaciones, lo que generó que Tanque siga tocando con ellos, aunque siempre a modo de ayuda, como para que no queden parados. De todas formas los “favores” se fueron haciendo cada vez más frecuentes, al punto que terminó ensayando todos los días con las dos bandas. Las presiones laborales obligarían a tomar una decisión. El ambiente de Nepal era cada vez más pesado, en contraste con el de La Renga, que era mucho más “familiar”, y también, como alguna vez el mismo Tanque expresó entre risas -“nunca aparecía ni una minita”. La transición del heavy metal al rock and roll parecía lo más difícil a superar, pero sin embargo la decisión se consumó, y la banda finalmente tendría a su baterista oficial. Con alineación oficial, estarían listos para poder empezar a rotar en el circuito del under de Buenos Aires, salvo por un detalle: todavía no tenían nombre. En realidad, la tarea no fue difícil. Desde sus comienzos, ellos mismos contaban que siempre les faltaba algo para sentirse encaminados, completos, siempre había algo que no los dejaba concentrarse en lo principal, hacer música, eran una banda “renga”. Sin poder escapar a esta especie de “karma” la cual dio origen al nombre, la banda nuevamente quedaría “renga”. Ya habiendo grabado un primer demo de forma independiente, “Esquivando Charcos”, Locura se alejaría de la banda por problemas personales, concretamente, por tener que atender la responsabilidad de una hija. Esto daría comienzo a una búsqueda que nunca se concretaría, y así la banda decidiría que Chizzo quede como única guitarra. Casi al mismo tiempo, se incorporan como miembros estables Chiflo (Gabriel Sánchez – saxo y trompetas) y Manu (Manuel Vera – Armónica y saxo). Los primeros pasos de Chiflo en la música los daría con Alerta Roja, una banda de punk súper depresivo. Luego se sumaría a Los Auténticos Decadentes para grabar algunos temas y realizar algunas presentaciones, repartiéndose entre dos estilos que contrastaban enfáticamente, pero que lo divertían por igual. Por medio de uno de los músicos de Los Decadentes, recibiría una invitación para añadir algunos “caños” al rock de La Renga, y luego de grabar algunos temas, lo invitan a quedarse. Por su lado, Manu llegó a la banda por medio de Chiflo, quienes se conocían desde hacía largo tiempo. Chiflo trabajaba con su madre en un banco, y fue ella quien los contactó, ya que Manu quería aprender a tocar el saxo. Esta relación de maestro y alumno se transformó en una amistad, y es así que Manu empezó a acompañarlo a las presentaciones de La Renga, primero como espectador y luego haciendo las veces de plomo. Con el tiempo fue invitado a tocar algún tema en el escenario, haciéndose cada vez más frecuente y terminando más tiempo de un lado que del otro. A lo largo de sus 22 años de vida, con diez placas editadas (dos en vivo), un sinfín de presentaciones (el record fue 75,000 en el estadio de River Plate) y varias giras nacionales e internacionales (Uruguay, España y Estados Unidos), La Renga vivió diferentes hechos a destacar en una constante carrera ascendente. A nivel discográfico, fieles al espíritu independiente sembrado en algún momento por Los Redondos, deciden producirse ellos mismos, aunque sí firmarían un acuerdo con una discográfica (Polygram) para poder satisfacer la prolífera demanda popular. De todas formas, este acuerdo era sólo por la fabricación y distribución, y cuenta con un detalle más que particular, ya que se acordó un retorno de la ganancia del 20%, por sobre el histórico 3% que siempre ofreció el mercado. Otro hecho a destacar, no tan feliz, fue una denuncia de apología del delito por el tema “Blues de Bolivia”. El origen de la denuncia fue a instancias de un pedido de rectificación y disculpas del país vecino, a razón de la lírica que hace alusión a drogas como la cocaína y la marihuana explícitamente, relacionando al país mencionado. Esto resultó en la censura inmediata de la canción, prohibiendo su difusión en medios públicos, aunque no pudiendo impedir a la banda que la siga tocando en vivo. La banda nunca se disculpó oficialmente resguardándose en su derecho a expresarse libremente siempre y cuando sea con respeto. “La letra está inspirada en las peripecias que tuvo que atravesar el protagonista de la película Expreso de medianoche, traída irónicamente a una versión latinoamericana”, cuenta Chizzo en una nota al "Suplemento No" de Página 12. “Básicamente habla que en la lucha contra el tráfico de drogas siempre es lo mismo, agarran a los monigotes, y dejan libres a los grandes narcotraficantes”. Lo sorprendente de la acusación, es que contrastaba notablemente con lo que la banda pronunciaba como sus propios fundamentos. Desde sus comienzos, La Renga siempre mostró tener una gran conciencia social, presentándose en numerosas oportunidades gratuitamente o a beneficio de diferentes entidades, como en la conmemoración a los 20 años de vida de las Madres de Plaza de Mayo, o la participación en la “Carpa de la Dignidad Docente” reclamando por la educación Argentina, lo que hacía ver como absurda dicha acusación. Hoy por hoy, ya sin Chiflo, quien se alejó por problemas auditivos, la banda sigue vigente y rodando. Sin ir más lejos, el pasado 18 de diciembre, lanzaron su décima placa, “Algún Rayo”, la cual fue presentada el fin de semana siguiente, en el Parque Alem de Rosario. La Renga, a lo largo de su historia, supo superar su “renguera”, para poder seguir concentrándose en lo que mejor les sale: hacer Rock. © |