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Bien puesto el nombre: Cumbre de las Américas. Porque hay tres Américas diferentes cuyos objetivos geopolíticos no podrían ser comunes jamás. Una América del Norte poderosa que motoriza de forma desigual la economía planetaria (con militarización y conflictos bélicos incluídos) y parámetros de competitividad superlativos. Una América Central sembrada de pequeñas naciones pobres, exclusión social, sin industrias ni poder de negociación comercial. Otra América: la Sudamérica del Mercosur que, rica en recursos naturales y humanos, abastece al mundo de materias primas y plantea un escenario más equilibrado para comerciar sin barreras, además de deberle a su propia población una distribución de ingresos mucho más equitativa.
La IV Cumbre de las Américas Mar del Plata 2005 concluyó con un notable éxito diplomático del bloque del Mercosur, aunque la prensa en Argentina no lo haya planteado con claridad en esos términos. Quizás si la situación hubiera sido al revés, seguramente habrían señalado la capacidad de maniobra del gobierno estadounidense para avanzar con el proyecto ALCA, para “integrar” al continente en el libre comercio. Pero sabemos cómo funciona la lógica comunicacional en estos casos. Las palabras “éxito”, “logro”, “victoria” o “triunfo” sólo se asocian al accionar político anglosajón. “Sin acuerdo” titulaban en la televisión al final del encuentro de los jefes de Estado, cuando justamente es ese el aspecto que fortalece el bloque del Cono Sur, toda vez que es capaz de transparentar una posición y sostenerla en foros internacionales. La victoria del Mercosur, por sobre los objetivos del gobierno estadounidense y sus numerosos satélites centroamericanos, fue posible a partir de la intransigencia del presidente venezolano Hugo Chávez y el compromiso de los mandatarios de la región (Néstor Kirchner, Lula Da Silva, y Tabaré Vázquez) encolumnados detrás del líder bolivariano. Es que estos últimos necesitan de un Chávez para cumplir sus roles en ciertas circunstancias, un Hugo Chávez reiteradamente menospreciado por los analistas políticos. También fue importante la realización de la Cumbre de los Pueblos desarrollada casi paralelamente al encuentro de los presidentes, porque hizo notar que hay sectores sociales en Latinoamérica que no creen en las bondades del proyecto ALCA. Imagínese usted si a George W. Bush lo hubiese recibido una multitud con aplausos y ovación: el mensaje sería muy distinto para los representantes políticos locales a la hora de presentar ante la opinión pública un documento final sin resultados para Bush como lo fue el de esta IV Cumbre. Respecto del operativo de seguridad, los resultados marcan a quién se cuida y a quién se descuida en eventos de este tipo. Los comerciantes de Mar del Plata quedaron abandonados a instancias de los destrozos que hizo una protesta fuera de foco y muy poco útil a la cuestión de fondo. Hacia el final de la Cumbre, las crónicas señalaron que los países del Mercosur estaban dispuestos a no firmar el documento final. “Fue un debate como pocas veces se ha visto” dijo el presidente chileno Ricardo Lagos. Guido Braslavsky (Diario Clarín) afirmó “el continente quedó al borde de la fractura”. Ciertamente, el continente americano nació fracturado y lo seguirá estando con los niveles de exclusión que tienen países como México y sus mega-villas miserias (mientras Vicente Fox apoya el ALCA), Brasil y sus interminables favelas, Panamá (otro pro-ALCA) y su pobreza integral o Argentina y su retraso industrial que mantiene pobre, fragmentada y sin educación a la mitad de su población. Ya en la Ciudad de Buenos Aires, 48 horas antes de la Cumbre, el Encuentro Hemisférico del Sector Privado, desarrollado en el Hotel Hilton, reunió a empresarios de la industria y el comercio para escuchar a los representantes norteamericanos hablando sobre los beneficios del NAFTA para México y un análisis de lo que podrían haberle ocurrido si no firmaban el bendito tratado. Me retrotraigo a los candidatos de la elección de octubre: habría que preguntarle a Mauricio Macri si el ALCA es PRO o no. Para tener más claro quién es quién, se me ocurre. Kirchner empezó a certificar, con su accionar político en esta cumbre, todo aquello que viene mostrando desde el discurso. Ante los 34 presidentes presentes en el Salón Versalles del Hotel Hermitage declaró: “Acá estamos hablando del 75% del PBI de la región”, cuando se intentaba marcar el resultado numérico de votos pro ALCA. Como anfitrión tuvo en su poder la conducción del rumbo del plenario y sostuvo un criterio: el Mercosur por sobre cualquier otra alianza. Su postura y decisión tendrán consecuencias en las relaciones diplomáticas futuras. Pero es un gesto cuya magnitud será valorizada en el tiempo si es capaz de mantenerse firme, año tras año. Ø |