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“Algunos se preguntaban por otra parte para qué querría Kirchner poseer ese sello de goma que es la Unión de Naciones Suramericana (Unasur), habida cuenta de que a nada menos que a tres presidentes -Uribe de Colombia, Alan García de Perú y Mujica de Uruguay- no los atraía”.
El párrafo que antecede corresponde a la columna publicada por el Diario La Nación (9 de mayo de 2010), con la firma de Mariano Grondona. La ligereza del análisis y la furiosa descalificación hacia la UNASUR fue contradicha por la propia realidad en la misma semana: Infobae informó; “Tras la presión de la Unasur, España excluyó a Lobo de la cumbre Europa-América Latina. El gobierno de España decidió excluir al presidente de Honduras, Porfirio Lobo, de la VI Cumbre Unión Europea-América Latina y el Caribe (UE-ALC), ante las amenazas de gobiernos sudamericanos de no enviar a sus gobernantes para la conferencia, aseguró hoy la prensa brasileña” (5 de mayo). Diario Clarín hizo lo propio; “Por rechazo de Unasur, Lobo no irá a la cumbre con la UE” (7 de mayo). Uno podría referirse al periodista cívico militar que supo apoyar dictaduras en las décadas de 1960 y 1970, desde el lugar siempre soberbio de la descalificación. De la misma forma en que él construye su discurso, relacionando el pensamiento de Aristóteles o de Platón con el país de las cacerolas y de “La Noche de los Bastones Largos”. Uno podría hablar de su torpeza profesional, a juzgar por la evidencia del paso en falso. En verdad lo que importa aquí es revisar cuánto valor, cuánta credibilidad han perdido las palabras de los columnistas más encumbrados que durante años y años ocuparon largas horas de radio y televisión o llenaron páginas enteras de revistas y de periódicos en la Argentina. Pero, como lo hace Grondona en el diario La Nación, muchos otros columnistas que firman sus notas en medios de monopolios en toda América Latina hacen un sistemático “esfuerzo” por llevar a la UNASUR a un féretro diplomático. Un subsuelo cómodo a los intereses empresariales y corporativos cuyos dividendos suelen recalar en bancos estadounidenses o europeos. Son periodistas de buen vivir y bellos modales que jamás reconocen públicamente un gol en contra como el que cometió esa semana el doctor. Vale recordar que es el mismo doctor que durante el conflicto con la patronal del campo vio en Cristina Fernández de Kirchner un destino similar al de Isabelita y en Cobos una solución para ese “tumor” llamado Kirchnerismo, según sus propias metáforas. Siguiendo el razonamiento grondonezco y para ir más lejos respecto de la Unión Sudamericana de Naciones, habría que reconocer que el presidente de Brasil, Luis Ignacio “Lula” Da Silva, no es “el hombre más influyente del planeta” (de acuerdo a la Revista Time), ni el “político más popular de la tierra” (según Barack Obama), sino un débil e inoperante dirigente carioca que es llevado de las narices por el ex presidente Néstor Kirchner y el primer mandatario ecuatoriano Rafael Correa. Tan sólo un gesto de los presidentes de la UNASUR, advirtiendo a la Unión Europea para que Lobo no participe de la Cumbre, fue muestra suficiente de que esta Unión de Países puede ser determinante en ciertas circunstancias. Superando los sucesivos lobbys corporativos, la UNASUR se anota una primera victoria diplomática. Sin embargo, errante y falaz, el periodismo cívico militar de Grondona en La Nación jamás se da por aludido. © |