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Leyenda del Demonio del Cerro Furilamcha |
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Escrito por Oscar I. Márquez
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miércoles, 07 de diciembre de 2005 |
Esta leyenda, difundida en San Martín de los Andes, provincia de Neuquén, cuenta que la gran sierra de Chapelco está formada por otras más pequeñas, destacándose una, a la que los antiguos lugareños llamaron "Furilamcha" ("quien porta un lío" en lengua araucana; se trata de un cerro con una giba cerca de San Martín de los Andes) y que los "huincas" o cristianos llaman Cerro Negro.
Entre los demonios que moran en la cima, uno de ellos, el demonio de la montaña Trawum, se destacaba en el grupo por su carácter impetuoso y agresivo. En ese lugar los árboles parecían tan antiguos como las peñas agrietadas en cuyas hendiduras crecían, y el demonio de los arroyos agitaba el agua contra las rocas grises para dar rienda suelta a la alegría los días que estaba de buen humor. Si la ira lo atacaba, azotaba las aguas para que salieran de su cauce. El demonio de la montaña, Treawum, corría siempre por encima de los cerros y al saltar doble precipicios y abismos, la sierra retumbaba y se partían los cerros rocosos perdiendo mucho de su altura original. Un buen día, desde el cielo, fueron arrojadas a la tierra inmensas cantidades de ratas y lauchas que ocasionaron grandes daños, pues estas comenzaron a roer las raíces de los árboles. Al demonio Trawum le destruyeron los bosques de manzanos que le pertenecían y que le proporcionaban su alimento. Pero Trawum no sólo perdía el fruto tan preciado, sino también el ciprés de la cordillera y el maniú, que le servían de excelente sostén cuando los utilizaba como puentes para pasar por los precipicios. Un día, cuando el demonio de la montaña volvió a saltar por encima de las sierras sujetándose de un alto maniú, las raíces del árbol se aflojaron y él quedó suspendido sobre el oscuro vacío del abismo. La acción de los roedores fue maldecida por el demonio que deseó su muerte segura a la salida del lago Lácar, donde aún hoy día moran peleándose entre ellos y destruyéndose, de tal modo, que el lago parece hervir y se agita en ciertas partes. Quienes no conocen la leyenda y ven al lago en ese estado suelen decir: ¡El lago está enojado! Ø |