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Vacaciones, vacaciones...para evadirte mejor |
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Escrito por Walter Kaderabek
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lunes, 05 de diciembre de 2005 |
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Controlan a los turistas con deudas impositivas Lo importante no es sólo “hacer” sino que además se note que uno “está haciendo”. En política es clave aquello que el elector ve (o cree ver), para luego dar su apoyo con votos o en los compromisos civiles cotidianos. A veces la necesidad de mostrar presencia puede jugar en contra en el ánimo popular, sin modificar la cuestión de fondo de una determinada problemática. El gobierno de la Provincia de Buenos Aires realiza durante el verano 2005 una ofensiva fiscal de control de automóviles, casa y comercios, con un despliegue de fiscalizadores que apunta a los deudores morosos. Un rastrillaje que abarcará toda la temporada (hasta el 15 de marzo) y busca mejorar la capacidad recaudadora en el ámbito bonaerense. Esta iniciativa causa dolores de cabeza, principalmente a ciudadanos de poder adquisitivo medio alto y alto, que deciden descansar en la costa atlántica argentina. Pero también los que se van a Uruguay se encuentran con los controles de inspectores de Rentas en los Cruces Colón-Paysandú y Gualeguaychú-Fray Bentos. Lo mismo sucede en la terminal porteña de Buquebus en donde no son pocos los viajeros con cuentas pendientes en la provincia de Buenos Aires. Ciertamente una época del año poco felíz la que han elegido para controlar la evasión los responsables del área. Algunos especialistas explican que esta suerte de amedrentamiento público, si bien puede hacerse con los mecanismos diseñados, no tiene efectos legales. Se dice que dichas medidas intimidatorias tienden a producir en la población, efectos de índole psicológico. Pues bien, conviene pensar dos veces este tema. Nadie discute hoy que para que el desarrollo del país sea genuino y tenga un carácter sustentable, es preciso generar una conciencia de los contribuyentes con continuidad y buena disciplina en el pago de sus obligaciones. Se trata de uno de los tantos desafíos que enfrenta esta gestión (nacional y provincial) y las que vengan detrás también. Pero ¿qué hace que un ciudadano pague impuestos atentamente cada mes? El aspecto clave es la credibilidad en el funcionamiento del sistema de distribución de la recaudación y la convicción interna de que dicho dinero tiene un destino claro, transparente, que redunda en mejorar la calidad de vida de la comunidad. En Estados Unidos, Suecia, España, Finlandia o donde sea. Pero yo creo que los “intimados” no van a pagar porque sus vacaciones se vean “salpicadas” por un alerta del tipo que se diseñó para esta temporada 2005. Muy por el contrario, esto no hace otra cosa que generar más rechazo y/o indiferencia. La simplificación de trámites y la oferta de servicios es muy deficiente comparada con las altas cuentas que paga hoy el contribuyente; como si viviera con el estándar de vida de un habitante de Oslo, París, Estocolmo o Manchester. Tampoco debemos negar, la tendencia claro está, a evadir de nuestra población. Una viveza de las tantas que los criollos supimos conseguir desde la creación misma del Estado Nacional. Entre el listado de evasores vemos a una gama de ciudadanos de diversos niveles económicos y formación educativa. Pero la piedra fundamental de todo cambio lo debe dar el sector dirigencial con autodisciplina y compromiso ante su comunidad. En síntesis: cuando haya un alto nivel de credibilidad en la manera de llevar adelante gestiones de administración pública (de los dirigentes) y la redistribución de la riqueza se vea reflejada en una mejor calidad de servicios públicos, seguramente el ciudadano se comprometerá a pagar impuestos en tiempo y forma. Ø
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