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En la actualidad, los peleadores más taquilleros son los noqueadores, porque en el boxeo el momento más excitante es el nocaut. Es como el gol en el fútbol, el cuadrangular en el béisbol o el touchdown en el fútbol americano.
Hoy en día, no hay muchos peleadores que hacen honor al llamado arte de fistiana, que en boxeo significa la técnica, pegar lo más posible y recibir lo menos posible. Ahora, por lo general, los jueces premian en las puntaciones al que más ataca, aunque falle y reciba andanadas de golpes en contra. El boxeo argentino tuvo grandes peleadores que sin ser noqueadores lograron llegar a lo máximo del boxeo mundial de la mano de un gran maestro mendocino, Don Paco Bermúdez, que sabía enseñar cómo con técnica se podía vencer a peleadores de poderosa pegada. Muchos fueron grandes figuras, como Antonio Lucero “Kid Cachetada”, Luis Cirilo Gil o Nicolino Locche, quien con seguridad, peleando como a él le gustaba, sentado en la segunda soga esquivando todos los golpes que le tiraban y frustrando a los rivales (y bien apodado “El Intocable”), no hubiera ganado muchos combates en Estados Unidos. Sin dudas, la última perla que tuvo el gran maestro Paco Bermúdez fue Gustavo Ballas, quien nació en Villa María en la Provincia de Córdoba, un 10 de febrero de 1958. Ballas se fue a vivir a Mendoza, en donde de la mano de Don Paco, debutó como profesional el 1 de diciembre de 1976, noqueando a Raúl Anchango en 5 rounds. Su carrera llegó al máximo cuando ganó en Buenos Aires el título vacante de la Asociación Mundial de Box (AMB) de peso gallo frente al coreano Sok Chui Bae, por nocaut técnico en 11 rounds, perdiéndolo en su primera defensa frente al panameño Rafael Pedroza, por decisión, en 15 asaltos. Pero ¿qué pasó con Gustavo Ballas, un peleador que tenía los atributos boxísticos para brillar con luz propia en cualquier ring del mundo? Ballas tenía no sólo técnica, también tenía carisma. Su boxeo era muy depurado, pero también se la rifaba. Era valiente y no se achicaba nunca, pero llámese la vida, las circunstancias, o los perniciosos personajes que por siempre han estado en el boxeo, los que destruyen a un peleador, esos que se dicen amigos cuando se gana, pero se borran cuando tienen que demostrar que sí son realmente amigos, y que casi siempre están hermanados a los vicios... Gustavo Ballas cayó en todo eso. Y cayó tan bajo que hasta llegó a la cárcel, cuando intentó, totalmente drogado, asaltar a un taxista con un tenedor. En fin, una triste historia, que por suerte para él, es una pesadilla ya pasada, pues ahora sigue viviendo en Mendoza, tiene una familia y es un trabajador incansable en encauzar a chicos de la calle por el camino correcto. ¡Qué bueno, que así sea! Pero para nosotros, los que amamos el boxeo, nos quedó a deber, por algo que pudo haber sido fantástico, tanto para él como para el boxeo argentino. Gustavo Ballas realizó 120 peleas profesionales, de las cuales ganó 105, perdió 9, empató 6 y ganó 31 por la vía rápida. Un gancho y nos vemos en la próxima de NOCAUT..© |