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Los personajes varoniles que acompañan a don Quijote y Sancho Panza: El Refrán 24° parte Imprimir E-Mail
Escrito por Miguel Eduardo Garriga   
lunes, 05 de diciembre de 2005
Con gran maestría dibuja Cervantes los personajes varoniles de la obra Don Quijote de la Mancha, algunos admirablemente conseguidos, pero que a diferencia de los personajes mujeriles no dirán tantos refranes. Claro que con lo que dicen las mujeres, Don Quijote y Sancho Panza, basta y sobra.
Muchos son los varones que aparecen en la obra. Encontraremos en ella cuatro venteros de los que haremos trato especial en otra nota. Muchos labradores (entre ellos Pedro Alonso), miembros de la Iglesia (el cura), el licenciado Pedro Pérez, que junto al barbero Maese Nicolás se ocuparán de quemar los libros que enloquecieron a Don Quijote; dos frailes de la orden de San Benito; miembros de la Santa Hermandad y el canónico de Toledo.
Entre los cabreros encontraremos a Antonio Pedro; al estudiante Crisóstomo en el cuento de la pastora Marcela; al señor Vivaldo, a un caminante; a Ambrosio; a los yangueses o sea los naturales de Yanguas y veinte encamisados.
Aparece luego un personaje importante: el Bachiller o Licenciado Sansón Carrasco, cuyos refranes son: “Nunca segundas partes fueron buenas” refiriéndose a la segunda parte del Don Quijote y “Los oficios mudan las costumbres” en lo que atañía al deseo de Sancho Panza de gobernar ínsulas. Más tarde aparecen los galeotes, liberados por Don Quijote y Sancho Panza y los guardas. Al decir Don Quijote que ha oído “Quien canta sus males, espanta” uno de ellos contesta “Aquí es al revés” “Quien canta una vez, llora toda la vida”.
Siguen un comisario: Ginés de Pasamonte y el caballero de la sierra o del bosque y su escudero. Del caballero son los siguientes refranes: “La codicia rompe el saco” y “cuidados ajenos matan al asno”; y en la novela “el curioso impertinente” a Lotario y a Anselmo.
Con Don Fernando y el cautivo encontramos tres refranes expresados por el último: “Iglesia o mar o casa real”, que significa que quien quisiere valer y ser rico, siga a la Iglesia, o navegue ejercitando el arte de la mercancía, o entre a servir a los reyes en sus casas. “Más vale migaja de rey que merced de señor” y “Aunque la traición se aplace, el traidor se aborrece”.
Aparecen en otros capítulos un oidor, los cuadrilleros y un cabrero que dirá. “No hay candado, guardas ni cerraduras que mejor guarden a una doncella que los del recato propio”, refiriéndose a la hija de un labrador cuya belleza era mencionada en todas partes.
Con el hidalgo se nos enseñará que “Letras sin virtud, son perlas en el muladar” y “La valentía que se entra en la jurisdicción de la temeridad, más tiene de locura que de fortaleza”.
Gran personaje es el leonero al cual le dedicaremos un trato muy especial. Deben mencionarse también a Don Diego de Miranda; a Don Lorenzo con su “No hay regalo sin excepción”; a un estudiante; a Camacho; a Basilio; y dos compadres que uno de los cuales dice “Si bien canta el abad, no le va en zaga el bonacillo”
Montesino declarará “Las grandes hazañas para los grandes hombres están guardadas” en coloquio con el caballero Duirandarte.
El titiritero Maese Pedro que afirma “No se puede salvar quien toma lo ajeno contra la voluntad de su dueño y no lo devuelve”
Con el duque aprendemos que “No pueden las tinieblas de la malicia ni la de la ignorancia encubrir y oscurecer la luz del valor y de la virtud”.
Tenemos además un mayordomo; dos ancianos; un ganadero rico; el Médico Pedro Recio de Agüero que menciona un refrán en latín que utilizaremos al final del presente artículo; un secretario; un correo; un paje; un maestresala; a varios cuchilleros; un escribano; un tejedor; un forastero; un mensajero; el peregrino Ricote; el lacayo Tosilo y lanceros.
Ya cerca del final aparece Don Juan, que afirma “No hay libro tan malo, que no tenga alguna cosa buena”. Roque Guinart y escuderos, quien establece “El abad de lo que canta, yanta” salteadores; Antonio Moreno; un general; un arraez y el virrey.
Aparece también el caballero de la Blanca Luna, que luego se descubre que es el Bachiller Sansón Carrasco.
Y por último Minos; Radamante; Alvaro Tarfe y un médico.
Si los personajes mujeriles formalizan la ideal figura de Dulcinea del Toboso; los varoniles enmarcan a las dos más graciosas figuras que dio vida el genio de Cervantes: Don Quijote y Sancho Panza, que como bien se ha dicho, al igual que el Rey Lear, Segismundo y Edipo, son inmortales creaciones sin nacionalidad determinada, sino del mundo entero; símbolos que no envejecerán pues cuanto más nos alejamos de ellos, más fuertes y colosales se nos vuelven a aparecer.
Principio de la novela moderna, Don Quijote es un recreo y al mismo tiempo temática para meditar, con refranes como ahora les regalamos, el dirigido por el médico Pedro Recio de Agüero a Sancho Panza: “Ovnis saturatio mala, perdicis autem pésima”. Ø
 
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