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No es noticia que estamos atravesando la peor crisis económica que ha vivido Estados Unidos. En momentos como estos, es que necesitamos rever nuestra situación financiera, el presupuesto familiar, los gastos fijos de los negocios y las posibles soluciones para sobrellevar de la mejor manera una etapa que afecta a todos los individuos y empresas del país.
Uno de los detonadores de la catástrofe económica que está sufriendo la nación fue el gran negocio de ventas de casas y departamentos. Sin regulaciones ni controles del Gobierno, los bancos y sus representantes otorgaron préstamos irresponsablemente sin determinar su viabilidad de cobranza. Está claro que todo fue un engaño que generó grandes ganancias para los ejecutivos, gerentes y representantes de bancos y financieras, para los agentes y empresas inmobiliarias, para los especuladores financieros y sus agentes, para las aseguradoras y sus vendedores, etc. A su vez, al incrementarse vertiginosamente el valor de las propiedades, se creó una fiebre de “comprar” propiedades que generó mayor engaño y más ambición por los ventajistas. Mientras tanto, el gobierno se vio beneficiado en la recepción de impuestos relacionados con las transacciones y recaudación del impuesto a las ganancias, el incremento en el impuesto a la propiedad, etc. Ni privados ni el Estado asumieron o asumen su responsabilidad. Aunque los bancos marchen al Congreso pidiendo ayuda y subsidios, es claro que los mayores perjudicados fueron los individuos que gastaron sus ahorros “de toda la vida” en la entrega para una casa y los que dejan su vida en dos o tres trabajos para poder pagar la cuota del crédito hipotecario, que muy posiblemente es mayor que el valor de la propiedad que están comprando. Para peor, el desempleo aumentó y aun con buenas intenciones, muchas personas se encuentran adeudadas y enfrentándose a procesos de remate. La perspectiva no mejora cuando esas personas pretenden, sin ahorros y con mal crédito, buscar una nueva vivienda para alquilar. Sin embargo, algunas soluciones aparecen para los consumidores. El gobierno es consciente, y así lo ha manifestado, que si el mercado inmobiliario no se estabiliza, la economía seguirá declinando. Por una parte, les otorga ayuda monetaria (“bail out”) a las entidades financieras. Por la otra, el Estado está requiriendo a los bancos que ofrezcan cierta flexibilidad para modificar condiciones leoninas o altos intereses en los préstamos hipotecarios. Frente a las presiones gubernamentales y la baja expectativa de recobrar el dinero prestado, los consumidores encuentran condiciones únicas para reclamar una modificación de sus hipotecas y líneas de crédito. Por otra parte, las leyes que modificaron y restringieron la habilidad de los individuos de presentarse en concurso y bancarrota, hoy perdieron fuerza. Los consumidores están asfixiados y la economía no mejorará si ellos no salen de sus deudas y recobran su capacidad adquisitiva. Todo un nuevo espectro de posibilidades se abre para los dueños de propiedades que compraron o refinanciaron en los últimos cinco años. Dependiendo de cada caso particular, se puede obtener una suspensión de intereses o pagos mensuales, suspensión de remate, reducción de intereses, cambio de interés variable a fijo, e inclusive reducción del monto total adeudado. En determinadas situaciones, se puede hacer combinado con un concurso (Capítulo 13) o bancarrota (Capítulo 7) para establecer planes de pagos o eliminar deudas de tarjetas de crédito, préstamos, y otras deudas. Siendo que en algunos casos hubo defraudación o graves violaciones a las leyes de préstamo hipotecarios, también es posible demandar a los bancos y renegociar el préstamo. Como es de esperar, aquellos que ágilmente tomaron provecho de las familias interesadas en comprar inmuebles años atrás, hoy han lanzado su nuevo esquema de “modificación de hipotecas”. En un área donde no hay regulaciones ni entidades que supervisen eficientemente la mala práctica de los agentes, muchos consumidores vuelven a caer en las manos de personas y entidades inescrupulosas que los engañaron con el préstamo hipotecario que hoy los oprime. No existe substituto para el trabajo personal que cada individuo debe hacer en evaluar sus alternativas para enfrentar la crisis y los profesionales que lo ayudarán con los consejos correctos. Aunque el país se encuentre en recesión y no se aviste una solución cercana, Estados Unidos superará la crisis y crecerá. Lo fundamental es tomar los pasos necesarios para superar esta etapa y de esa manera encontrarse preparado para surgir exitosamente cuando la economía se recupere. © |