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El 2008 es un año importantísimo para el cine argentino. Eso se vio en Cannes y en Toronto y ahora podemos afirmarlo aquí en Los Angeles, donde la producción cinematográfica nacional ha sido valorada en Hollywood a punto tal que el American Film Institute, en el marco del AFI Fest, ha organizado una muestra totalmente dedicada al cine argentino, en el que se presentan nueve de las mejores películas argentinas del año (ver columna de cine). Tener un lugar así en el AFI Fest, que es esencialmente para el público americano y que es un gran festival totalmente internacional, representa un logro para la industria cinematográfica argentina, así como para los entes que promueven su difusión y por supuesto, para los talentos de los cineastas.
Según nos comenta el Cónsul Fernando Brun, la idea original del Argentina New Cinema nace en el seno del Consulado Argentino allá por el año 2000, ‘por el simple hecho de que en la capital mundial del cine no había presencia del cine nacional’. Y eso se daba por el mito de que el mercado era difícil, una especie de autodiscriminación que por muchos años no nos permitió entender que no teníamos que venir a competir o a compararnos con Hollywood, sino que teníamos que venir a mostrar nuestro estilo cinematográfico, nuestro arte. Quizás nos costaba entender que el objetivo no tenía que ser vender nuestro cine, sino exponerlo, y que con el tiempo se apreciaría y se vendería solito. Algo que poco a poco se ha ido dando. Es así que gracias a la visión del Cónsul General de entonces, Luis María Kreckler, y el trabajo de un puñado de personas que pusieron todo para lograrlo, el Consulado, junto a Cancillería y con la colaboración del INCAA, comienza a trabajar en el primer ANC 2001, y de allí en adelante no se paró más. Esta idea coincide además con el resurgimiento del cine argentino en la década del ’90, que se manifiesta en una efervescencia cultural, política y social que el cine toma como propia y que termina definiendo una identidad cinematográfica única y valiosa. Ese tipo de sello que permite identificar una película argentina, así como antes podíamos perfectamente identificar el cine italiano o el cine francés. La actual administración consular, con el Cónsul General de la República Argentina, Embajador Jorge Lapsenson, conserva la misma visión y la misma fuerza de acción. Hoy por hoy, la titánica tarea de llevar a cabo año a año el ANC esta básicamente en manos de dos cónsules pertenecientes a la actual administración del Consulado Argentino: Fernando Brun y Fernanda Baserga. Ellos toman a su cargo desde la búsqueda de patrocinadores, la programación y la logística general del evento, hasta cada uno de los mínimos detalles. Fernando Brun nos aclara que sin la colaboración de los sponsors y de los medios de comunicación que llegan al público argentino residente en Los Angeles, el festival no podría realizarse, ya que sin público en las butacas, no existe festival. Y que ese precisamente es el éxito alcanzado: tener año a año las 700 butacas del Teatro Egipcio totalmente vendidas. Brun afirma que el papel del INCAA en la producción cinematográfica ha sido y es vital para el desarrollo de la industria y especialmente de los talentos. Según el Consulado Argentino, prácticamente la totalidad de las producciones nacionales son posibles gracias a una política muy prolífica de subsidios por parte del Instituto, que provee un apoyo importante a todos los nuevos directores que surgen de las universidades argentinas de cine, y que después va apoyando en menor medida a los directores que sobresalen, como Burman, Trapero o Campanella, por nombrar a sólo unos pocos. Para un director, la producción de una ópera prima sería prácticamente imposible si no participara el INCAA, que apoya hasta los cortos categorizados como ‘cine arte’ y no necesariamente al ‘cine entretenimiento’, que es el que dota de fondos al instituto, ya que $2 de los $7 que paga el espectador en Argentina son precisamente para que el INCAA provea apoyo a nuevas producciones. Volviendo al tema netamente artístico, hablamos de los obstáculos con los se encuentra el cineasta en la actualidad, que seguramente son muchos. Sin embargo, esa misma situación sumada a una fuerte convicción, forma cineastas que desarrollan la capacidad de optimización de los recursos escasos. “Eso deriva en un director generalista, que no está sólo en el detalle de la dirección en particular -que por cierto no descuida- sino que implica un conocimiento de todos los aspectos que hacen a la producción cinematográfica”. Ese esfuerzo y sobreponerse a esos obstáculos es lo que hace que para los directores argentinos la película sea su bebé, suya, producto del trabajo propio y de su equipo, a diferencia de la producción hollywoodense para la cual el director es simplemente una pieza más del gran negocio. Hoy por hoy, tenemos no sólo películas galardonadas año tras año, sino también cineastas que son convocados para dirigir en Hollywood. Pero curiosamente, a diferencia de otras industrias en las que la cacería de talentos hace que desaparezcan del país para siempre, esa magia que tiene nuestro país de permitir a los directores producir su película, hace que vuelvan a casa y sigan produciendo allí. Por otro lado, además, la industria cinematográfica nacional en términos de servicios afines como la postproducción, sonido, subtitulado, doblaje, y sobre todo alquiler de equipamiento y locaciones, se ha desarrollado como nunca antes en los últimos años, a pesar de los vaivenes económicos de nuestro país. Es como una ‘isla’ en medio del resto de las industrias nacionales. El Cónsul lo explica así: “En Argentina, el sector cinematográfico es uno de los más internacionalizados. Eso tiene un valor altísimo. Eso ha hecho que ese sector haya decidido hacer inversiones constantes en equipamiento, tanto que hoy los equipos que se utilizan en Argentina son de la misma generación de los que se utilizan acá, y permite que la Argentina se haya convertido en un polo de desarrollo cinematográfico en la distancia. Además, hay otra diferencia importante: en nuestro país no hay organizaciones gremiales con la misma fortaleza que las ‘Unions’ aquí. Pero lo que más sorprende es que hoy un productor de Hollywood tenga que esperar alrededor de seis a nueve meses para ir a desarrollar su proyecto a Argentina”. Le preguntamos a Brun si la ANC es un festival, tal como se lo presenta, o es más bien una muestra. “Si bien técnicamente es una muestra”, dice Brun, “preferimos llamarlo festival por el concepto de ‘fiesta’. Porque la comunidad argentina lo considera un regalo anual, la posibilidad de identificarse con nuestras cosas sin tener que viajar. Lo podemos ver aquí mismo, en Hollywood”. Para la información completa sobre Argentine New Cinema 2008, lea la columna de Cine Argentino en esta misma edición de El Suplemento. © |