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Glorias del Deporte Argentino: Gabriel Omar Batistuta Imprimir E-Mail
miércoles, 01 de octubre de 2008

Gabriel Omar Batistuta
Gabriel Omar Batistuta nació el 1° de febrero de 1969. Fue en su tierra natal, Reconquista, donde comenzó a forjar ese idilio con el arco rival, esa simbiosis entre el arquero abatido y su grito de gol.

Allí en la ciudad santafesina, empezó a dar sus primeros pasos en busca de la gloria, una gloria que demoró un poco en llegar, pero que después no lo abandonó jamás.
“Batigol”, como lo bautizó el periodista Víctor Hugo Morales, fue un gran goleador y un caballero al que de manera directa, en todo el mundo se lo relaciona con la savia, la esencia misma, la razón de ser del fútbol: el gol. Un verdadero acierto, porque este muchacho rubión, de cabellera larga pero prolija, es el máximo artillero de la rica historia de nuestra Selección.
Conocedor del área como pocos, dotado de un olfato y una potencia poco común, se convirtió en auténtico “rompe-redes”, lo que le valió en el mundo entero una justa fama de implacable y temible delantero.
No sólo es el máximo goleador de la Selección Nacional, sino que también es el argentino que más tantos anotó en los Campeonatos Mundiales: 10. Un sello. Una marca de calidad. Un grande en todo el sentido de la palabra.
“Bati” debutó en Primera División en 1988 defendiendo la camiseta de Newell’s Old Boys de Rosario. Un año más tarde pasó a River Plate, institución en donde no pudo explotar su capacidad goleadora. Pero el fútbol ya le estaba haciendo su guiño cómplice: en 1990 fue contratado por el archirrival, Boca Juniors. En la Ribera todo fue distinto: se consagró como goleador, se recibió de ídolo y saltó a la Selección. Vertiginoso, como sus carreras, que casi de manera invariable acababan derrotando a impotentes arqueros.
Sus primeros pasos con la Celeste y Blanca fueron brillantes: consiguió la Copa América de 1991 y fue galardonado con el Balón de Oro como el mejor jugador del certamen. Dos años más tarde obtendría nuevamente este título.
Luego, con el número 9 sobre su espalda, representó a la Argentina en 3 mundiales: Estados Unidos 1994, Francia 1998 y Corea-Japón 2002.
En 1993, como no podía ser de otra manera, con su gol (1-0 ante Australia en River Plate) clasificó a la Argentina para la Copa del Mundo. Tres años después, en un enfrentamiento por Eliminatorias frente a Paraguay anotó un gol clave en su carrera: derrotó a José Luis Chilavert con un tiro libre y se transformó en el máximo anotador en la historia de la Selección Argentina, al superar la marca que tenía hasta ese momento el más grande: Diego Armando Maradona.
La excelente performance en el torneo continental disputado en Chile en 1991, hizo que los goles de Batistuta cruzaran el Atlántico y desembarcaran en el Viejo Continente.
En ese año se incorporó a la Fiorentina de Italia. La primera temporada fue agridulce para “Bati”, pues pese a sus goles, el club perdió la categoría. Empero, la revancha llegó rápido: un año más tarde, el conjunto de Florencia, de la mano de sus conquistas, volvió a la Primera División. Fiel a su costumbre goleadora, continuó perforando redes en Italia y muy rápido se convirtió en uno de los delanteros más codiciados del planeta.
Su carrera en el fútbol italiano siempre estuvo signada por el éxito.
En 2000, después de 9 años, dejó la Fiorentina: mediante el desembolso de una fortuna lo incorporó la Roma. De inmediato ratificó su condición de guerrero, marcó 20 goles y llevó a su nuevo equipo al scudetto, tras 9 temporadas de larga y penosa espera. Luego tuvo un breve paso por el Inter de Milán, para finalmente llegar a un fútbol menos competitivo como el de Qatar, donde siguió convirtiendo (26 goles en 23 partidos) y mostrando que su potencia y su olfato seguían intactos. Fue allí donde le puso fin a una carrera colmada de satisfacciones. El 13 de marzo del 2005, por propia decisión, a los 36 años, y luego de marcar 352 goles en su carrera, Batistuta decidió dejar la práctica del fútbol profesional.
En ese entonces, confesó: “Lo que más triste me pone es no volver a escuchar el Himno Nacional en un estadio. No volver a cantarlo desde adentro de la cancha. Eso es algo de lo que aún no me puedo reponer. Ni siquiera desde que tomé la decisión de dejar la Selección”.
A Batistuta se lo recordará por su potencia, por sus mortíferos remates, por su despliegue, por su manifiesto y perenne amor por la Celeste y Blanca y por esa perfecta sociedad que desde siempre se generó entre él y la red. .©

 
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