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El Papa Juan Pablo II Imprimir E-Mail
Escrito por Gladis Clavel Jameson Moreno   
martes, 29 de noviembre de 2005
¿Abdicará o completará su misión?
A sus 84 años, el Papa Juan Pablo II es una figura espiritual de poder y liderazgo mundial, dotado de sabiduría humanista, bondad natural y magnetismo cosmopolita.
Es un líder espiritual tan prominente, que cuando él habla, el mundo lo escucha. Actualmente su salud y su frágil imagen física es un tema que preocupa a los 1.000 millones de católicos en el mundo, y particularmente a los prelados del Vaticano, quienes informaron que debido a la gravedad de su última hospitalización -de nueve días, debido a la inflamación de la tráquea que bloqueó las vías respiratorias- ha comenzado un delicado debate sobre “la inminente posibilidad de un retiro voluntario”
El deterioro físico paulatino de la salud del Papa no sólo está afectando a los feligreses a nivel emocional, sino que además podría debilitar su imagen, esa que se destacó por reafirmar el principio de la vida durante su recorrido por el mundo, llevando siempre el mensaje de Jesucristo de Paz, Amor y Esperanza.
Mientras el Vaticano ha enfatizado que “a pesar de su enfermedad, el Santo Padre aún es el líder de nuestra Iglesia”, el cardenal italiano Giovanni Battista Re expresó que “hablar de un retiro es inadecuado”. Por su parte, el cardenal de Francia, Jean Marie Lustiger, cree que el Papa “debe hacer la voluntad de Dios para cumplir con su misión”, mientras que el cardenal Angelo Solano -un prominente prelado en el Vaticano- dice que “la decisión final está en la conciencia del Papa Juan Pablo II guiada por el Espíritu Santo, su gran sabiduría y su gran amor a la Iglesia Católica Apostólica Romana”.
Todo parece indicar la presencia latente de dos tendencias opuestas:
Status Quo, la que preserva la tradición y las estructuras y la que aguarda a que el Pontífice complete su misión papal y alcance “el final natural”.
Y la pragmática la que analiza la realidad y mide su impacto en el futuro de la Iglesia.
La historia de la Iglesia ha documentado que muchos años han pasado desde que un Papa tuvo que renunciar por su voluntad. El Código del Derecho Canónico permite que un Papa abdique y aunque su formulación legal es complicada, establece que el pontífice debe tomar la decisión por sí mismo, libremente, bajo el uso racional de sus facultades mentales y con la presencia de un testigo. No obstante, esta legislación no especifica incapacitación física alguna y ésta es precisamente la que aflige al Papa Juan Pablo II en la actualidad -ya que su capacidad física está afectada por una enfermedad neurológica progresiva (Parkinson), además de artritis.
La energía que delineó su Papado parece estar languideciendo. Las actividades del Papa Viajero o Papa Peregrino -como se le conoce en Latinoamérica por sus constantes viajes- han disminuido notablemente, ya que un solo viaje está programado para este año. Además, hoy en día, el Papa firma muy pocos documentos y raramente completa la lectura de sus homilías. Por otra parte, ya ha delegado muchas funciones a sus prelados asistentes. Los feligreses han captado que su voz es tenue y sin modulaciones, y no pasó desapercibido que cuando dio su última bendición a los feligreses congregados en la plaza de San Pedro desde el hospital romano Gemelli, un asistente le sostuvo la hoja para que él leyese las palabras de la bendición en latín, las mismas que el Pontífice ha estado pronunciando cientos de veces al año.
La presencia frágil del Papa Juan Pablo II es el ícono del sufrimiento humano; su imagen nos remite al proceso de la vida con sus limitaciones, deterioros y dolencias.
Por su parte, el Papa Juan Pablo II ha reafirmado que “él representa la voluntad de Dios en la Tierra y que su vocación no está sujeta a una cuestión de tener que renunciar” Además, cree que si abdica se produciría una escisión (cisma) en su feligresía.
En 1415 el Papa Gregorio XII fue obligado a renunciar para terminar con el divisionismo creado por la existencia de otro Papa (rival).
El cristianismo se ha ido cimentando y fortaleciendo a través de los siglos. En este contexto histórico, la salud de la humanidad ha estado condicionada al avance de la ciencia y la medicina. El despegue tecnológico y la medicina moderna de los últimos cincuenta años han incrementado la expectativa de vida notablemente.
La longevidad del Papa Juan Pablo II nos lleva a pensar que el carácter “vitalicio” para la función pontificia debería modificarse, establecer períodos limitados de mandato y estar a tono con las leyes laborales actuales, ya que todo ser humano que haya trabajado toda su vida merece un descanso al transitar la última fase de su existencia. Los obispos pueden jubilarse a los 75 años y los cardenales a los 80. El papado de Juan Pablo II es el tercero más largo en los anales de la historia pontificia.
El cardenal Angelo Sodano, secretario de estado del Vaticano, considera que la renuncia del Santo Padre es una posibilidad.
Quién sería el sucesor de Juan Pablo II -al elegir a un Papa de transición- es un tema que concierne específicamente al Colegio de Cardenales del Vaticano. Este cuerpo cuenta con 119 miembros votantes, quienes serían convocados en la tradicional Capilla Sixtina, de Roma. La elección del Papa Juan Pablo II -oriundo de Polonia- respondió a una necesidad de la época para terminar con la opresión del comunismo en Europa. Actualmente, esa misma necesidad se ha manifestado en Sudamérica y Africa (en donde el catolicismo y el evangelismo protestante son mayoría) en donde existe una polarización social con características paralelas pero con otros matices. Es allí donde el catolicismo tiene que revitalizarse.
Durante esta estación penitencial de Cuaresma, el Papa Juan Pablo II seguramente meditará sobre el impacto de su salud en el desempeño de sus funciones eclesiásticas tras veintisiete años como Pontífice.
La fortaleza espiritual del Papa es tan grande que sublima sus limitaciones físicas, y su férrea voluntad parece estar proclamando su determinación de seguir siendo la autoridad máxima de la Iglesia Católica hasta el final.
La feligresía cree que el Papa Juan Pablo II responde plenamente al mandato de Dios, a su plena fe y al bienestar de la Iglesia.
Continuar o abdicar es un acto de conciencia que concierne exclusivamente a Juan Pablo II. Θ
 
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