|
Ha existido a lo largo de toda la historia de la humanidad. Actualmente los expertos analizan hechos violentos y sus protagonistas con la perspectiva de poder controlarlos. Para prevenir los hechos de violencia, entre otras muchas cosas, es necesario atender los procesos evolutivos de una persona desde su nacimiento. Más aun, revisar qué clase de familia y sociedad estamos construyendo.
¿Cómo cuidamos de nuestra salud mental para dar un marco adecuado al aprendizaje y práctica de comportamientos saludables en nuestros hijos? Hay un instinto de vida (Eros) y un instinto de muerte (Tánatos) que bien estudió Freud, el padre del Psicoanálisis, quien observó que son inherentes al ser humano. Conviven junto a los instintos de altruismo, generosidad, amor, los opuestos que llevan al odio, al rechazo, y a la destrucción, tanto del otro como la propia. Familia y Violencia La vida en sociedad hace que estos instintos de amor y de odio, de vida y muerte, aparezcan y se desarrollen. Se aprende casi todo dentro de un ámbito reducido desde el principio de la vida: la familia. El vínculo tan estrecho con los padres y la manera de relacionarse con ellos, define hacia dónde se van encaminando las conductas. Los niños son esponjas que incorporan actitudes y modelos de cómo vincularse, solucionar conflictos, expresarse, de interactuar con los demás, de construir la autoestima, y mucho más… Lo que se logra con la permanente atención al crío, es ir modelando los comportamientos, preparándolo para que cuando salga al mundo exterior sus relaciones sociales sean de la mejor calidad, tanto para él como para los demás. La contraparte es la desatención, que es una forma encubierta de violencia: produce efectos negativos que se traducirán dentro o fuera del hogar. ¿Qué pasa en la escuela? El maltrato infantil, producto de diversas variables, es a su vez generador de violencia en los niños y jóvenes. Esa violencia puede volverse hacia sí mismo y llevar a una depresión o a conductas autodestructivas (alcohol, drogas) o “actuarla” en el medio social en que se vinculan con sus pares. Los primeros contactos con sus iguales en la vida escolar harán que rápidamente aparezcan las formas de relacionarse incorporadas, aprendidas en casa. Estas son etapas muy delicadas. Hay aprendizajes que se producen a gran velocidad e impactan muy profundo en el futuro del niño. La mirada atenta de un maestro o un especialista podrá vislumbrar cualquier signo preocupante. Tanto el agresivo como el sumiso dan muestras de su naturaleza desde temprano. En casi todas las etapas de la vida escolar aparece el violento y la víctima. Las herramientas para combatir este desequilibrio no siempre se tienen a mano. Hay que consultar con los que saben… Las víctimas dan señales de que están viviendo un drama; a través del ya instalado diálogo, unos padres entrenados en comunicarse se enterarán de los hechos. De lo contrario, el sumiso vivirá en soledad sus penurias. Cuando aparecen noticias de niños que con siete u ocho años matan a un pequeño de dos, no lo podemos creer. Esto ha sucedido recientemente en Europa, pero no es privativo de una sociedad o grupo definido. Ejemplos de violencia o acoso entre niños hay en todo el mundo. La violencia también se aprende. La violencia en la escuela: bullying Es un tipo de violencia que a menudo sólo se manifiesta bajo la superficie de las relaciones observables en la escuela, oculta casi siempre para los adultos, pero bien conocida por el alumnado. Por eso es un tipo de violencia difícil de identificar y de diagnosticar en cuanto a su grado de gravedad, y por tanto también de eliminar. Las familias y alumnos afectados por situaciones de acoso escolar disponen del asesoramiento psicológico y legal necesario para poner fin a estas situaciones. Si alguien está sufriendo algún tipo de acoso en el colegio por parte de los compañeros, si hay sospechas de que un niño está siendo víctima de acoso escolar, hay que actuar, contarlo y buscar ayuda. El noruego Dan Olweus es uno de los primeros en estudiar el fenómeno de la victimización en el entorno escolar, que denomina Bullying. Lo define como una conducta de persecución física y/o psicológica que realiza un/a alumno/a contra otro/a al que elige como víctima de repetidos ataques. Esta acción, negativa e intencionada, sitúa a la víctima en una posición de la que difícilmente puede salir por sus propios medios. La continuidad de estas relaciones provoca en las víctimas efectos claramente negativos: descenso de la autoestima, estados de ansiedad e incluso cuadros depresivos, lo que dificulta su integración en el medio escolar y el desarrollo normal de los aprendizajes (Olweus, 1983). Ya sea por vía telefónica o a través del correo electrónico, cada vez son más numerosos los servicios que atienden y apoyan a los alumnos, familias y miembros de la comunidad educativa que sufren o son testigos de situaciones de acoso dentro de las aulas. Un simple contacto con estos servicios puede proporcionar a las víctimas ayuda para erradicar estas situaciones. Los padres deben estar alertas y tomar medidas ante cualquier sospecha de que su niño esté siendo víctima de sus compañeros. © |