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Parece raro mencionar en un solo artículo a tres grupos diferentes, sobre todo porque dos de ellos se dedican a alimentarnos espiritualmente, mientras que el tercero alimenta a nuestros cuerpos con el arte culinario.
El Café Buenos Aires se inauguró en la ciudad de Santa Barbara con la misión de ser una auténtico representante de la gastronomía porteña. Cinco años después, sus dueños, Wally y Silvia Ronchietto, compraron una propiedad situada frente al teatro Arlington, uno de los lugares más importantes de Santa Barbara, y allí construyeron un edificio colonial que fue inaugurado el 9 de julio de 1997, que remplazó al antiguo local. Antes de abrir la puerta, antes de que tus sentidos del olfato y del oído te den vuelta la cabeza con una mezcla de aromas y notas sublimes, ya el sentido visual te ha transportado a otro tiempo y otro espacio. Esa fachada, con el Escudo argentino arriba, esculpido por Wally, te hace bullir en el cerebro esa palabra que describe una virtud que muchos persiguen y pocos tienen: clase. Este lugar tiene clase. No quiero hablar mucho de la comida, porque este es un artículo sobre arte, aunque en el Café Buenos Aires, la comida es un arte. Antes de que puedas recuperarte de las primeras sorpresas, un sonido preciso, refinado y armónico te empieza a rodear como una nube. Es casi sinfónico, hasta que te das cuenta que es un tango. Escuchándolo, comprendés por qué el tango llegó al Colón y a la Scala de Milán. Tocan como los dioses. La orquesta está encabezada por Roberto Cardozo, bandoneón conductor, nativo de Uruguay. Por un tiempo, el bandoneón del Ensamble fue Alejandro Scarpino, hijo del creador de “Canaro en París”, pero cuando éste tuvo que dejar su puesto por razones de salud, Wally salió a buscar a alguien con pies bastante grandes para llenar esos zapatos. Profesional a los 16 años, Cardozo tocó con la orquesta de Mario Rubinztein, de Walter Méndez y la orquesta Antonio Cerviño. Además de haber sido elegido para tocar en Argentina y Brasil por el maestro Donato Racciatti, fue seleccionado para tocar en Alemania durante la Copa Mundial de 1974. En 1999 fue contratado para tocar en Suecia con el cantor Raúl Cancela y el Trío Uruguayo, cosa que hizo hasta el 2003, cuando volvió a su tierra. Allí fue primer bandoneón en la Orquesta Filarmónica de Montevideo. Los siguientes tres miembros del cuarteto son nacidos en California, lo que hace más admirable el sonido argentino que sale de sus mandos. No sé si pensar que estoy con porteños o que el tango es ese milagro musical que en más de un siglo ha dado la vuelta al mundo un millón de veces y cada día pisa más fuerte. Un poco de los dos. Laura Hackstein, violín, comenzó sus estudios a los 4 años, estudiando con los mejores maestros. Hace cinco años comenzó con el tango, después de escuchar algunos viejos discos. Laura viajó varias veces a Argentina tratando de absorber lo que es el tango. El violín es tal vez el instrumento más difícil de ejecutar, toda la técnica y toda la digitación no impide que tres personas diferentes tengan un sonido diferente en la misma nota. Brendan Stanton ha tocado el contrabajo toda su vida. Graduado en la Universidad de Northridge y doctorado en la Universidad de Santa Barbara, después de pasar por varios estilos musicales, Brandon quedó enganchado con el tango. Hoy, además de tocar en Ensamble, es instrumentista de la Sinfónica de Santa Barbara, de la de Santa Maria y de la Lompoc Pops Orchestra. Erin Bonski, la pianista del grupo, se graduó en la Universidad de Santa Bárbara con un doctorado en música y es ganadora de numerosos premios nacionales e internacionales, incluyendo el primer premio en la competición Franz Liszt. Además fue votada como la favorita de la audiencia, consiguiendo el 2do. Premio Oficial en la competición internacional de Bélgica. ¿Qué les parece? Lo que como tanguero me pone los pelos de punta, es lo que pueden llegar a ser estos jóvenes “gringos” apasionados del tango. Y para usted, amigo lector, si de vez en cuando sale a comer con la familia, maneje un poquito más, anímese un miércoles hasta el Café Buenos Aires. Le garantizo que no va a ser un paseo más, sino toda una noche de tango como pocas.© |